Haití

Haití

Haití

Nombre oficial: República de Haití

El nombre de Haití proviene de la lengua de los habitantes nativos de la isla, y significa «tierra de montañas». En 1492 con la llegada de Cristóbal Colón se le llamó La Isla Española, y luego sólo La Española. El nombre Haití  fue adoptado por el revolucionario haitiano Jean-Jacques Dessalines como el nombre oficial después de la independencia de Saint-Domingue.  

Capital: Puerto Príncipe

Localización geográfica:

La República de Haití ocupa 1/3 de la isla La Española, la que comparte con República  Dominicana. Se sitúa en la zona oeste de la isla, entre el mar Caribe y el Atlántico Norte.

Superficie y topografía: La superficie total es de 27.750 km². Tiene 275 km de frontera con la República Dominicana y 1,771 km de costas.

Haití se distingue por dos penínsulas (la de Saint-Nicholas al norte y la de Tiburón al sur) que forman el golfo de la Gonave. Entre otras islas que pertenecen a Haití están las de Gonave y la de Tortuga.

La región norte consiste en el  Macizo del Norte y el Llano del Norte. Las tierras bajas del Llano del Norte están ubicadas sobre la frontera norte con la República Dominicana, entre el Macizo del Norte y el océano Atlántico. La región central consiste en dos llanos y dos sierras. La Meseta Central se amplía a lo largo de las costas del río Guayamouc, al sur del Macizo del Norte. Al sudoeste de la Meseta Central están ubicadas las Montañas del Norte, cuya parte más septentrional se combinan con el Macizo del Norte. El punto más occidental es conocido como Cap Carcasse.

La región sur consiste en el Plano Callejón Sin Salida (al sudeste) y la península Montañosa (también conocida como península Tiburón). En la región suroeste está ubicado el punto más alto de Haití, con 2.680 metros sobre el nivel del mar.

Himno:

Nombre: "Dessalinienne" (Ladesalinyèn en criollo haitiano) fue compuesto en 1904, para conmemorar el centenario de la independencia.

Autores: Justin Lhérisson (letra)

              Nicolas Geffrard (música).

 

Francés

Criollo

Español

Pour le Pays, pour les Ancêtres
Marchons unis, marchons unis
Dans nos rangs point de traîtres
Du sol soyons seuls maîtres
Marchons unis, marchons unis
Pour le Pays, pour les Ancêtres
Marchons, marchons, marchons unis
Pour le Pays, pour les Ancêtres

Pour les Aïeux, pour la Patrie
Bêchons joyeux, bêchons joyeux
Quand le champ fructifie
L'âme se fortifie
Bêchons joyeux, bêchons joyeux
Pour les Aïeux, pour la Patrie
Bêchons, bêchons, bêchons joyeux
Pour les Aïeux, pour la Patrie

Pour le Pays et pour nos Pères
Formons des Fils, formons des Fils
Libres, forts et prospères
Toujours nous serons frères
Formons des Fils, formons des Fils
Pour le Pays et pour nos Pères
Formons, formons, formons des Fils
Pour le Pays et pour nos Pères

Pour les Aïeux, pour la Patrie
O Dieu des Preux, O Dieu des Preux
Sous ta garde infinie
Prends nos droits, notre vie
O Dieu des Preux, O Dieu des Preux
Pour les Aïeux, pour la Patrie
O Dieu, O Dieu, O Dieu des Preux
Pour les Aïeux, pour la Patrie

Pour le Drapeau, pour la Patrie
Mourir est beau, mourir est beau
Notre passé nous crie :
Ayez l'âme aguerrie
Mourir est beau, mourir est beau
Pour le Drapeau, pour la Patrie
Mourir, mourir, mourir est beau
Pour le Drapeau, pour la Patrie

Pou Ayiti peyi Zansèt yo
Se pou-n mache men nan lamen
Nan mitan-n pa fèt pou gen trèt
Nou fèt pou-n sèl mèt tèt nou
Annou mache men nan lamen
Pou Ayiti ka vin pi bèl
Annou, annou, met tèt ansanm
Pou Ayiti onon tout Zansèt yo.

Pou Ayiti onon Zansèt yo
Se pou-n sekle se pou-n plante
Se nan tè tout fòs nou chita
Se li-k ba nou manje
Ann bite tè, ann voye wou
Ak kè kontan, fòk tè a bay.
Sekle,wouze, fanm kou gason
Pou-n rive viv ak sèl fòs ponyèt nou.

Pou Ayiti ak pou Zansèt yo
Fo nou kapab vanyan gason
Moun pa fèt pou ret avèk moun
Se sa-k fè tout Manman ak tout Papa
Dwe pou voye Timoun lekòl
Pou yo aprann, pou yo konnen
Sa Tousen, Desalin, Kristòf, Petyon
Te fè pou wet Ayisyen anba bòt blan.

