Gonzalo Fernández de Oviedo

Historia, República Dominicana

Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557). Primer cronista de Indias, alcaide de la fortaleza de Santo Domingo, encomendero en Centroamérica.  Su biografía ilustra como pocas las distintas facetas del español de su tiempo.

Intriga que la memoria de Fernández de Oviedo, tan fecunda a la hora de ensalzar genealogías ajenas, calle el nombre del padre al referirse a su nacimiento y al lugar de origen de sus progenitores en el Libro de la Cámara Real del príncipe Don Juan. Sin embargo, no se olvida de su ciudad natal, Madrid, donde nace en 1478. De sus padres solo dice que eran oriundos del principado de Asturias, concretamente del pequeño pueblo de Borondes, y notorios hijodalgos. El historiador De la Peña Cámara afirma que descendían de judeoconversos, y el Padre Bartolomé de las Casas, que no se llevaba bien con Fernández de Oviedo por cuestiones de celos entre cronistas, insinúa aviesamente lo sostenido por el citado historiador. Se sabe que el padre se llamaba Miguel de Solobreña y fue servidor del rey Enrique IV de Castilla.

En plena adolescencia, el futuro cronista fue enviado a Sevilla como paje del duque de Villahermosa, sobrino de Fernando el Católico, y presenció la entrega del último reino musulmán de España. Luego se trasladó a Barcelona, empleándose de mozo de cámara del príncipe Juan. Muertos este e Isabel, heredera del trono, se fue a Italia, alistándose en el ejército de Ludovico Sforza, duque de Milán. Corría el año 1499 y rondaba los 20 cuando decidió mudar de aires. Se enroló en las filas del cardenal Juan de Borja, sobrino del papa Alejandro VI. Más tarde entró a servir al rey Fradique de Nápoles, donde trató a algunas de las figuras literarias de mayor renombre de Italia. Despojado Fradique de su reino, se trasladó a Palermo con doña Juana, “la reina joven”, y en agosto de 1501 embarcó para Valencia. Por mandato de los Reyes Católicos, don Fernando de Aragón, sucesor del rey Fradique, se lo llevó con él como criado. Tras la muerte de Isabel la Católica, Fernández de Oviedo se incorporó a la corte de su viudo. Por esas fechas, vivió de un empleo singular: notario apostólico y secretario del Consejo de la Inquisición.

En marzo de 1507 se casó con Margarita de Vergara y consiguió una plaza de escribano, oficio que detestaba junto con los de médico, boticario y jurista. Su esposa murió de parto al poco tiempo. Hacia 1509 Fernández de Oviedo renunció a la escribanía y poco después volvió a unirse en matrimonio con Isabel de Aguilar, de la que tuvo un segundo hijo.

En consonancia con sus anhelos de mejoramiento social, Fernández de Oviedo se acercó a Fernando el Católico y logró que Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, lo ocupase como su secretario cuando fue a Italia a luchar contra los franceses. La empresa militar fracasó y Fernández de Oviedo, tentado por la fiebre del oro, se decidió a probar fortuna en las Indias. En 1514 se embarcó en la expedición de Pedrarias Dávila a Castilla del Oro. Llevaba el título de veedor de las fundaciones del Darién, donde obtuvo jugosos repartimientos de indios. Pero, por razones que se ignoran, regresó a España al cabo de diez meses vía Santo Domingo, donde desembarcó en la costa occidental. Al atravesar el río Neiba, extravió algunos papeles y libros.

Habiendo fallecido Fernando el Católico, el madrileño se desplazó a Flandes a fin de ser favorecido por el rey Carlos I, quien no se mostró dispuesto a complacerlo. De nuevo estuvo en el Darién con el mismo oficio de veedor. Hacia mayo de 1521 salió para Nombre de Dios y en junio, residiendo en Panamá, ejerció de escribano de minas, pero Pedrarias Dávila lo nombró su teniente de gobernación con sede en Santa María de la Antigua. La desdicha continuó acosándolo y en 1522 enterró a su esposa Isabel.

