Martinica

Martinica

Nombre oficial : Martinica

Nombre utilizado por los aborígenes:​  "Gouanacaëra - Matinino" según su nombre amerindio que significaba "la isla de las flores", nombre que se cree evolucionó hacia "Madiana" o "Matinite".  La isla recibió al parecer también el nombre de "Gouanacaëra", lo que significaba para los Caribes "isla de las iguanas".

Capital: Fort  de  France

Localización geográfica:

Situada en los 14°40’ de  latitud norte y 61°  de  longitud oeste, Martinica está bañada por el oeste por el Mar de las Antillas (o Mar Caribe), al este, por el océano Atlántico. Por el norte está separada de la isla Dominica, por  el canal de Dominica, de  35  km  de  ancho; al sur, el canal de Santa  Lucía  de unos 30  km de ancho la separan de la isla del mismo nombre.

Superficie y orografía: 1  128  km2     

La isla tiene 65 km de largo por 27 km de ancho. Ocupa el tercer lugar después de Trinidad y Guadalupe en la cadena de islas que componen las Antillas.

Martinica es montañosa y de origen volcánico. Al igual que el resto de las Antillas Menores, la isla está sujeta a riesgo sísmico. Tiene un volcán, la  Montagne Pelée, de 1 397 metros de altura, el punto más alto de la isla. Otras elevaciones son los picos del Carbet.

Himno  

La Marsellesa

Marchemos, hijos de la patria, 

Que ha llegado el día de la gloria 
El sangriento estandarte de la tiranía 
Está ya levantado contra nosotros (bis) 
¿ No oís bramar por las campiñas 
A esos feroces soldados? 
Pues vienen a degollar 
A nuestros hijos y a nuestras esposas 

¡ A las armas, ciudadanos! 
¡ Formad vuestros batallones! 
Marchemos, marchemos, 
Que una sangre impura 
Empape nuestros surcos. 

¿ Qué pretende esa horda de esclavos, 
De traidores, de reyes conjurados? 
¿ Para quién son esas innobles trabas 
y esas cadenas 
Tiempo ha preparadas? (bis) 
¡ Para nosotros, franceses ! Oh, qué ultraje ! (bis) 
¡ Qué arrebato nos debe excitar! 
Es a nosotros a quienes pretenden sumir 
De nuevo en la antigua esclavitud 
¡ Y qué ! Sufriremos que esas tropas extranjeras 
Dicten la ley en nuestros hogares, 
Y que esas falanges mercenarias 
Venzan a nuestros valientes guerreros? (bis) 
¡ Gran Dios ! Encadenadas nuestras manos, 
Tendríamos que doblegar las frentes bajo el yugo! 
Los dueños de nuestro destino 
No serían más que unos viles déspotas. 
¡ Temblad ! tiranos, y también vosotros, pérfidos, 
Oprobio de todos los partidos! 
¡ Temblad ! Vuestros parricidas proyectos 
Van al fin a recibir su castigo. (bis) 
Todos son soldados para combatiros. 
Si perecen nuestros héroes. 
Francia produce otros nuevos 
Dispuestos a aniquilaros. 
¡ Franceses, como magnánimos guerreros 
Sufrid o rechazad los golpes ! 
Perdonad estas pobres víctimas 
Que contra su voluntad se arman contra nosotros. 
Pero esos déspotas sanguinarios, 
Pero esos cómplices de Bouillé, 
Todos esos tigres que, sin piedad, 
Desgarran el corazón de su madre ... 
Nosotros entramos en el camino 
Cuando ya no existan nuestros mayores ; 
Allí encontraremos sus cenizas 
Y la huella de sus virtudes. (bis) 
No estaremos tan celosos de seguirles 
Como de participar de su tumba ; 
¡ Tendremos el sublime orgullo 
De vengarles o de seguirles ! 
¡ Amor sagrado de la patria, 
Conduce y sostén nuestros brazos 
vengadores ! 
¡ Libertad, libertad querida, 
Pelea con tus defensores (bis) 
¡ Que la victoria acuda bajo tus banderas 
Al oír tus varoniles acentos ! 
¡ Que tus enemigos moribundos 
Vean tu triunfo y nuestra gloria !

