José Nicolás de Escalera y Domínguez

Artes Visuales, Cuba

José Nicolás de Escalera y Domínguez (1734 –1804). Pintor cubano que se destacó en los géneros del arte religioso y el retrato profano. Considerado la figura más representativa de la pintura barroca en Cuba.

Hijo legítimo de español y criolla, nació en San Cristóbal de La Habana, el 8 de septiembre de 1734, según aparece en el acta bautismal que se guarda en el archivo de la Catedral de La Habana, Libro Noveno Segundo de Bautizos de Blancos.

Sobre su aprendizaje del oficio de pintor no se tienen referencias documentales, aunque la obra misma del artista apunta a que se haya formado en un taller ubicado en el seno de algún convento, posiblemente perteneciente a la Orden de Santo Domingo. La tradición, de origen oral más que documental, ha relacionado a Escalera con el I Conde de Casa Bayona, José Bayona y Chacón (fallecido en 1759), quien lo habría contratado para realizar pinturas religiosas en su período de iniciación en el oficio. De esta etapa son los trabajos para la iglesia del convento de San Francisco de La Habana (Regina Angelorum) y la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria de Guanabacoa (San José con el niño dormido y La coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad).

El primer retrato documentado, salido del pincel de Escalera, está relacionado con una carta dirigida al monarca Carlos III, que acompañaba la remisión de la pieza hacia España, en 1763. Se trata del Retrato de Luis Vicente de Velasco e Isla capitán de navío de la Real Armada, conservado en los fondos del Museo Naval de Madrid.

Bajo el mecenazgo del II Conde de Casa Bayona, se desenvuelve gran parte de la obra del pintor, quien afianza su prestigio en el entorno habanero. Por entonces, Escalera recibe de Francisco Chacón y Torres (1712 –1779), coronel de las Milicias de Infantería de la Plaza de La Habana, el encargo de diseñar los nuevos uniformes para los diferentes estamentos y batallones de ese cuerpo armado, como parte del Reglamento para las Milicias de la Isla de Cuba, promovido por Alejandro O´Reilly, en 1764.

En los años posteriores al cese de la dominación inglesa en la Isla, bajo el gobierno de Ricla, continúan las labores constructivas de la iglesia de Santa María del Rosario y Escalera realiza las pinturas destinadas al lugar, las cuales han sido consideradas el esfuerzo pictórico más importante puesto en manos de un criollo en lo que iba de Colonia.  El hecho de que sean estos retablos casi los únicos en conservar piezas del artista en el campo original para el que fueron compuestas, aporta una nueva dimensión a la percepción del cuadro religioso destinado a un altar. La representación del santo en un espacio arquitectónico ficticio (el nicho) y la incorporación del arco de concha polilobulada -recurrentemente empleados por Escalera-, tributan al juego espacial entre la realidad bidimensional de la pintura y el nivel del retablo, una mayor profundidad y movimiento al conjunto. Por otra parte, los elementos iconográficos utilizados, en particular, en las figuras de San Vicente Ferrer y Santo Tomás de Aquino, guardan correspondencia con soluciones aportadas por las escuelas virreinales, y entroncan el discurso mayor al que se subordinan, dentro de la mejor tradición del barroco iberoamericano.

Entre las pechinas concebidas para los cuatro arcos torales de la iglesia de Santa María del Rosario, se encuentra la primera representación conocida de un negro dentro de la plástica cubana (Santo Domingo predicando a la familia Bayona y Chacón), que lleva al espacio sacro la narración de un hecho que apunta no sólo al agradecimiento de la familia condal –a la Virgen del Rosario y al sirviente–, por el hallazgo de los manantiales de aguas sulfurosas y curativas del lugar que dieron alivio a la salud de uno de los miembros; sino que representa el orden ideal de la sociedad donde el negro participa y colabora con el bienestar de sus señores y el servicio a su Dios. La pintura manifiesta el punto final que se deseaba poner a la sublevación de esclavos, ocurrida años atrás, en el vecino ingenio de Quiebra Hacha (propiedad de los condes); pero, también evidencia cómo gran parte de la efectividad en el arte pictórico del siglo XVIII, pasa por el cumplimiento de las expectativas del encargo realizado por los comitentes.

En 1770, Escalera aparece formando parte de un grupo de nueve pintores habaneros, quienes lanzan una protesta, reticentes de formar parte del gremio de pintores que la Corona promovía, por considerar que esa medida hacía tabla rasa entre los pintores locales, algunos de los cuales por la calidad estética de su trabajo, los mejores encargos cumplidos y el prestigio alcanzado en su medio, se consideraban –tal es el caso de Escalera- maestros en su oficio. Gran parte de la pintura del artista que se conserva fechada y firmada, es posterior a este hecho.

