Manuel Corona Raimundo

Música, Cuba

Manuel Corona Raimundo (1880-1950). Compositor, guitarrista, cantante, considerado uno de los grandes de la Trova Tradicional Cubana.

Manuel Corona Raimundo nació en Caibarién, antigua provincia de Las Villas, el 17 de junio de 1880, aunque algunas fuentes indican 1887 como el año de su nacimiento. A inicios de la década de 1890 se trasladó a La Habana con parte de su familia.

En los años de su primera juventud se ganó la vida como tabaquero. A inicios del siglo viajó a Santiago de Cuba, donde estableció relación con un grupo de trovadores que por entonces llamaban “boleristas”, ya que el bolero era el género de moda.

Hacia 1902 se reunía en el santiaguero Hotel Colón con los guitarristas, cantantes y compositores Pepe Sánchez -considerado “el padre del bolero”-, Pepe Bandera y Manuelico Delgado, conocido como “Dos Cabezas”, entre otros. La primera composición de Corona, el bolero "Doble inconsciencia" (conocido en Yucatán y otras regiones del Caribe con el nombre de Falsaria) pronto adquirió popularidad entre los “cantadores” de le época.

Se popularizaron otras creaciones suyas en la primera década del siglo, entre ellas "Mercedes", con la cual debutó en público la legendaria trovadora María Teresa Vera en 1911. Esta canción fechada en 1908 fue la primera de una serie a la cual pertenecen "No es Mercedes", "Reverso de Mercedes" y "Última palabra a Mercedes", que partían (eran en realidad sagas) de la letra de la original y fueron conocidas como “contestaciones”, práctica que inició Corona y que muy pronto siguieron otros creadores de la época.

Corona, por ejemplo, escribió "Yoya" y "Contestación a Yoya"; por otra parte, su canción "La rosa negra", es la “contestación” de su famosa "Longina", en la cual desdice con mano recia el apasionado retrato que antes había hecho de la “mujer virginal” que comparaba “con una santa diosa”.

Las “contestaciones” a veces las escribía otro autor, como fue el caso de "Merceditas", que a partir de la canción de Corona compuso Sindo Garay. Por su parte Corona escribió “contestaciones” a "Adiós a La Habana de Sindo" y a "Timidez", de Patricio Ballagas, entre muchas otras.

Durante décadas el ambiente de la trova cubana se dividió en dos grandes bandos: los partidarios de Corona y los de Sindo. Esta rivalidad artística –a veces muy enconada por la fogosidad de sus parciales– produjo, si bien ataques y controversias, sobre todo, buenas canciones cubanas.

Corona integró como guitarrista y voz prima hacia 1916 un sexteto con Alfredo Boloña (marímbula y director) y la cantante Hortensia Valerón. Fue este al parecer el primero de los grupos soneros de este formato que realizó grabaciones fonográficas. Aparecen en catálogos de la firma Columbia aunque, según algunos estudiosos de la música popular cubana, no se han localizado hasta la fecha.

Obras suyas formaron parte del repertorio de la mayoría de “cantadores” y “tocadores” que hicieron discos hasta entrados los años veinte, cuando se implantó el sistema eléctrico de grabación. En el temprano 1913 Floro Zorrilla grabó "Mercedes", "Fela", y  "La Adriana", entre otras obras de Corona, y en 1915, "Tu pecho y mi alma", "Las flores del Edén", y "Amparo". En el mismo año Juan de la Cruz grabó "Santa Cecilia", considerado como un clásico del cancionero popular cubano.

Corona comenzó a tomar parte en grabaciones fonográficas como guitarrista acompañante, y en menor medida, como cantante desde los albores de la fonografía comercial en Cuba. Curiosamente, tanto como intérprete o como autor, grabó mayor cantidad de guarachas y rumbas que piezas sentimentales.

Entre sus primeras obras registradas fonográficamente a partir de 1917 se encuentran "Dónde está el dinero", "Lo jugué", "Arrollar en carnaval", "Qué malas son las mujeres", "Capricho de Corona", y "Linda Mulata". Por esos años grabó con Armando Viañez, Pancho Majagua y José Castillo.

A finales de los años diez Corona hizo imprimir un folleto (“cancionero”) con un grupo de sus obras más gustadas con la ayuda de un músico amigo que las llevó al pentagrama: este cuaderno contribuyó notablemente a la difusión de las mismas dentro y fuera de Cuba.

Señalan algunos estudiosos que su estilo de componer estuvo influenciado por Patricio Ballagas (1879-1920), uno de los más injustamente olvidados creadores musicales cubanos, al que se atribuye el haber transformado el estilo de la trova, dotándolo de riqueza armónica e introduciendo recursos contrapuntísticos.

Su intérprete más fiel y constante fue María Teresa Vera, quien a partir de 1916 en que grabó "Popurrí de los vendedores", con Rafael Zequeira no sólo llevó al disco canciones y guarachas de Corona, sino que logró que este participara en muchos de ellos. En la larga lista de sus creaciones que grabaron María Teresa y Zequeira destacan "El 10 de octubre", "La aurora", "Animada", "Mis lamentos a mi guitarra", "Doble inconsciencia", "Contestación a Timidez", "Longina", "Mis lágrimas", "Rayos de plata" (contestación a "Rayos de oro", de Sindo Garay), "Tu alma y la mía", "Las glorias de mi vida", "Acuérdate de mí", "Déjame tranquilo" y "Amelia".