El rigor con que se aplicó en castigar a los blasfemos, amancebados y rescatadores de indios le ganó la malquerencia de Pedrarias. En una ocasión recibió una puñalada en la cabeza, de la que se repuso. Temiendo otro atentado, retornó a España. El navío en que viajaba recaló en Cuba y La Yaguana, desde donde se encaminó por tierra a la ciudad de Santo Domingo. Aquí se casó por tercera vez.

El emperador le concedió una audiencia, ordenándole que informase al Consejo de Indias de la situación del Darién. Su memorial resultó tan demoledor que Pedrarias Dávila fue destituido. En premio, se le designó gobernador de Cartagena. Inconforme con el saqueo esclavista perpetrado por Rodrigo de Bastidas, gobernador de Santa Marta, Fernández de Oviedo renunció a su cargo antes de posesionarse de él, y se avecindó en Nicaragua con miras a ejercer como comerciante. El ambiente no le fue propicio y se marchó a Panamá, cuyo cabildo le ofreció la procuraduría, que aceptó. Ese nombramiento le dio la oportunidad de volver a la corte para intentar obtener la posición definitiva que lo encumbraría. Frisaba los 52 años y hacía seis que estaba separado de su familia.

En su breve estancia en Santo Domingo, donde el navío que lo llevaba había hecho escala, el Ayuntamiento le confirió, igual que el de Panamá, el título de procurador en la corte. Meses después de embarcarse para España, dicho cabildo lo recomendó al monarca expresándole que, de cuantos españoles habían pasado a las Indias, nadie como él había escrito sobre ellas, por lo que desearía que pudiese continuar su Historia general y natural otorgándole el título de cronista.

En Ávila, Fernández de Oviedo le informó a la emperatriz acerca del despoblamiento de La Española, proponiendo la sujeción de los indios como remedio. Investido del prestigio que le procuró una relación sumaria, el Consejo de Indias propuso al emperador que lo nombrara cronista oficial. El 18 de agosto de 1532, el soberano acogió la sugerencia, con la advertencia de que antes de publicar sus escritos le remitiese una copia de ellos, y le asignó un salario de 30,000 maravedíes anuales.

La propuesta del Consejo de Indias consistía en que se le designara cronista itinerante, lo cual no se ajustaba a su deseo de acabar su vida en Santo Domingo. El monarca accedió a ese anhelo, ordenando que todas las autoridades coloniales le remitiesen a la isla toda clase de relaciones sobre la geografía, naturaleza y acontecimientos importantes de sus respectivos territorios. En Santo Domingo, Fernández de Oviedo encontró otro motivo de satisfacción. Habiendo quedado vacante la alcaldía de la Fortaleza por muerte de Francisco de Tapia, quien la ostentaba, las autoridades se la encomendaron hasta que se nombrara otra persona en el cargo, nombramiento que recayó en él.

En agosto de 1534, desembarcó en Sevilla para publicar la primera parte de su Historia general y natural de las Indias. A lo largo de diez años prosiguió trabajando en ella, aunque sin descuidar sus negocios. Era propietario de varias haciendas situadas a orillas del río Haina y en San Juan de la Maguana, así como de quince casas de piedra en la capitaleña calle de Las Damas. En ese tiempo se ahogó su hijo al cruzar un río en la expedición de Almagro a Chile. La segunda parte de su historia la editó en Valladolid en 1556, pero solo llegó hasta el capítulo XX debido a su fallecimiento, ocurrido el 22 de julio de 1557.

 

Bibliografía activa

Historia general y natural de las Indias, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1959.

Bibliografía pasiva

De la Peña Cámara, José: “Contribución documental y críticas para una biografía de Gonzalo Fernández de Oviedo”, Revista de Indias, núms. 69-70, Madrid, 1957.

Pérez de Tudela, Juan: “Vida y escritos de Gonzalo Fernández de Oviedo” en Gonzalo Fernández de Oviedo: Historia general y natural de las Indias, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1959.