La Guerra de los Mil Días

Historia, Panamá, Colombia

La Guerra de los Mil Días (1900-1902). Guerra civil colombiana entre liberales y conservadores, en la que participó Panamá como un departamento de Colombia.

Las causas de esta guerra tuvieron como fundamento la oposición del liberalismo al gobierno de la Regeneración y el rechazo de la Constitución de 1886, que se consideraba autoritaria. En la coyuntura, los conservadores detentaban el poder, a través del Presidente Manuel Antonio San Clemente y del Vicepresidente José Manuel Marroquín. Aunque el principal escenario de la Guerra fue el Departamento de Santander, rápidamente se trasladó a toda Colombia. En ese contexto, por pertenecer Panamá a la Gran Colombia, el conflicto político militar se trasladó a las tierras istmeñas; no obstante, no fue una situación impuesta desde fuera, pues existían profundas diferencias entre liberales y conservadores criollos en el Departamento de Panamá.

Panamá entró al conflicto con la toma de Natá, Penonomé y Aguadulce por parte de liberales de la talla de Francisco Filós, César Fernández y Alfredo Patiño, y su posterior derrota por el ejército conservador entre finales de octubre y principios de noviembre de 1899.

La primera fase de esta guerra se inició con el desembarco de cerca de 200 hombres al mando del liberal Belisario Porras en la desembocadura del río San Bartolo (Bahia de Charco Azul, Provincia de Chiriquí), el 31 de marzo de 1900. En esta primera campaña sobresalieron tres aspectos: a) la victoria liberal en la batalla de la Negra Vieja, b) los profundos desacuerdos entre los responsables del mando militar, es decir, entre Belisario Porras y el general Emiliano Herrera y c) la derrota de la tropa liberal en el combate del puente de Calidonia.

El triunfo liberal en la Negra Vieja, ocurrido el 8 de junio de 1900, alrededor de Bejuco, fortaleció la moral de los insurgentes y mostró la disposición de lucha de los alzados. No fue para menos. Cuatrocientos militantes del pendón rojo liberal contuvieron y vencieron a ochocientos soldados del gobierno conservador. El apoyo de Victoriano Lorenzo y su ejército se concretó a facilitar el transporte de armamentos desde San Carlos a La Chorrera. Las desavenencias en la cúpula liberal se expresaron en distintos momentos: la designación del estado mayor en Aguadulce y la ejecución de líneas de desarrollo militar sin el consenso de Porras constituyen dos ejemplos. El saldo fue una ausencia de unidad de mando e indisciplina interna que alcanzaba a la oficialidad liberal. La insurgencia liberal continuó su arremetida militar y venció a las tropas conservadoras en la batalla de Corozal. En realidad, el general Albán había movido sus posiciones defensivas alrededor del Puente de Calidonia.

La segunda fase inició con la derrota liberal en combate sobre el Puente de Calidonia, a la que contribuyeron tanto las discrepancias visibles en la unidad de mando de los insurgentes liberales, como la preparación y ejecución en el terreno de un plan militar por el bando conservador, cuya meta era no solamente contener el empuje de la tropa contraria sino desarticular el avance diseñado por los liberales. El responsable de esto último fue el General conservador Carlos Albán, quien en el plano operativo desarrolló varias trincheras, debidamente colocadas con una potencia de fuego adecuada y que, incluso, contó con el apoyo de un soldado norteamericano, contratado por el gobierno conservador, quien había peleado en la campaña de Cuba. A la distancia se puede argumentar el error estratégico de los liberales encabezados por Belisario Porras y Benjamín Herrera, quienes, después de su desembarco en el extremo del país, sometieron a sus huestes a una marcha penosa de tres meses, cuestión que agregó un nuevo elemento a la explicación de la derrota sobre el Puente de Calidonia. En medio de la intervención conciliadora de los cónsules de Inglaterra, Francia y Estados Unidos, los jefes militares capitularon frente al General Albán el 26 de julio de 1900.

Después del descalabro, los conservadores, que controlaban el gobierno, desataron una campaña de amenazas y persecuciones. En ese marco, el caserío de El Cacao, donde residía Victoriano Lorenzo, fue arrasado y quemado por una patrulla oficial conservadora, dirigida por el Coronel Pedro Sotomayor en octubre de 1900. A partir de ese momento, las tropas encabezadas por el General indígena Lorenzo desplegaron un hostigamiento guerrillero al ejército conservador. Victoriano no solo construyó una fortaleza inexpugnable en la montaña coclesana, sino que infligió varias derrotas militares a los conservadores, como la acontecida en los desfiladeros de Vuelta Larga, el 25 de julio de 1901.