Pou Ayiti onon Zansèt yo
Ann leve tèt nou gad anlè
Pou tout moun, mande Granmèt la
Pou-l ba nou pwoteksyon
Pou move zanj pa detounen-n
Pou-n ka mache nan bon chimen
Pou libète ka libète
Fòk lajistis blayi sou peyi a.

Nou gon drapo tankou tout Pèp.
Se pou-n renmen-l, mouri pou li.
Se pa kado, blan te fè nou
Se san Zansèt nou yo ki te koule
Pou nou kenbe drapo nou wo
Se pou-n travay met tèt ansanm.
Pou lòt, peyi, ka respekte-l
Drapo sila a se nanm tout Ayisyen.

Por el país,
Por nuestros ancestros,
Caminemos unidos (bis)
En fila; traidores, ninguno
De la tierra seamos dueños únicos
Caminemos unidos (bis)
Por el país,
Por nuestros ancestros.

Por los antepasados,
Por la patria
Labremos, felices;
Cuando el campo crece,
el alma se engrandece.
Labremos, felices
Por los antepasados
Por la patria.

Por el país
y por nuestros padres,
Seamos hijos
libres, fuertes y prósperos.
Siempre seremos hermanos,
Seamos hijos
Por el país
y por nuestros padres.

Por los antepasados,
Por la patria,
¡Oh, Dios de los valientes!
bajo tu guardia infinita
Toma nuestros derechos, nuestra vida,
¡Oh, Dios de los valientes!
Por los antepasados,
Por la patria.

Por la bandera,
Por la patria,
Morir es bello (bis)
De nuestro pasado, recibimos llamada:
"Tened el alma curtida".
Morir es bello (bis)
¡Por la bandera,
Por la patria!

División político-administrativa:

Haití está dividido en 10 departamentos, 41 distritos y 133 comunas. Estos departamentos pertenecían a las tres provincias originales del Saint-Domingue colonial, que eran Norte, Sur y Oeste. Bajo el mandato de Toussaint L’Ouverture, las provincias se convirtieron en departamentos. El departamento Nippes fue creado en 2003 tras una división del departamento de Grand’Anse.

Forma de gobierno: República presidencialista

Idioma oficial: Creole y francés.

Moneda: Gourde

Población total: 10173 775 habitantes.

Densidad demográfica: 372 habitantes por Km2

Fiestas nacionales:

1 de enero. Día de la independencia

Síntesis hitórica

Los aborígenes del actual territorio de Haití, de origen arauaco, fueron doblegadas en forma violenta por los conquistadores españoles a partir del primer viaje de Cristóbal Colón en 1492. Extinguida la mayor parte de los pobladores originarios por los invasores europeos, la parte occidental de la isla de La Española quedó casi deshabitada, lo que facilitó su colonización por bucaneros y corsarios franceses refugiados en sus costas septentrionales desde el siglo XVII. Después del reconocimiento por España de ese asentamiento de Francia por la paz de Ryswick (1697), Saint Domingue se convirtió en el territorio más valioso del Caribe. Las prósperas plantaciones de azúcar y otros rubros agrícolas, enriquecieron a los círculos mercantiles franceses y a un reducido grupo de acaudalados propietarios blancos, los llamados grandes blancos. El extraordinario auge económico de Saint Domingue se sustentaba en un incesante tráfico negrero, que elevó a casi medio millón el número de esclavos en la segunda mitad del siglo XVIII, más del 85% de todos sus habitantes. En 1791 estalló la gran revolución de los esclavos, encabezada por Toussaint Louverture, que culminó en 1804, tras derrotar al ejército napoleónico, en la creación del primer estado independiente de América Latina y el Caribe con el nombre de República de Haití y encabezado por Jean Jacques Desssalines. El naciente estado fue refugió de muchos patriotas de Hispanoamérica, que recibieron la solidaridad del naciente estado haitiano, como fueron los casos de Francisco de Miranda y Simón Bolívar.

De ahí en lo adelante, la historia haitiana se desarrolló agitada por las amenazas e intervenciones de las grandes potencias y las agudas contradicciones entre la elite mulata y la negra, que incluso llegó a dividir el territorio en dos pequeños estados entre 1811 y 1820: el reino de Henri Christophe, al norte, y la república de Alexander Petion, al sur. Tras la muerte de este último gobernante y el ascenso al poder de Jean Pierre Boyer,  Haití fue reunificado e incluso en 1822 se anexó la parte española. Hasta 1844, la república haitiana comprendió toda la isla, donde regían las leyes democráticas y anticlericales emanadas de la revolución de independencia, entre ellas, la abolición de la esclavitud, el reparto de tierras entre los desposeídos y la expropiación de bienes de la iglesia. Sin embargo, la vigencia de los códigos revolucionarios se debilitó en la segunda mitad de los veinte cuando Boyer, buscando el reconocimiento internacional y la recuperación económica, aceptó pagar a Francia 150 millones de francos. Lejos de paliar la crisis, el acuerdo con los franceses la agravó. La economía haitiana siguió deprimida, mientras se implantaban gravosos impuestos y un draconiano código rural (1826) que restableció el trabajo forzado de los campesinos en las plantaciones. El fracaso de los proyectos para sanear la economía, las avivadas contradicciones entre los sectores negro y mulato de la clase dominante haitiana, junto al rígido centralismo y autoritarismo de Boyer, fomentaron desde la década del treinta movimientos regionalistas y revueltas campesinas que dieron lugar a la caída del gobierno haitiano y a la separación de la parte oriental, convertida en República Dominicana.