La obra de Escalera tiene un estilo caracterizado por rostros de gran serenidad, ejecutados de semiperfil, con contornos delineados en tonos siena y telas de tonalidades apasteladas; logra movimientos y pliegues de magnífica ejecución, los que contrastan con errores de proporción visibles, sobre todo, cuando trabaja en un espacio pictórico reducido. Según se infiere de los testimonios en el proceso seguido contra Pedro Muñoz, en 1791 –juicio al que Escalera concurre a declarar-, los colores que utiliza son preparados en su propio taller, a partir de minerales y aceites importados de Holanda y España.

Con una maestría probada en el género del cuadro religioso, la sociedad habanera escoge a José Nicolás de Escalera para ejecutar los retratos de las personalidades ilustres de su tiempo. Al paso por La Habana de Don Antonio Feliú y Centeno (1789), ejecuta en agosto el retrato del primer obispo de la Santa Iglesia Catedral de Santiago de Cuba, quien tomará posesión de su cargo en septiembre de ese año, luego de la división de la Isla en dos diócesis. Son  posteriores los retratos del gobernador Don Luis de las Casas y Aracorri (1797) y de Don Luis Peñalver, Obispo de Louisiana y Florida, homenajeados por su contribución a la fundación de la Real Casa de Beneficencia, concluida en 1794.

Como hombre de su tiempo, imbuido del espíritu de la época que comisionó su obra, e identificado con el sistema religioso al que dotó de imagen, Escalera explicita su gran fe religiosa, pidiendo en su testamento ser enterrado a los pies del altar de San Juan Nepomuceno –posiblemente decorado con una imagen salida de su pincel-, en la iglesia del Convento de Santo Domingo de La Habana, y vestido del hábito de esa orden religiosa. Fue enterrado el 4 de julio de 1804.

En nuestros días, se conservan en Cuba, España y los Estados Unidos más de cincuenta piezas de José Nicolás de Escalera, firmadas, documentadas y atribuidas.

 

Obras

Colecciones cubanas

La Santísima Trinidad, óleo sobre tela, 180 x 202 cm, Museo Nacional de Bellas Artes.

La Divina Pastora, óleo sobre tela, 111.5 x 88 cm, Museo Nacional de Bellas Artes.

La muerte de San José, óleo sobre tela, 124 x 95.5 cm, Museo Nacional de Bellas Artes.

Regina Angelorum, óleo sobre madera, 211.5 x 136 cm, Museo Nacional de Bellas Artes.

San Antonio mártir (ca.1773), óleo sobre tela, 198.5 x 91.5 cm, Museo Nacional de Bellas Artes.

San Alipio, obispo de Tagaste (1773), óleo / tela, 196.5 x 92.5 cm, Museo Nacional de Bellas Artes.

San José y el niño, óleo sobre tela, 105.5 x 85 cm, Museo Nacional de Bellas Artes. Don Luis de las Casas y Aracorri (1797), óleo / tela, 210 x 128 cm, Museo Nacional de Bellas Artes.

Don Luis Peñalver, Obispo de Louisiana y Florida (ca.1797), óleo / tela,  216.5 x 132 cm, Museo Nacional de Bellas Artes.

Santa Bárbara, óleo sobre tela, Arzobispado de La Habana.

San Juan Nepomuceno, óleo sobre tela, Arzobispado de La Habana.

La Rosaleda de Nuestra Señora, óleo sobre tela, Iglesia de Santa María del Rosario.

Santo Domingo predicando a la familia Bayona y Chacón, óleo sobre tela, Iglesia de Santa María del Rosario.

Glorificación de Santo Domingo, óleo sobre tela, Iglesia de Santa María del Rosario

Donación de la Virgen a Santo Domingo, óleo sobre tela, Iglesia de Santa María del Rosario.

Virgen del Rosario, óleo sobre tela, Museo Arquidiocesano de la Catedral de Santiago de Cuba.

Colecciones españolas

Retrato de Luis Vicente de Velasco e Isla, capitán de navío de la Real Armada, óleo sobre tela, 104 x 81 cm, Museo Naval de Madrid.

Don Antonio Feliú y Centeno (1789), óleo sobre tela, 84 x 69 cm, Museo de América.

Nuestra Señora del Rosario (1778), óleo sobre cobre, Museo de la Catedral de Oviedo.

Colecciones norteamericanas

Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad, óleo sobre madera, 78 x 64.5 cm, Museo de Artes y Ciencias de Daytona, Florida.

Virgen del Rosario, óleo sobre tela, 68.5 x 48.5 cm, Colección privada.

Virgen Dolorosa, óleo sobre tela, 52 x 41 cm, Colección privada.

Bibliografía 

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Partida de enterramiento de José Nicolás de Escalera y Domínguez, en Libro Cuarto de Entierro de Españoles, folio 135., Núm. 699, Archivo de la Parroquia del Santo Ángel Custodio de La Habana.

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