Barrio Chino de La Habana

Arquitectura e Ingeniería, Cuba

Barrio Chino de La Habana. La llegada de inmigrantes chinos a Cuba, muchos de los cuales se asentaron en áreas aledañas a la Zanja Real y el mercado de abastos de la capital, fue conformando una zona habanera con carácter oriental: el Barrio Chino de La Habana.

Según el historiador Julio Le Riverend, entre los años 1847 y 1874 llegaron a La Habana alrededor de 150 000 chinos, casi todos hombres -los llamados culíes-, en virtud del sistema de contratación orientado a sustituir el trabajo esclavo africano en la producción agrícola y, ante todo, en las plantaciones azucareras. Su condición marginada en la estratificación social colonial dio lugar a que muchos de ellos se incorporaran a las guerras independentistas, y fueran factor de importancia en el proceso de integración de la nación cubana.

Los culíes chinos lograron emanciparse de su solapada esclavitud en 1877, mediante la firma del Tratado Chino-Español, cuando el mandarín Chin Lan Pin visitó Cuba. El tratado suspendió legalmente la contratación, pero no la inmigración.

Desde 1869 hasta la primera mitad del siglo XX se produjo la entrada en la Isla de diferentes oleadas de chinos libres, procedentes en su mayoría de California, en Estados Unidos, de donde migraban por las leyes racistas. Los "chinos californianos" llegaron a Cuba en busca de terrenos propicios donde establecerse e invertir sus capitales.

Se inició entonces un proceso de auge y expansión de la comunidad china, especialmente en su zona principal de asentamiento, el Barrio Chino -que en la actualidad ocupa las calles de Escobar a Galiano, y de San José a Reina, en el municipio Centro Habana. Allí empezaron a establecer comercios de todo tipo, lo que originó una pequeña burguesía comercial china importadora y financiera en desarrollo. Esos comerciantes emplearon en sus negocios a los culíes libres residentes en la Isla.

A su llegada a La Habana, muchos de estos últimos habían creado asociaciones como la Kit Yi Tang (La Unión, La Habana, 1867), que se propuso reunificar a todos los chinos; la Heng Yi Tong (Los Hermanos, La Habana, 1868), y la Yi Song Tong, segunda alianza formada para los chinos jaka.

En marzo de 1870 se abrió la primera casa importadora de productos asiáticos, cuyos propietarios fueron los banqueros Ley Wong, Youy Shan y Lang Tong, y en ese mismo año, en la esquina de las calles Sol y Villegas, se instaló la casa Con San Tong, el segundo gran comercio chino, fundado con un capital de 50 000 pesos.

Otra actividad que comenzó a tener gran auge en la década de los años 70 del siglo XIX fue el teatro, fomentado por cuatro empresarios chinos procedentes de California. La primera sala de teatro -posteriormente transformada en cine, con el nombre de El Pacífico- se instaló en las calles Zanja y San Nicolás. En 1875 se inauguró el teatro Sun Yon, en la calle Lealtad, esquina a Reina, al que siguió el teatro chino de la calle Zanja, transformado posteriormente en Teatro Shanghai. El más importante teatro chino fue el llamado Águila de Oro, en la calle Rayo, No. 104. En los teatros, tanto las mujeres como los hombres representaban papeles de ambos sexos y tenían conocimientos de canto, acrobacia, pantomima, actuación y artes marciales. En ellos tuvieron amplia difusión las óperas, con actores chinos procedentes de California.

En 1874, en la calle Dragones No. 40 se abrió el primer restaurante chino en La Habana, que servía platos importados de San Francisco de California, "comidas chinas" que poco tenían que ver con las tradicionales, pero aptas al gusto de los cubanos.

En febrero de 1878, en la calle Galiano No. 116 se abrió una casa dedicada a la importación de opio y de utensilios para su consumo, con el nombre de Hay Lay Hon y Cía.

En la penúltima década del siglo el capital chino penetró también en la industria azucarera.

Los "chinos pudientes" establecieron en Cuba otras "actividades" de dudoso carácter: el juego de la charada, el Chi Fa, el Ku Pai, el Si Lo, el Mah Jonh; casas de prostitución, que importaban mujeres de China y de Estados Unidos, y drogas.

