Danzón

Danza, Cuba

Danzón. Baile nacional de Cuba. Derivado de la contradanza y la danza.

El danzón surge a mediados del siglo XIX como un baile de figuras o cuadrilla. Se sabe que hacia 1855 se interpretaba en los salones de Matanzas; desde 1860, las orquestas matanceras que tocaban la contradanza criolla también ejecutaban la música de lo que llamaban “danzón” y, hacia 1977, el llamado “danzón habanera”.

El primero de enero de 1879, el músico cubano Miguel Faílde estrenó en el Liceo de Matanzas el danzón "Las alturas de Simpson", considerado como la primera partitura de este género músico-danzario. Sin embargo, según Alejo Carpentier, Faílde “compuso en junio de 1877 cuatro danzones titulados "El delirio", "La ingratitud", "Las quejas" y "Las alturas de Simpson”. Y continúa: “Se dijo que Faílde había ‘inventado’ el danzón, sin tenerse en cuenta que se editaron danzones –ya calificados como tales- en fechas muy anteriores. Lo que ocurrió fue que, en un principio, el danzón apenas difirió de la contradanza, en lo que a música se refiere. Llamóse danzón al baile de pareja enlazada, que venía a sustituir el baile de figuras que era la contradanza.”

Lo cierto es que el danzón, en tanto baile, comenzó como cuadrilla, los ejecutantes utilizaban arcos adornados con guirnaldas de flores y muchas de las figuras provenían de la contradanza. Con la llegada de la danza y la formación en parejas enlazadas, el danzón varió su coreografía y se conformó, según la composición musical, en partes bailadas y partes de descanso. La música obedece a una estructura A-B-A-C-A-D, en la que A responde a un tiempo de descanso, donde la pareja conversa, se seca el sudor con el abanico –la mujer- y el pañuelo –el hombre-, quien, en ocasiones, aprovecha para cortejar a su compañera.

En el danzón, los bailadores pueden moverse por igual con la melodía o con el ritmo, es decir, a tiempo o a contratiempo, este último el más utilizado.

Se sabe que, ya para 1880, se celebraban hasta concursos de danzones. A pesar de su evidente tributo musical a la contradanza, el danzón ya había incorporado todos los elementos musicales de Cuba, desde el cinquillo, proveniente de Santiago de Cuba por la influencia de los negros haitianos, hasta la habanera, entre otras influencias.

Este baile se interpreta de manera ceremoniosa, suave y sensual; tiene pocos desplazamientos en el espacio, al punto de considerarse como clásico el bailar “en un ladrillo”, es decir, sin salirse de la losa del piso.

El danzón se popularizó como baile y música durante el resto del siglo XIX y las primeras décadas de XX, hasta convertirse en el baile nacional cubano. Entre las principales innovaciones introducidas durante su existencia, se encuentra la adición de una cuarta parte E a la partitura, a modo de coda, más rápida y proclive a la improvisación, en la cual se incorporaron pasos de la rumba, el son y algunas células danzarias de ritmos norteamericanos, como el rock and roll en la década de 1950.

Del danzón, como género musical, surgieron otros importantes ritmos, como el danzonete, el cha-cha-chá y el mambo (a comienzos de la década de 1950) y, como género danzario, el casino, a finales de esa década.

 

Bibliografía

Carpentier, Alejo: La música en Cuba, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1989.

Orovio, Helio: Diccionario de la música cubana. Biográfico y técnico, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1981.

Giro, Radamés: Diccionario enciclopédico de la música en Cuba, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2000.

Hernández, María del Carmen: Historia de la danza en Cuba, guía de estudio, Editorial Pueblo y Educación, 1980.

Santos Gracia, Caridad y Nieves de Armas Rigal: Danzas populares tradicionales cubanas, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2007.