La historia del país caribeño se caracterizó desde ese momento por frecuentes conflictos fronterizos con el estado vecino y la profundización de la crisis económica y la permanente inestabilidad política, detrás de la cual seguían las luchas por el poder entre los terratenientes negros y los comerciantes y propietarios mulatos. Los sangrientos enfrentamientos se agudizaron a principios del siglo XX, cuando se sucedieron varios presidentes en el país y fueron asesinadas cientos de personas, en medio de destrucciones y saqueos de viviendas y comercios. Estos graves acontecimientos sirvieron de pretexto para el desembarco de tropas norteamericanas en 1915, que ocuparon todo Haití. Entre los objetivos de Estados Unidos estaba favorecer la libre entrada del capital y las manufacturas norteamericanas, hacerse del control de las finanzas, las aduanas y de la estratégica bahía de San Nicolás. Los ocupantes impusieron una nueva carta magna, que suprimía la disposición de 1805 que prohibía la posesión de tierras a los extranjeros –lo que abrió las puertas al capital norteamericano- y en cierta forma permitía el restablecimiento de la vieja corvée, sistema que obligaba a los campesinos pobres a trabajar en la construcción de caminos.  En este ambiente se revitalizó la lucha de los cacós, bandas armadas de campesinos pobres surgidas a fines del siglo XIX, enardecidos por esta especie de “reforma agraria” al revés como la llamó Juan Bosch. El movimiento de resistencia estaba encabezado por los líderes Chalemagne Peralte y Benoti Batraville, capturados y ejecutados en 1919. El fin de la resistencia de los cacós permitió extender la ocupación norteamericana de Haití hasta agosto de 1934, mientras miles de haitianos desesperados emigraban en busca de trabajo a Cuba, República Dominicana, Panamá y otros países del Caribe.

La herencia de la ocupación norteamericana fue un país empobrecido y atrasado, con un nuevo ejército, hechura de Estados Unidos, puesto a su servicio y de la burguesía mulata y negra. De esta última, emergió en 1957 la sangrienta dictadura encabezada por Francois Duvalier (Papa Doc) –proclamado presidente vitalicio (1964)- y continuada tras su muerte en 1971 por su hijo Jean Claude (Baby Doc) de 19 años de edad. Los Duvalier, sostenidos por el ejército y las bestializadas fuerzas paramilitares (los Tontons Macoutes), contaban con el beneplácito de Estados Unidos, que en el apogeo de la Guerra Fría prefería contar con gobiernos fuertes de derecha como aliados. Durante el reinado de los Duvalier se agravó la terrible situación del pueblo haitiano, puesto que la enorme corrupción y el saqueo de los fondos públicos impidieron toda posibilidad de despegue económico y social. Una de sus expresiones fue la salida en endebles embarcaciones de miles de haitianos hacia Estados Unidos, mientras los que no lograban escapar o cruzar a la República Dominicana debían emplearse en condiciones de semiesclavitud para poder sobrevivir.

Entre 1984 y 1986 violentas protestas callejeras y motines populares obligaron al segundo Duvalier a huir a Francia. Sin embargo, no hubo cambios bruscos de las políticas anteriores. Frente al creciente malestar social, Duvalier y su esposa abandonaron el país en febrero de 1986, y encabezó el gobierno un consejo militar por varios años. El país se adentró en un periodo más convulso aún, dominado por grupos neoduvalieristas, que terminó con la intervención norteamericana de 1994 a 1996 y que conduciría al desarme de los grupos paramilitares y la disolución del ejército y la policía. La ya permanente crisis haitiana no logró ser superada por ninguno de los siguientes gobiernos, algunos de ellos de amplia base popular –como el del sacerdote católico Jean Bertrand Aristide-, lo que restableció la ingobernabilidad. Las protestas populares y la reaparición de grupos armados dieron lugar un tiempo después, cuando se conmemoraba el bicentenario de la independencia, al derrocamiento del presidente Aristide, y a una nueva intervención extranjera en Haití.  En esta ocasión mediante los llamados Cascos Azules de la Naciones Unidas (ONU), que posibilitó en 2006 el regreso de René Preval a la primera magistratura. Fue durante su gobierno que la capital haitiana fue devastada el 12 enero de 2010 por un violento terremoto que dejó miles de víctimas y daños incalculables, profundizado todavía más la crisis endémica de esta atribulada nación del Caribe.