En algunas etiquetas de los discos aparece su crédito, como autor, voz o guitarrista, como J. Corona o José Corona, lo cual se atribuye a que había firmado contrato de exclusividad con otra firma discográfica.

Aunque cantaba tanto voz prima como voz segunda –el característico dúo interpretativo de la canción cubana de la época– sus contemporáneos apreciaban en especial la originalidad de su segundo, voz que exige un cabal dominio de la armonía al escoger los acordes más apropiados para acompañar la primera voz, responsable de conducir la melodía. A numerosos trovadores él “les montó” esa línea de voz.

Destaca en el cancionero de Corona la acertada relación entre las melodías ricamente armonizadas con las letras de sus canciones, algunas escritas por poetas muy populares de la época como Hilarión Cabrisas ("Para que te recuerdes de mí"), aunque la mayoría suelen atribuírsele al compositor.

Es el autor de la trova cubana que mayor cantidad de canciones llevan nombre de mujer: un total de ochenta.

Unos de sus boleros más conocidos, "Aurora" –combinado con el estribillo sonero "Cabo de la guardia siento un tiro"– fue uno de los primeros grandes éxitos del Sexteto Habanero en 1925, cuando comenzaban a hacer furor los discos de este grupo en Cuba y otros países del área del Caribe.

Hasta la década de 1930, fue el compositor cubano más prolífico, sólo comparable a Alberto Villalón.

Su amplísimo catálogo es pródigo en guarachas de corte costumbrista en las cuales se comentan sucesos de actualidad de manera jocosa y se retratan tipos populares con trazos pícaros. Ejemplos de esta zona de su producción son: "Aguanta un poco"; "Pobre Liborio"; "El servicio obligatorio"; "Record de un año"; "Acelera, Ñico, acelera"; "El volumen de Carlota"; "Las envanecidas"; "Mis viajes a Pogolotti"; "Quedan las butifarras"; "Debajo de la cama hay gente"; "Nicanor en lata"; "Cantor de bohemia"; "Ay, motorista, qué horror"; "Parte el alma"; "Se rompió la máquina"; "Se acabó la choricera"; "Bartolomé y la viuda"; "El güin de Serafín " y "Las mulatas de Bombay".

A finales de la década de 1920 en una riña callejera resultó afectada su mano izquierda y desde entonces vio muy limitados sus recursos como ejecutante de la guitarra.

Con la decadencia en la popularidad de los trovadores –primero por el auge alcanzado por los sextetos y septetos, las jazz bands y luego los conjuntos–, desaparecieron muchas posibilidades de trabajo para los cultores de la canción cubana tradicional, salvo contadas excepciones.

La mayoría de los trovadores, aún los que gozaban notoriedad, desempeñaban diversos oficios para ganarse la vida (Rosendo Ruíz y Pepe Sánchez, por ejemplo, eran sastres y tenían la música como una ocupación secundaria).

Corona era un bohemio impenitente. Desde su juventud había decidido dedicarse a la música exclusivamente con el constante acarreo de múltiples dificultades. La penuria económica lo acechó siempre de muy cerca.

Mientras pudo actuó en cafés, bodegas, fiestas y reuniones en casas particulares que apenas le proporcionaban qué comer. Su salud se deterioró y dependía cada vez más de la ayuda de algunos amigos.

En una entrevista con el musicólogo Odilio Urfé confesó que a lo largo de toda su vida sólo había ganado unos doscientos dólares por concepto de derecho de autor pues su música se encontraba hasta ese momento sin registrar editorialmente.

El 9 de enero de 1950 falleció Manuel Corona en una caseta situada tras el bar Jaruquito, tugurio de la playa de Marianao donde lo habían acogido por caridad. Poco antes el gobierno cubano le había conferido, junto con una medalla de reconocimiento por su obra, una pequeña pensión. Corona no logró asistir a la ceremonia de otorgamiento en el Palacio Presidencial: se había detenido en una barra cercana. Su sepelio corrió a cargo de un grupo de compositores cubanos.

Con Sindo Garay, Alberto Villalón y Rosendo Ruíz, Corona integra el grupo de los Cuatro Grandes de la Trova Cubana.

Las Hermanas Martí –Berta y Amelia, dúo de voces y guitarras especializadas durante muchos años en la canción tradicional– dedicaron a inicios de 1970 un disco de larga duración a su obra (LP Areito 3343 Antología de Manuel Corona).

Otros intérpretes destacados de sus canciones han sido Barbarito Diez y la orquesta de Antonio María Romeu, María Teresa Vera con Rafael Zequeira o con Lorenzo Hierrezuelo, Abelardo Barroso y la orquesta Sensación, Pablo Milanés y El Albino, Beatríz Márquez, y Kike Corona con el CD Corona canta a Corona, de la Egrem.

 

Bibliografía

Calderón González, Jorge: “Manuel Corona, trascender en el tiempo”, en Revolución y Cultura, La Habana, No. 92, abril de 1980.

Díaz Ayala, Cristóbal: Cuba canta y baila. Discografía de la Música Cubana. Volumen I / 1898-1925, Fundación Musicalia, San Juan, Puerto Rico, 1994.

Fernández, Olga. “Manuel Corona, autor de réplicas”, en Revolución y Cultura, La Habana, no.26-57, febrero de 1988.

Mateo Palmer, Margarita: Del bardo que te canta, La Habana, Letras Cubanas, 1988.

Urfé, Odilio: “Cuerdas de Corona”, en Bohemia, La Habana, no. 43, 23 de octubre de 1987.