 

División  político-administrativa :

Una prefectura: Fort-de-France.

Tres sub-prefecturas: Le Marin, en la zona meridional;  Saint-Pierre, en la parte noroccidental y  La  Trinité, en la zona nororiental. 

La isla está dividida además en 4 distritos (formados por la prefectura y las 3 sub-prefecturas),  34  comunas (o ciudades) y  45  cantones (que son una subdivisión de las comunas y funcionan con fines electorales).

Sistema de gobierno   

Martinica es un « departamento »  de  la  República  francesa y al mismo tiempo una « región  de Ultramar » (es decir, una región mono-departamental). Se le denomina « departamento  de Ultramar », «departamento francés de América »,  y « región  ultra-periférica de Europa ».

El estado francés está representado en Martinica por el prefecto de región. Martinica está representada en la Asamblea nacional francesa por 4 diputados.

Lengua : francés, lengua oficial, y creole, lengua regional.

Moneda: el Euro

Población total: 396 404  habitantes  (2009)

Densidad demográfica: 351 habitantes por km2

Fiesta nacional: 14 de julio, fiesta nacional francesa y  22 de mayo, abolición de la esclavitud.

Breve sinopsis histórico-cultural

Cristóbal Colón desembarcó en Martinica el 15 de junio de 1502, en su cuarto viaje al Nuevo Mundo.

Desde fines del siglo XV, la bula Inter Coetera  del papa  Alejandro VI,  de  1493 y el Tratado de Tordesillas de  1494 habían otorgado a españoles y portugueses la propiedad exclusiva de las tierras « recién descubiertas » o por descubrir. Francia se cuestionaría esta decisión a través de su rey, Francisco 1ro, quien exclamaría: «Quisiera ver la cláusula del testamento de Adán que me excluye del reparto del Nuevo Mundo ». 

Ya avanzado el siglo XVII, las incursiones de los filibusteros abrieron camino a una implantación francesa de carácter permanente en América.  En  1596, con la firma de la Paz de Vervins, España y Francia quedaban autorizadas, por una cláusula secreta, a hacerse la guerra al este del meridiano de las Azores y al sur del trópico de Cáncer. Es así como comenzó en 1623 la instalación de los franceses en la isla de la Tortuga, al norte de la isla Española. A  partir  de  ese momento se multiplicarán las incursiones y los establecimientos en la zona hasta 1681, momento en que el tratado de Nimegue establecerá la paz.

En 1635, Pierre  Belain  d'Esnambuc, establece en nombre del rey de Francia y de la Compañía de las Islas de América, el primer asentamiento francés en Saint- Pierre, al norte de Martinica. 

A la llegada de los franceses los Caribes, habitantes de las islas, establecieron con los recién llegados relaciones comerciales, así como con los ingleses y holandeses. El trueque consistía en  artículos de metal, diversos utensilios y pacotilla que intercambiaban por algunos productos locales como el casabe, víveres varios, bija (de la cual se extrae un colorante rojo) y sobre todo abastecimiento de agua para los navíos que se acercaban a las costas para reponer fuerzas antes de emprender nuevas expediciones en la zona.   Esos europeos, a la vez que establecían relaciones con los amerindios, arrebataban a los españoles los botines que estos habían obtenido en otras tierras, islas y tierra firme, recientemente colonizadas. Habían hecho antes la guerra a los españoles a todo lo largo del arco de las islas, desde Puerto Rico hasta el extremo sur. 

Los franceses habían comenzado a establecerse progresivamente en la isla, a sembrar, a construir sus primeros asentamientos. Los Caribes interpretaron esas actividades como signos claros de una instalación permanente y se volvieron contra aquellos que se habían convertido en los nuevos invasores.

