Adalberto Álvarez

Música, Cuba

Adalberto Álvarez (Adalberto Cecilio Álvarez Zayas, 1948). Compositor, arreglista, fagotista, cantante, pianista y director de orquesta cubano.

Adalberto Álvarez nació el 22 de noviembre de 1948 en La Habana, de manera accidental, pues su ciudad de origen es Camagüey. Hijo de Rosa Margarita Zayas y Enrique Fortunato Álvarez (Nené), conoció en el hogar un ambiente musical desde su nacimiento. Con su madre aprendió a cantar la segunda voz, típica de la trova cubana, y con su padre, cultor de la música tradicional, algunas habilidades para la dirección de orquestas.

En 1957 integró el Conjunto Avance Juvenil -formación que dirigía su padre en Camagüey- como ejecutante de la paila. Al paso del tiempo llegaría a ser arreglista y director de la agrupación.

En 1961 se incorporó a la Campaña de Alfabetización y, al concluir un año más tarde aquella experiencia, matriculó en el Instituto Tecnológico de Aeronáutica Civil con el propósito de ser piloto. Pero su interés por la aeronáutica duró poco, y en el año 1962 abandonó el centro y retornó a sus estudios de Secundaria Básica.

Sus intereses musicales lo llevaron a vincularse, en 1963, a una agrupación vocal formada en la Ciudad Escolar Ciro Redondo, que interpretaba el repertorio de la Orquesta Aragón. Entre 1964 y 1965 figuró como cantante de un grupo de aficionados nombrado Combo Caribe.

Gracias a la colaboración que le brindó la prestigiosa pianista y profesora Alicia Perea, matriculó en 1966 en la Escuela Nacional de Arte (ENA), para cursar la especialidad de fagot. Allí, entre 1966 y 1972, como parte del programa de estudios, recibió clases de solfeo, con Aida Teseiro; de teoría, con Georgina Ramos; de armonía, con Enrique Bellver, y de fagot con Julián Corrales y Lázaro Stoichev.

En la ENA, si bien recibió educación musical clásica, sus inclinaciones por la música popular hicieron que, en 1967, se integrara a la Orquesta Típica del plantel escolar, de la que fue inmediatamente nombrado director. Aquel grupo fue un taller para poner en práctica sus ideas, en cuya ejecución lo acompañaron futuras luminarias de la música cubana como José Luis Cortés (El Tosco), Andrés Alén, Joaquín Betancourt y Emiliano Salvador, entre otros.

Mientras aún era estudiante de la ENA y gracias a su quehacer en la Orquesta Típica, el pianista Joseíto González, director del Conjunto Rumbavana, le solicitó una de sus obras después de escucharla. A partir de entonces, el famoso ensamble incorporó al repertorio varias composiciones suyas. La primera fue "Con un besito, mi amor", popularizada en 1971. Más tarde, Rumbavana registró "El son de Adalberto", que resultó muy exitoso entre los bailadores, y otras composiciones del joven autor, como "Sobre un tema triste" y "Realidad y solución". Las interpretaciones de Rumbavana fueron las primeras que difundió la radio cubana de la autoría de Adalberto Álvarez, quien, en opinión de algunos especialistas, evidenciaba cierta tendencia a modificar los patrones soneros arraigados en los años cuarenta, que aludían brevemente a un tema y soslayaban el carácter narrativo que había tenido el género en sus comienzos, en los albores del siglo.

Al graduarse en la ENA en 1972, retornó a Camagüey, en cuya Escuela Provincial de Arte laboró como profesor de literatura musical hasta el año 1978, alternando el magisterio con la dirección del conjunto Avance Juvenil. En 1978, a propuesta del compositor santiaguero Rodolfo Vaillant, fundó el grupo Son 14, que debutó en Santiago de Cuba el 11 de noviembre del mismo año, y con el que se mantuvo hasta 1983.

Adalberto Álvarez ha expresado, sobre la importancia que en su carrera tuvo esa agrupación, que su primera acción fue distinguirla del estilo de Rumbavana, con el que se había identificado en sus inicios. Por eso introdujo el trombón en el nuevo conjunto, e invitaba a las grabaciones al tresero Pancho Amat, en busca de una sonoridad que lo identificara.

Como ha señalado el investigador Radamés Giro, durante esa búsqueda conoció el boom de la salsa mediante la radio extranjera, principalmente Radio Rumbos, de Caracas, Venezuela. Adalberto perseguía tocar una música que tuviera relación con la salsa original hecha por los años setenta, y un momento definitorio en su proyección resultó el contacto, en Santiago de Cuba, con Dimensión Latina y su cantante Andy Montañez. También influyeron en él artistas como los Palmieri y Tito Puente, por la cadencia que daban a sus obras, diferente a lo creado en el decenio de los cincuenta. De tal suerte, Son 14 se encontraba muy cerca del estilo general de la música bailable que se hacía entonces en países como Puerto Rico y Venezuela. Paralelamente, se hacía palpable la influencia que en el joven compositor ejercían también músicos cubanos como Arsenio Rodríguez y Félix Chappottín.

