Francisco Morín Vidán

Teatro, Cuba

Francisco Morín Vidán (1918). Actor, director y promotor teatral. Una de las figuras más notables de la escena cubana a partir de los años cuarenta  y durante la segunda mitad del XX.

Cursó estudios de  actuación en la Academia de Arte Dramático de la Escuela Libre de La Habana (ADADEL) entre 1940 y 1943. Cuando ADADEL cerró sus puertas, Morín constituyó una figura protagónica en la continuación de la experiencia creadora mediante la fundación del grupo ADAD, que tomó su nombre justamente para honrar a la Academia de Arte Dramático y se declaraba heredero de sus enseñanzas. De hecho, la primera obra que el núcleo fundador de esa agrupación presentó, La llama sagrada, de Somerset Maugham, se llevó a escena bajo su dirección artística en el Liceo de Ceiba del Agua.

En 1944 Morín dirigió para ADAD Las preciosas ridículas, de Molière. En 1947 viajó a los Estados Unidos y fue estudiante del Dramatic Workshop  del afamado director alemán Erwin  Piscator, en Nueva York. Ese mismo año se graduó en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana.

En 1947, tras enormes esfuerzos, los teatristas agrupados en la ADAD consiguieron el apoyo institucional necesario para abrir un nuevo centro de docente, la Academia Municipal de Artes Dramáticas (AMAD). Morín   integró su claustro y ejerció la docencia en la misma hasta inicios de 1949.

Con ADAD también llevó a escena El avaro, de Molière (1947) y El candelero, de Alfred de Musset (1948). Antes, en el propio 1947 creó la revista teatral Prometeo, que llegaría a ser la publicación teatral especializada más importante de la etapa republicana. Para celebrar el primer aniversario de su existencia, en 1948, se realizó una función extraordinaria patrocinada por la ADAD a beneficio de la revista. Morín puso en escena  la obra Ligados, de Eugene O’Neill, y con esta función se inició la historia del grupo teatral Prometeo, que resultó un paradigma para el teatro cubano por su rigor, su espíritu innovador, el ánimo de mantenerse en sintonía con la vanguardia internacional de las artes escénicas, y la excelencia de sus puestas en escena. En el examen de su repertorio sobresalen el estreno  de Electra Garrigó, de Virgilio Piñera (1948); Laboremus, de B. Bjornson (1949); Las criadas, de Jean Genet (1954); Calígula, de Albert Camus (1955); Los endemoniados, de Eugene O’Neill (1955); Delito en la isla de las cabras, de Ugo Betti (1956); Sangre verde, de Silvio Giovanninetti (1956); El fuego mal avivado, de Jean Jacques Bernard (1957); Requiem por una monja, de Faulkner-Camus (1957); El difunto señor Pic, de Peyret-Chappuis (1957,en codirección con Berta Martínez); Rencor al pasado, de John Osborne (1958); y Medea  la encantadora, de José Bergamín, todas bajo la dirección artística del propio Morín.

El director realizó un singular aporte a la promoción y el desarrollo de la dramaturgia nacional mediante la puesta en escena de títulos como El Cristo, de J. del Busto (1949); Capricho en rojo, de Carlos Felipe (1950); Jesús, de Virgilio  Piñera (1950), Sobre las mismas rocas y Gas en los poros, de Montes Huidobro (1951 y 1962, respectivamente); Medea en el espejo y La muerte del Ñeque, de José Triana (1960 y 1963); El vivo al pollo, de Antón Arrufat (1961);  y  La danza de la muerte, de Fermín Borges (1966).

Como actor intervino en Sumergidos, de Laverne y Shaw,  mientras era estudiante de la ADADEL;  en Arsénico para los viejos (Doctor Einstein, 1942), con el  Patronato del Teatro;  y  en La Gioconda  (1949), con Prometeo.

En 1951 creó, junto a Nora Badía, el Centro Cubano de Teatro, adscrito al Instituto Internacional del Teatro (ITI), un esfuerzo por insertar nuestra escena en el panorama teatral internacional. Fue Presidente de dicha institución hasta 1964. Por espacio de trece años extrajo de sus exiguos ingresos personales el dinero necesario para abonar la cuota anual que la pertenencia a dicha organización suponía y cumplió, sin apoyo oficial alguno,  con las exigencias que  la misma  planteaba a los países miembros.

En  1956  comenzó su colaboración con las artes escénicas en la zona oriental de la Isla a partir de su trabajo como profesor y director en la ciudad de Santiago de Cuba, actividad  que propiciaría la posterior fundación del Teatro Universitario de la Universidad de Oriente. Tras un cursillo de siete meses de duración, sin abandonar sus responsabilidades al frente de Prometeo, entre febrero y abril de  1957 se presentaron ya los primeros programas de funciones con los noveles actores, entre quienes  figuraban futuros grandes nombres del teatro cubano como Omar Valdés, Marta Farré y Raúl Pomares.

En 1959 se logró fundar el Teatro Universitario de Oriente. Dirigió Doña Rosita la soltera, de Federico García Lorca, que se presentó en el Teatro Cuba, de Santiago de Cuba, con el auspicio de la Sociedad de Teatro de Oriente. También realizó El avaro, de Molière y Los pastores de Belén, con poemas de Lope de Vega. En 1960 puso en escena un programa teatral con Abdala y Amor con amor se paga, de José Martí. Con el Teatro Universitario de Oriente se presentó en varias ciudades de Cuba.

Más tarde hizo El retablillo de Don Cristóbal y Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, ambas de García Lorca, y para 1961 terminó esta etapa de  su labor en el territorio oriental del país.

En 1960 dirigió La ramera respetuosa, de Jean Paul Sartre, estrenada en presencia de su autor en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional, aún sin culminar, por lo que esta puesta inauguró la actividad dramática de dicha instalación.

