Barbarito Diez

Música, Cuba

Barbarito Diez Junco. (1910-1995) El más célebre intérprete de la música cubana en el siglo XX. Reconocido como “la voz cubana del danzón”.

Barbarito Diez nació el 4 de diciembre de 1910, en un central azucarero denominado San Rafael de Jorrín, de la localidad de Bolondrón, en la provincia de Matanzas.

A sus cuatro años de edad, la familia se trasladó a otro central azucarero, el Manatí, en la provincia de Oriente, donde su padre trabajó como obrero durante años. En una pequeña escuela del batey del central estudió las primeras letras y empezó a cantar.

Desde muy joven escuchaba con placer las grabaciones del Trío Matamoros, uno de los conjuntos que más admiraba. Las canciones de Miguel Matamoros fueron las primeras en entrar en su repertorio, que con los años llegaría a ser uno de los más amplios de la música cubana.

Al terminar la zafra de 1928 en el central Manatí viajó por primera vez a La Habana, donde comenzó a cantar profesionalmente. En los años 1929 y 1930 actuaba en la capital durante el “tiempo muerto”, y regresaba al central, a trabajar como mecánico, durante los períodos de molienda azucarera. El 11 de marzo de 1930, al llegar por tercera vez a La Habana, decidió dedicarse por entero a la música.

Comenzó a visitar los sitios donde ensayaban los sextetos soneros, agrupaciones entonces de moda. Un amigo, nombrado Alberto Rivera, lo condujo a la casa de la calle Vapor número 7 donde ensayaba el Sexteto Matancero, del guitarrista y compositor Graciano Gómez.

Gómez lo invitó a cantar, y el joven entonó el bolero "Olvido", de Miguel Matamoros. Al día siguiente regresó a escuchar al sexteto, y el director le propuso que se incorporara a él como voz prima.

Para ganar el sustento en lugares diversos, Graciano Gómez formaba alternativamente un sexteto, un cuarteto o un trío. Desde que se conocieron, Barbarito Diez formó parte de todas esas combinaciones, en las que participaba también el tresero Isaac Oviedo.

El trío Gómez-Diez-Oviedo comenzó a ser conocido y admirado en el ambiente musical que rodeaba a la bohemia habanera de los primeros años de la década de 1930. Actuaba en los concurridos cafés Vista Alegre y Mar y Tierra, que poseían buenos restaurantes con reservados, barras bien surtidas y numerosas mesas. Frecuentaban principalmente aquellos establecimientos profesionales, artistas y personas de buena posición económica, que a menudo contrataban para fiestas y celebraciones privadas a los músicos que allí tocaban.

En el café Vista Alegre Barbarito conoció, entre otros, a Sindo Garay, al poeta Eduardo Sánchez Galarraga, al trovador Guyún y a los maestros Gonzalo Roig y Antonio María Romeu. Aunque más tarde, en 1937, formaría parte de la charanga de Romeu, se mantuvo en el trío con Gómez y Oviedo desde 1931 hasta el 31 de diciembre de 1958, cuando el establecimiento fue cerrado, pues los propietarios habían decidido venderlo para que fuera demolido y se construyera en su lugar un inmueble de varias plantas, que jamás llegó a edificarse.

En 1933 realizó una gira de varios meses a Puerto Rico, con el Sexteto Matancero. A su regreso a Cuba, integró las orquestas de Manolo Puertas, Frank Emilio y Antonio María Cruz, así como el Trío de Ases -junto a Justa García y Jesús López.

Comenzó a cantar con la orquesta del maestro Romeu en la emisora El Progreso Cubano, -actual Radio Progreso-, instalada entonces en la calle Monte, como suplente de Diego Rodríguez, uno de los cantantes de la agrupación. En 1937 Rodríguez pasó a la orquesta de Armando Valdespí y Barbarito fue cantante fijo de la charanga del «Mago de las teclas», como era llamado popularmente Romeu.

Realizó entre 1937 y 1940 sus primeras grabaciones con esa orquesta; entre ellas: "Dime que me amas", de María Teresa Vera; "Volví a querer", de Guerra y Blanco; de Graciano Gómez, "Dale como es" y "Habanera, ven"; de Julián Fiallo, "El bombonero", y "De amor no se muere nadie", de Faustino Miró. Con el cuarteto de Graciano Gómez, que adoptó por entonces el nombre de Selecto, realizó diversas grabaciones en 1941.

Su gran ascenso profesional llegó en 1954, cuando en la estela del triunfo del chachachá renacía el interés por las orquestas danzoneras y el danzón cantado. A partir de ese año Barbarito Diez grabó diez volúmenes de larga duración con la orquesta Romeu para la firma discográfica Panart, en una colección que –con el título de Así cantaba Cuba- incluyó auténticas joyas del cancionero cubano. Cuando la casa discográfica fue nacionalizada por el gobierno revolucionario, continuaron editándose grabaciones de esa serie, bajo el sello Egrem.

En 1955 grabó una serie de composiciones de Carlos Puebla, con el grupo dirigido por ese compositor y guitarrista. En 1958 viajó a la República Dominicana con la orquesta de Romeu, bajo la dirección de Armando Valdespí. En 1959 actuó en Nueva York con la orquesta Fajardo y sus Estrellas, en el teatro Puerto Rico y en el salón de baile Palladium, y en 1960 actuó en Miami.

La antigua charanga Romeu pasó a llamarse orquesta de Barbarito Diez. Al tiempo que continuaba grabando boleros y canciones en un ambiente danzonero, grabó un disco con composiciones de Graciano Gómez a inicios de la década de 1970, con el propio Gómez en la guitarra e Isaac Oviedo en el tres.

Realizó otro disco, con números venezolanos, en 1977, el cual alcanzó altos niveles de venta. En 1980 viajó a Caracas, Venezuela, presentándose con gran éxito en el Poliedro y en el Super Show Del Recuerdo, que fue transmitido por televisión a todo el país. El diario caraqueño El Nacional comentaba al día siguiente que todo el salón se había preparado para ver a Barbarito Diez con su orquesta, y que no lo habían dejado marchar hasta las tres de la madrugada.

Al año siguiente se presentó en México, y en 1982 regresó a Caracas, donde era un ídolo, para presentarse con la Orquesta Aragón, el conjunto Son 14 y el Trabuco Venezolano. Volvió a Caracas en 1984, y se presentó en el hotel Tamanaco. En 1985 actuó con Pablo Milanés en el Ateneo de esa ciudad.

En 1986 grabó un nuevo disco, este con la Rondalla Venezolana, y en 1987 otro con la Charanga Típica de Conciertos de Guillermo Rubalcaba.

Para entonces, aunque conservaba sus facultades vocales, su avanzada edad y trastornos de salud le impidieron continuar su carrera artística. Se retiró, y falleció el 6 de mayo de 1995.

Se le recuerda ante el micrófono, como una estatua de ébano que, sin moverse, emitía una voz de entonación perfecta, de timbre melodioso y sentido rítmico impecable.

 

Bibliografía

Díaz Ayala, Cristóbal: Música cubana. Del Areyto al rap cubano. Fundación Musicalia, San Juan, Puerto Rico, 2003.

Giro, Radamés: Diccionario Enciclopédico de la Música en Cuba. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2007.

Martínez, Mayra A.: “La realidad y el recuerdo de Barbarito Diez”, en Revolución y Cultura, No. 6., febrero, La Habana, 1980.