Inicios del cine cubano

Cine, Cuba

Inicios del cine cubano. En enero de 1897 el francés Gabriel Veyre introdujo el cinematógrafo Lumiére en Cuba. El 7 de febrero de ese año el propio Veyre filmó un minuto de la primera película que se realizaba en la Isla: Simulacro de incendio, y con ello daba inicio a la historia del cine en Cuba. El primer filme realizado por un cubano fue un corto publicitario de una casa productora de cerveza, El brujo desaparecido (o desapareciendo) de José E. Casasús, en 1898. Más adelante, el 25 de marzo de 1906, Enrique Díaz Quesada, considerado el primer cineasta cubano, filmó El parque de Palatino, un material promocional para el parque recién fundado en La Habana, que ya esbozaba el manejo del lenguaje del cine por su vocación de veracidad y su dinamismo.

El cine documental tuvo una amplia realización en la primera mitad del siglo XX en Cuba. Se produjeron durante la etapa silente filmes como La salida de Palacio de Don Tomás Estrada Palma (1906), El epílogo del Maine (1912) y Toma de posesión del general Menocal (1913), que mostraban la voluntad de testimoniar los hechos de significación histórica que se producían en la Isla.

En esta etapa, la cinematografía nacional encontró entusiastas promotores. En 1905, Pablo E. Santos y Jesús Artigas se asociaron para la comercialización de películas y de artículos cinematográficos y, más adelante, para el financiamiento de películas nacionales. Fue este dueto el que propició más de una veintena de filmes dirigidos por Enrique Díaz Quesada.

En esta primera etapa se realizaron películas documentales que promocionaban distintas zonas geográficas del país o su patrimonio cultural, como los distintos tipos de danzas cubanas. Con el cine sonoro, a lo largo de la primera mitad del siglo, fueron registrados eventos artísticos, festivos y deportivos, así como sucesos históricos relacionados con la lucha sindical, la Guerra Civil Española o a las injusticias sociales; estos últimos filmados por la Cuba Sono Film, productora fundada por el Partido Socialista en el año 1938.

Vinculada a la realización de documentales estaba la producción de noticiarios cinematográficos. Estos solían conservar el nombre de los periódicos a los que estaban asociados y comenzaron promoviendo crónicas sociales, llegadas de viajeros a Cuba y hechos históricos de interés. En 1933, Luis Ricardo Molina fundó la Compañía Royal Advertising News que incorporó el sonido en el Noticiario Royal News. Desde 1938 el Royal News regularizó semanalmente sus emisiones y en 1942 se convirtió en el órgano oficial de la Unión Nacional de Empresarios de Cuba.

A finales de la década de los años treinta, Manolo Alonso comenzó a producir La Noticia del Día, que contaba con el atractivo de ofrecer los reportajes a pocas horas de ocurridos los hechos. También Manolo Alonso inició en 1942 el Noticiario Nacional y, más adelante, el Noticiario América. Con un aguzado sentido comercial, los noticiarios de Alonso utilizaban atractivos recursos gráficos para captar la atención del público y lograron cierta hegemonía en el ámbito nacional.

En la década de los años cuarenta, la Cuba Sono Film contaba con el Noticiario Gráfico Sono Film que, además de informar sobre sucesos contemporáneos, ofrecía monografías históricas sobre el movimiento sindical. Posteriormente, en 1950, el periodista José Guerra Alemán fundó Cineperiódico, con el que inició un servicio de intercambio de noticias con dieciocho noticiarios de Europa y Estados Unidos. Este estilo de trabajo le permitió presentar en el noticiario sucesos de peso con relativa inmediatez.

La apetencia del público cubano por las noticias nacionales e internacionales se satisfacía con esta variedad de noticieros cinematográficos en las salas de proyección. Los espectadores encontraban en los cines el complemento ideal de la información que se distribuía a través de la prensa: el soporte audiovisual.

La realización de películas de ficción en la primera mitad del siglo XX estuvo signada por un interés comercial y, al mismo tiempo, de representación de lo nacional. Enrique Díaz Quesada filmó Manuel García o El Rey de los campos de Cuba(1913), La manigua o La mujer cubana (1915) y El rescate del Brigadier Sanguily(1916), películas de corte histórico que representaban figuras y hechos propios de La Isla.

Se incorporaron los motivos asociados a las religiones afrocubanas, aunque desde una perspectiva estereotipada. En 1917 Díaz Quesada dirigió La hija del policía o En poder de los ñáñigos, una especie de película policiaca que colocaba en el rol de los villanos a miembros de la sociedad secreta Abakuá, según los prejuicios de la época.

