Instituto Nacional de Panamá

Política, Educación, Panamá

Instituto Nacional de Panamá (1909). Primer centro de educación pública de nivel secundario fundado por el gobierno nacional para la formación laica, igualitaria, con espíritu patriótico, crítico y con libre derecho al conocimiento.

Mediante la Ley 22 de 1907, por la cual se reformaba la Ley 11 de 1904, se creó el Instituto Nacional de Panamá, para la enseñanza de algunas profesiones y la instrucción preparatoria para otras.  Su organización fue establecida por el Decreto No. 17 de mayo de 1909. La nueva institución fue inaugurada solemnemente el 25 de abril de 1909 por Eusebio A. Morales, a la sazón Secretario de Instrucción Pública, quien también había firmado el primer reglamento del Instituto Nacional, el cual abarcaba aspectos concernientes a ingreso, planes de estudios, disciplina, deberes de los profesores, exámenes, internado, y más.

Su primer rector fue el veragüense Justo A. Facio, liberal de formación francesa. En sus inicios, el Instituto Nacional funcionó en  el recinto de la Escuela “Manuel José Hurtado”, ubicada en el barrio de Santa Ana. Tuvo una  matrícula de doscientos noventa y ocho alumnos, de los cuales noventa y seis estaban becados por el gobierno. En el año 1911 comenzó a funcionar en edificio propio, construido en las faldas del Cerro Ancón. La institución quedó firmemente consolidada en el período 1912-1918.

El diseño de los cuatro edificios originales del Instituto Nacional, de inspiración arquitectónica clásica, fue obra del ingeniero italiano Genaro Ruggieri (quien también trazó los planos del Palacio Nacional y el Teatro Nacional). Dirigió la construcción el ingeniero panameño Florencio Harmodio Arosemena, quien después llegaría a ser presidente de la nación. En la entrada principal del Instituto Nacional se colocaron dos esfinges, traídas de Italia, que ejecutó el escultor italiano Gaetano Ch. Remonte.

El propósito inicial del Instituto Nacional era reunir los establecimientos de enseñanza de la época. Así se le incorporarían, según el artículo 1 del Decreto 17, la Escuela Normal (de varones) creada por el decreto número 7 de 1904; la Escuela Superior (de varones) creada por el decreto número 150 de 1904 y el Colegio de Comercio e Idiomas, creado por el decreto número 126 de 1906.

Los estudios comprendían tres ciclos: elemental, inferior y superior. Este último constaba de cuatro secciones: Sección de Humanidades, Sección Normal, Sección Comercial y Sección Técnica.

Los estudiantes, después de cursar estos ciclos, quedaban preparados para la educación superior a la cual -aunque aún no existía en el país- se aspiraba, como lo demuestra el hecho de que en 1935, al crearse la Universidad Nacional de Panamá, el edificio del Instituto Nacional le dio su primer albergue.

Entre 1912 y 1918, después de la rectoría del doctor Facio, el Instituto Nacional funcionó bajo la dirección del estadounidense Dr. Edwin Dexter y el Dr. José Dolores Moscote. Dexter y Moscote implantaron una eficiente administración y una disciplina basada en el honor, y consiguieron, junto con un profesorado que enorgullecía al país ―conformado por muy distinguidos panameños, por estadounidenses y europeos―,  hacer del plantel un organismo para el desarrollo, mucho más que una mera institución docente de enseñanza secundaria. Con este propósito, para encarar la crisis fiscal que entre 1915 y 1919 interrumpió el programa de becas en el extranjero, el Instituto Nacional instituyó un Curso Superior de Matemáticas de tres años, a cargo del profesor Eugenio Lutz, para formar profesores de esa especialidad y perfeccionar la preparación de los ya disponibles. Gracias al interés de sus autoridades en el desarrollo científico y social, el Aula Máxima del Instituto Nacional se convirtió paulatinamente en espacio en el que se celebraban conferencias y actividades culturales de muy alto nivel.

En este período, los habitantes propiamente panameños de la capital eran posiblemente 45.000. Los colegios públicos, además del Instituto Nacional, eran muy pocos: el de Artes y Oficios, la Escuela Normal de Señoritas, la Escuela de Derecho, la de Farmacia y la de Agrimensura. Hasta nuestros días perviven los dos primeros, de cuyas aulas surgiría la militancia estudiantil que formaría parte del movimiento popular que germinó a finales de la segunda década del siglo.

En 1918 tocó al rector Moscote convocar a los estudiantes al Aula Máxima y anunciarles que la ciudad de Panamá había sido ocupada por el ejército norteamericano. Con palabras pausadas, el rector describió la situación que vivía el país y pidió a los jóvenes estudiantes que observaran, meditaran y evaluaran los hechos con la mayor serenidad posible. En aquella ocasión, Guillermo Andreve, Secretario de Instrucción Pública, levantó su voz en protesta por la humillación infligida a los panameños y, dirigiéndose a los jóvenes, reclamó una cruzada nacionalista con el lema “Panamá para los panameños”. En 1920, los estudiantes institutores Diógenes de la Rosa, Manuel Roy, Alberto Luis Rodríguez, Menalco Solís, Ángel Santizo, Mariano Lamela y muchos otros, que no alcanzaban los veinte años de edad, acompañaron la protesta popular denominada “El incidente Pershing”, que protagonizó una ciudadanía ultrajada aún por la ocupación de tierras chiricanas y por la actitud ofensiva de altas figuras de la sociedad que recibían con beneplácito a quienes gestionaban la entrega de la Isla de Taboga a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

Estos hechos e ideas constituyen la raíz del nacionalismo estudiantil institutor, que dio frutos en las protestas de 1947 contra la firma en la Asamblea del Tratado Filós-Hines, en la siembra de banderas panameñas en la Zona del Canal en 1958 -adonde acudieron los estudiantes con mentores como Ernesto Castillero Pimentel y Aquilino Boyd-, y en la gesta del 9 de Enero de 1964, cuando concurrieron a izar la bandera panameña en la Escuela de Balboa con la anuencia de su rector, D. Dídimo Ríos, quien amó el “Nido de Águilas” como si fuera su propia casa, y a los “aguiluchos” como a sus hijos.

El Instituto Nacional se ha caracterizado por defender la nacionalidad panameña y por ser termómetro de los graves problemas ―superficiales o profundos― que han afectado a la nación. Este compromiso es imprescindible en el carácter y el perfil de los educadores del Instituto Nacional. Gracias a que contó entre sus maestros a hombres visionarios, los institutores han sido protagonistas de la historia panameña.

El Instituto Nacional es un monumento histórico, arquitectónico y literario, en cuyo recinto han tenido lugar acontecimientos históricos. La historia panameña está en deuda con él y con todas las generaciones que con pasión e inteligencia se han esforzado por conseguir un país libre, crítico y democrático.

 

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