Más tarde realizó Edipo, de Sófocles, en el Auditorium, bajo los auspicios del Municipio de La Habana; y La zapatera prodigiosa

En 1962 presentó en su sala un programa de teatro cubano que incluyó Gas en los poros, de Matías Montes Huidobro, y Falsa alarma, de Virgilio Piñera. Puso en escena  El abismo, de Silvio Giovaninetti;  Antígona, de Jean Cocteau; y La hermosa gente, de William Saroyan.

Tuvo a su cargo la presentación de la antológica pieza del Teatro Alhambra La isla de las cotorras en el  Primer Festival de Música Popular, celebrado en el teatro Amadeo Roldán en 1962 y donde se rindió homenaje a las grandes figuras del teatro musical cubano de antaño.

Invitado a participar en el Festival Latinoamericano de Teatro organizado por la Casa de las Américas presentó Mano santa, del uruguayo  Florencio Sánchez, y Pedro Mico, del brasileño Antonio Callado. La primera fue televisada en el programa Pueblo y cultura de la televisión cubana.

Tomó parte en la segunda edición de este evento (1963) con El día que se soltaron los leones, del mexicano Emilio Carballido.

Se desempeñó como director de programas de teatro para la televisión en la emisora CMQ Televisión para la cual realizó Rencor al pasado y La versión de Browning, de Terence Rattigan.

En 1963 fue invitado  por el Dr. José Antonio Portuondo, Rector de la Universidad de Oriente, a realizar una puesta con el Teatro Universitario y llevó a escena una nueva versión de La muerte del Ñeque, de Triana, que antes había estrenado en La Habana. También trabajó con el grupo cultural de la Catedral de Santiago de Cuba. Presentó Auto de la Pasión, de Lucas Fernández, que repuso en 1964, año en que se inauguró la pequeña sala teatro de esta institución con Del mancebo que casó con mujer brava  y Fablilla del secreto bien guardado, ambas de Alejandro Casona.

En 1965 dirigió El difunto Sr. Pic. Con esta obra culminó definitivamente su trabajo teatral en Santiago de Cuba ante las dificultades crecientes  para disponer de los actores y  espacios de representación adecuados.

Puso en escena en Prometeo los textos cubanos contemporáneos  La danza de la muerte, de Fermín Borges; La palangana, de Raúl de Cárdenas; y El caso se investiga, de Antón Arrufat, que no obtuvieron  una favorable acogida por parte del público. Acudió, entonces, a My fair lady, con libreto de Alan Jay Lerner y música de Frederick Loewe, y  consiguió reposicionar la sala en el favor de los espectadores. En 1967 la instalación, hasta entonces privada,  fue intervenida por el Gobierno Revolucionario Cubano y su director decidió emigrar.

En agosto de 1970 salió de Cuba hacia Londres. Dirigió Electra Garrigó en la Universidad de Cambridge, con los alumnos de teatro en español. En 1971 viajó a España. En Madrid trabajó con grupos muy diversos, incluyendo la línea del teatro de guiñol. En 1975 llegó a New York. En el Teatro Repertorio Español dirigió obras de Cervantes  y Lope de Rueda. En el Teatro INTAR hizo La dama boba, de Lope de Vega.

En 1976 inauguró en esa misma ciudad la sala teatro Prometeo. Hasta 1981, año en que la sala hubo de cerrar ante la inminente demolición del edificio en el cual se encontraba enclavada, puso en escena obras de García Lorca, José Martí, Guillermo Cabrera Infante, entre otros autores.

Durante el  IV Festival de Teatro Hispano en Miami (junio, 1989) recibió el primer trofeo otorgado  por dicha institución y  fue nombrado Miembro Honorario del evento. Al año siguiente el Festival creó el premio "Francisco Morín". 

En el Instituto Cervantes, de New York, presentó En la ardiente oscuridad, de Antonio Buero Vallejo, y Cinco horas con Mario, un  monólogo de Mario Delibes que luego giró a Puerto Rico. 

También en New York dirigió Las prostitutas os precederán en el reino de los cielos,  de Martín Descalzo, en el American Theatre of Actors  (1993) con la actriz española Soledad López.

En la Escuela de Danza de Jorge Riverón, de  New Jersey, puso en escena obras de Virgilio Piñera, Tennessee Williams, Luigi Pirandello, José Martí,  entre otros. Con el grupo de teatro del Hudson Community Collage hizo Los Perros Jíbaros, de Jorge Valls. Impartió clases de Actuación en el Bronx Community Collage, de New York,  durante dos cursos consecutivos.  

En 1998 presentó su libro Por amor al arte: Memorias de un teatrista cubano 1940-1970,  en la  Feria del Libro de Miami.

En 2009 el  Círculo Cultural Cubano de New York le entregó la Medalla Avellaneda por su significativo aporte al teatro cubano.

 

Bibliografía activa

Por amor al arte: Memorias de un teatrista cubano 1940-1970, Ediciones Universal, Miami, Florida, 1998.

Bibliografía pasiva

Espinosa Mendoza, Norge: “Un teatro de arte tropical, una escena cubana para la modernidad (1940-1958)”, en Tablas No. 1, 2006, Consejo Nacional de las Artes Escénicas, La Habana, pp. 8-12.

Leal, Rine: En primera persona, Instituto del Libro, Colección Teatro y Danza, La Habana, 1967.

Muguercia, Magali: El teatro cubano en vísperas de la Revolución, Letras Cubanas, La Habana, 1988.

Suárez Durán, Esther: El juego de mi vida. Vicente Revuelta en escena, Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2001.

__________________: “Teatro cubano 1936-1958: el maderamen de la herejía”, en La gaceta de Cuba, no. 4, 2004.