A finales del siglo XIX se fundó el Cementerio Chino, en la actual avenida 26 del reparto Nuevo Vedado, en las cercanías de la Necrópolis Cristóbal Colón.

En 1902, la Orden Militar 155 del gobernador Leonard Wood comenzó a poner frenos a la entrada de asiáticos en la Isla. No obstante, durante la segunda década del siglo XX sucedió la última gran oleada de inmigración china, y en 1930 la colonia china contaba con 24 000 habitantes en el país.

En esa época, el Barrio Chino tenía una fisonomía propia, no por su arquitectura, sino por la imagen de la zona y sus habitantes. En él vivían cerca de 10 000 chinos y era prácticamente autosuficiente, con sociedades, comercios de todo tipo, teatros, colegios, clínicas benéficas, farmacias, periódicos (tres diarios en su idioma), bancos, lavanderías, casas de juego, fumaderos de opio, prostíbulos y funerarias; todo mezclado con cafeterías ambulantes, vendedores de frutas y verduras y dulceros, que contribuían a satisfacer las necesidades y gustos de sus habitantes y visitantes. Tales comercios tenían asociaciones legales que los apoyaban.

Con el triunfo de la Revolución Cubana ocurrió el éxodo de los "chinos californianos" y adinerados. El Barrio decayó, pero en 1990, gracias a la gestión del Grupo Promotor del Barrio Chino, el apoyo de las autoridades municipales y ayuda de la embajada china en La Habana, se iniciaron la recuperación y restauración de los restaurantes, el rescate de la decoración y las fiestas y tradiciones. Se comenzó a celebrar el inicio del Año Nuevo Lunar y los aniversarios de la llegada a Cuba de los Chinos de Ultramar, se abrieron escuelas de artes marciales y se volvió a cultivar la ópera.

El antiguo asilo de ancianos Chun Wab se convirtió en Hogar de Ancianos, se activó la sede central de los chinos residentes en Cuba y su descendencia cubana en el Casino Cheng Wah (creado en 1893), con sede en la calle Amistad, entre Dragones y Barcelona, en las cercanías del Capitolio Nacional. Esa institución ofrece la posibilidad de agrupamiento y recreación al modo de la nación de origen.

También en la calle Salud, No. 243, entre Gervasio y Escobar, se inauguró la Casa de las Artes y Tradiciones Chinas, donde se celebran seminarios y coloquios, y se favorece el rescate del arte culinario, la danza, las artes marciales, la pintura y la escultura. Se organizan en ella exposiciones entre las cuales sobresalen las de los pintores Flora Fong y Wifredo Lam, cubanos descendientes de chinos que conservan en sus obras rasgos lineales propios de la caligrafía china.

En 1999 se inauguró el pórtico de entrada al Barrio Chino, única obra arquitectónica china dentro de él, y en toda América Latina, además de una de las mayores fuera de China. Fue financiada por el gobierno chino con materiales traídos de esa nación.

Llamado "El pórtico de la Amistad" se halla en la calle Dragones, esquinera a la calle Amistad. Es una estructura de hormigón con un peso de tres toneladas, dieciséis metros de ancho y doce metros de alto, cuya parte más baja está a seis metros a nivel de la calle. Su estructura de columnas y vigas es de hormigón armado revestido de granito gris, y la cubierta es de tejas de cerámica esmaltada en color dorado. Posee características técnicas que la protegen de sismos, huracanes y descargas eléctricas, y sus guirnaldas y luces pueden soportar la intemperie.

Actualmente, el Grupo de Desarrollo Integral de la Capital lleva a cabo un proyecto para la remodelación del Barrio Chino.

El Barrio Chino es también en importante zona de atracción turística.

 

Bibliografía 

Baltar Rodríguez, José: "Los chinos en la nación cubana", en Revolución y Cultura, 7: pp.63-67, La Habana, julio de 1988.

Chuffat Latour, Antonio: Aporte histórico de los chinos en Cuba, Molina y Cía., La Habana, 1927.

Padura Fuentes, Leonardo: El viaje más largo, Ediciones Unión, La Habana, 1994.

Pérez de la Riva, Juan: Los culíes chinos en Cuba. (1847-1880), Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2000.