En el año 1920, Ramón Peón y otros empresarios fundaron la Nacional Film Productions, y se filmó Realidad, un melodrama en el que una joven era obligada a casarse con un hombre mayor, adinerado, pero sostenía un romance con el chofer de la familia. Este tipo de argumento marcó la realización cinematográfica en Cuba, pues contaba con la popularidad entre los espectadores.

En 1924 Richard Harlan, director de origen peruano, se estableció en Cuba con su empresa Pan American Pictures Corporation. Su propósito era producir, con la utilización de personal cubano, películas cortas de dos royos para abastecer el mercado norteamericano a través de la empresa Clandfield y Clarke. Llegó a realizar cinco películas, muy bien recibidas por su semejanza con las comedias de Hollywood.

En esta década, a partir del año 1927, entró en vigor el decreto por el cual se creaba una Comisión Revisadora Cinematográfica, para velar por la moral pública en los cines cubanos. Esta medida contrastaba con la exhibición semi-clandestina de películas pornográficas que desde principios de siglo se podían encontrar en barrios habaneros.

El 13 de enero de 1929 se proyectó por vez primera una película sonora en La Habana, The patriot, de Ernst Lubitsch. La primera preocupación expresada en la revista Bohemia era de naturaleza lingüística e identitaria, pues surgía la interrogante sobre la realización, a partir de entonces, de filmes en español para el público hispanohablante.

En el año 1930, Ramón Peón filmó La virgen de la Caridad, película que cerraba el período silente en el cine de ficción en Cuba, y en 1937 se produjo la primera película sonora cubana: La serpiente roja, dirigida por Ernesto Caparrós, basada en el folletín radiofónico Chan Li Po de Félix B. Caignet.

En febrero de 1938, un grupo de inversionistas fundó la compañía Películas Cubanas S. A. (PECUSA). La productora estrenó El Romance del palmar ese mismo año, una película musical de Ramón Peón, que tenía como protagonista a la popular cantante y actriz cubana Rita Montaner.

Otros temas eran promovidos por la Cuba Sono Film. En 1940 se filmó El desahucio, filme de una marcada intencionalidad militante, dirigido por Luis Álvarez Tabío, quien era cardiólogo de profesión. Representaba la historia de un obrero que perdía el trabajo y era desalojado, situación que llegaba a enfrentar cuando un dirigente de la Central de Trabajadores lo estimulaba a luchar dentro del sindicato. La narración fue escrita por Juan Marinello y contó con la música de Alejo Carpentier. Fue un primer ensayo de neorrealismo, pues los actores no eran profesionales sino obreros sindicalistas de la ruta 20 de Ómnibus Aliados.

En este período se produjeron películas singulares como Hitler soy yo (1944) de Manolo Alonso, un filme fracasado sobre la figura de Adolf Hitler, que trataba de integrar a la ficción un tema universal de inmediatez histórica; o Ecce Homo, cortometraje dirigido por Aurelio Lagunas sobre la vida, pasión y muerte de Jesucristo.

En 1949 se realizó Cecilia Valdés, de Jaime Sant-Andrews (Jaime Gallardo), la primera adaptación cinematográfica de un clásico de la literatura cubana: la novela homónima de Cirilo Villaverde. La película no logró un argumento coherente, de manera que el público que no hubiera leído la novela no podía entender del todo la historia narrada; sin embargo, representó una búsqueda en el bagaje literario de la Isla, para integrar sus argumentos a la cinematografía cubana. Un año después Manolo Alonso realizó Siete muertes a plazo fijo, de corte policiaco, que se considera hoy uno de los filmes de mayor valor en el período.

Los inicios del cine en la Isla están marcados por el interés de los cubanos republicanos de reconstruir una memoria nacional y recoger los acontecimientos más importantes de la Nación, así como de promover un cine comercializable de amplia aceptación popular. En la primera década del siglo XX el público habanero había accedido a unos cuarenta cines con una capacidad promedio de seiscientas cincuenta lunetas. Hacia la década del cincuenta se habían extendido considerablemente las salas con los llamados «cines de barrio» y el público de La Habana asistía al cine con asiduidad. Este furor por las películas que se desarrolló en la Cuba republicana ha quedado descrito en la novela de Guillermo Cabrera Infante, La Habana para un infante difunto.

Bibliografía

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