En la carrera de Son 14 el año 1979 marcó un hito, pues la agrupación grabó el disco A Bayamo en coche, publicado por el sello EGREM, que tenía a Frank Fernández como productor. En 1980 ese álbum fue incluido en una selección de las diez mejores placas latinoamericanas editadas en Japón, realizada por Music Magazine de Tokio, y recibió el Disco de Plata de la firma cubana EGREM.

Ya entonces las composiciones de Adalberto Álvarez se incorporaban al repertorio de artistas de fama internacional como El Gran Combo, Cano Estremera, Andy Montañéz, Gilberto Santa Rosa, la Charanga Casino, Juan Luis Guerra y la 440, Willy Chirino, el Trabuco Mexicano, Roberto Roena, Justo Betancourt, Ismael Quintana, Willie del Rosario, el Grupo Impacto, Oscar de León y la Sonora Ponceña, entre otros.

En 1981 vio la luz el segundo disco de Son 14, Son como Son, también producido por Frank Fernández. Al año siguiente la agrupación hizo giras por España, México y Venezuela. Poco después terminó la unión de Adalberto Álvarez con Son 14, pues, en compañía de otros músicos del grupo, decidió radicarse en la ciudad de La Habana.

Dedicó el año 1983 a crear su nuevo conjunto, que con el nombre de Adalberto Álvarez y su Son debutó el 25 de febrero de 1984 en Santiago de las Vegas. Con la nueva agrupación perseguía similar propósito que con la anterior: salvaguardar las raíces cubanas a través de la música bailable y mantener vivo el género del son.

A partir de ese momento buscó nuevas posibilidades sonoras, utilizando dos trombones, un tres, una paila, trompetas, piano, contrabajo, bongó y tumbadora, con lo que lograba mayor riqueza rítmica, melódica y armónica. En cuanto a su fórmula creativa, dio continuidad a la empleada en Son 14: una letra comprensible y una melodía que pudiera ser repetida por toda clase de público.

A poco tiempo de haber debutado, el conjunto Adalberto Álvarez y su Son ganó la preferencia de los cubanos con obras como "Esperando a que vuelva María" y "Mi negra se ha vuelto loca". A partir de entonces y hasta el presente, se han sucedido sus éxitos uno tras otro.

La agrupación ha realizado numerosas giras internacionales, en escenarios de México, Puerto Rico, Estados Unidos, Venezuela, Colombia, Ecuador, Japón, Finlandia, España, Francia, Italia, Alemania, Holanda, Austria, Suiza, Canadá, Portugal, Grecia, Hungría, Noruega y Dinamarca, entre otros países.

Poseedor de un personalísimo e inconfundible estilo, "El Caballero del Son" -título que Adalberto Álvarez ha ganado por sus antológicas innovaciones y aportes al género- ha sido el sonero cubano más versionado en el ámbito latino durante los últimos treinta años. Entre los múltiples lauros que ha cosechado durante su exitosa carrera, se destacan la Distinción por la Cultura Cubana, en 1999; el Premio Cubadisco por el CD El son de Adalberto suena cubano, en la categoría de Música Bailable Actual, en 2002; el Premio Crepúsculo Dorado, por Agrupación Popular del Año en Barquisimeto, Venezuela; tres premios Festidanza, Aniversario 450 de Arequipa, Perú; el Primer Lugar, con Sueño con una gitana, en la selección de los diez mejores discos latinoamericanos editados en Japón; la Orden Félix Varela, en 2002, y el Premio Nacional de Música, en el año 2008.

Por su exitosa carrera y sus aportes a la música cubana, en octubre del 2013  la Dirección Provincial de Cultura de La Habana le otorgó la distinción “Gitana Tropical”.

Con más de tres décadas de permanencia en los escenarios, Adalberto Álvarez ha sabido alejarse de modas o esnobismos y ha preferido tocar en el mejor estilo de la tradición. Perteneciente al grupo de soneros y salseros cubanos que componen con sobriedad y equilibrio, es uno de esos extraños puntos de conciliación entre seguidores y detractores de la salsa, citado en las polémicas como ejemplo de creador que sabe combinar auténticamente texto y música. Es un sonero ilustrado, que no realiza transformaciones musicales por capricho o modismos, sino para encauzar lo que define como difícil combinatoria entre el sonido contemporáneo y la tradición.

 

Bibliografía

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