Mientras, otros insurgentes dirigidos por el Coronel Manuel Patiño comenzaron sus actividades en los alrededores de Chepo y Corozal. Este grupo se fundió con otro contingente de liberales dirigidos por el General Manuel Antonio Noriega. Este último fue proclamado comandante y Domingo Díaz, Jefe Civil y militar. Esta fuerza liberal fue derrotada en las afueras de la ciudad, en el sitio de Juan Franco. En el repliegue Patiño y Noriega tomaron contacto con el General Lorenzo y permanecieron en su campamento en La Negrita varias semanas. Allí afloraron divergencias entre Lorenzo y Noriega. En esas condiciones, Noriega y Patiño establecieron un campamento en las montañas de Veraguas. Las tropas oficiales enviadas desde Aguadulce, desarticularon y derrotaron a este contingente liberal alrededor de los Picachos de Coclé, el 13 de mayo de 1901. A finales de agosto de 1901, Belisario Porras arribó a Penonomé, donde estableció contactos con el cholo Lorenzo.

En otro capítulo de la guerra, los liberales capitaneados por Domingo Díaz hostigaron a los soldados conservadores en Colón y pueblos cercanos. La derrota liberal en Buena Vista a finales de noviembre de 1901, produjo un repliegue a la ciudad de Colón, lo que desató en ese momento una amenaza de bombardeo de la ciudad por el General Galván. En esas condiciones, los jefes de los barcos de guerra norteamericanos, ingleses y franceses intervinieron; sin embargo, el mando militar norteamericano fue más allá y desembarcó un contingente de cien marinos, quienes tomaron posesión de la estación del ferrocarril. No era la primera vez que se hacía visible la intervención norteamericana, pues desde el primer desembarco de Porras en Charco Azul a inicios de 1900, los norteamericanos le dieron un seguimiento al conflicto bélico. Ello se explica por el interés de construir un canal interoceánico por el Istmo, que fortalecería sus intereses económicos y geopolíticos. Además, el artículo número 35 del Tratado Mallarino-Bidlack estaba diseñado para garantizar los intereses norteamericanos.

La última invasión liberal aconteció el 14 de diciembre de 1901, cuando cerca de mil quinientos veteranos combatientes desembarcaron en el pueblo de Tonosí, al mando del General Benjamín Herrera.

Durante los ocho primeros meses de 1902, el Istmo de Panamá vivió los momentosmás cruentos de esta guerra civil. A la muerte del General Carlos Galván, el 20 de enero de 1902, en un combate naval sobre la Bahía de Panamá, se le sumó el triunfo liberal a la cabeza del Coronel Manuel Quintero Villareal, en el combate de San Pablo, el 2 de marzo de 1902. En esa batalla, los conservadores perdieron la plaza de David y escaparon rumbo a Bocas del Toro. También fue decisiva la caída de la plaza de Aguadulce, después de un largo asedio, en agosto de ese año. El avance liberal no estuvo exento de contradicciones entre la oficialidad liberal comandada por el General Benjamín Herrera y el Dr. Belisario Porras, cuestión que llevó a la detención de este último.

Frente al diseño de un plan de ataque, el mando norteamericano, ubicado en las fortalezas flotantes, desplegó un cordón para proteger el ferrocarril e hizo público su afán de mediar en el conflicto.

El 21 de noviembre, los responsables militares y políticos de ambos contingentes en guerra firmaron el Tratado de Paz, en el buque de guerra norteamericano Almirante Wisconsin. El texto del acuerdo contenía, en su artículo siete, una convocatoria a elecciones para miembros del Congreso que, una vez instalados, deberían discutir las negociaciones relativas al canal de Panamá. Lo no escrito pero que se constituyó en realidad efectiva, fue la detención, encarcelamiento, juzgamiento militar y fusilamiento del General Victoriano Lorenzo.

La Guerra de los Mil Días ha dejado su huella en la literatura. Amelia Denis de Icaza escribió el soneto "A Victoriano Lorenzo". El poeta Demetrio Korsi legó de su pluma una Iconografía de la Guerra de los Mil días. Ramón H. Jurado asumió toda la trama de este conflicto en su novela Desertores (1953). Carlos Francisco Changmarín ganó el premio Miró, sección novela, en 1981 con El guerrillero transparente, basada en la figura de Victoriano Lorenzo. Rosa María Britton se refiere a esta guerra en su novela El ataúd de uso. Justo Arroyo creó un personaje que es el alter ego de Victoriano Lorenzo en su novela Sin principio ni fin. El Dr. Humberto Ricord obtuvo el premio Miró de ensayo con su obra La guerra de los mil días.

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