Du  Parquet,  gobernador nombrado por Francia en el siglo XVII, siguió una estrategia de paz que buscaba sobre todo proteger a los cerca de doscientos franceses que vivían en la isla frente a unos tres mil Caribes. Dicho gobernador optó por proponer y firmar un tratado de paz  con los amerindios hacia fines de 1638  e inicios de  1639.  La  mitad de la isla, el lado atlántico, que los franceses llamaban en esa época el « territorio de los salvajes » les había sido asignado por ese tratado. Pero la paz fue de corta duración. Hubo masacres con la consecutiva expulsión de los Caribes hacia la isla de Dominica. 

Martinica se convirtió en la sede del gobierno general  en  1669, lo que promovió a la isla al rango de cabecera de todas las posesiones francesas del Caribe. Esta posición predominante le valió la denominación que la caracterizó durante todo el período colonial ante las otras islas de la zona: se decía « esos Señores de Martinica »  para aludir a la posición privilegiada de los plantadores y comerciantes de esta cabecera.

Desde  1664 Colbert  había organizado oficialmente la trata de africanos sometidos a la esclavitud, con el objetivo de proporcionar mano de obra a los plantadores. La Corona concederá el monopolio de la trata negrera a la Compañía de las Indias Occidentales. Veinte años más tarde, ya bajo el reinado de Luis XIV, en 1685, verá la luz el Código negro, edicto real sobre los esclavos  de las islas de América. 

Los inicios del sistema de plantaciones se sitúan por algunos en 1670,  aunque algunos afirman que fue en 1650.  Se trataba de un sistema cerrado donde todas las operaciones relativas a la plantación, desde el cultivo de la caña hasta la elaboración del azúcar, tenían lugar bajo la supervisión del plantador o de sus representantes: ecónomos,   intendentes, mayorales, ya que con mucha frecuencia, los plantadores eran absentistas y estaban establecidos en la metrópoli.

Las etnias africanas sometidas a la esclavitud en el Caribe fueron sobre todo los Aradas,  los Congoleses,  los  Bambaras y  los  Minas.  De las culturas de estas etnias, dada la proximidad del amo y por las limitadas dimensiones de la isla, solamente quedaron ciertas prácticas que en muchos casos perdieron su valor auténtico y se convirtieron en caricaturas de las prácticas originales. Es ese el caso del « quimbois »( brujería), creencias de origen africano cercanas a las practicadas en las sociedades de plantación de Brasil.  

El Exclusivo o pacto colonial ataba la colonia a su metrópoli desde una posición de subordinación a los intereses de esta última. Los principios sobre los cuales de establecía el sistema eran los siguientes: la  colonia sólo podía comprar  (o intercambiar) productos con su metrópoli; la colonia sólo podía exportar sus producciones –fundamentalmente materias primas agrícolas- a Francia; el comercio colonia-metrópoli debía realizarse exclusivamente en navíos franceses; la colonia no podía ejercer ninguna actividad de transformación susceptible de hacer la competencia a las industrias de la metrópoli.

En el siglo XVII la colonia fue, junto a la colonia de  Saint-Domingue,  uno de los pilares de la riqueza económica de su metrópoli y funcionó bajo el régimen intensivo de las plantaciones que trabajaban para el mercado mundial capitalista. A la producción de azúcar se añadió la fabricación de ron que pronto se convertiría en una mercancía de exportación. 

En el contexto de la Revolución francesa, la Convención jacobina procedió a la primera abolición de la esclavitud el 4 de febrero de  1794, pero ello no se hizo efectivo en Martinica –donde los esclavos no fueron entonces liberados- al estar la isla ocupada por los ingleses desde el  21 de marzo del mismo año.  Habrá que esperar al año 1802 para que Francia recupere mediante el Tratado de Amiens su colonia.

En junio de  1815,  en el Congreso de Viena, las naciones europeas aceptarían la abolición de la trata negrera, a petición de Gran Bretaña y con el acuerdo de Francia, de España y de los Países Bajos. Pero la esclavitud no sería abolida en las colonias francesas hasta 1848. 

Desde 1831, el disfrute de los derechos civiles sería reconocido a los mulatos por el rey de Francia, pero habrá que esperar la revolución republicana que estalla en Francia en febrero de 1848 para que sea abolida por segunda vez la esclavitud.  Al acceder los republicanos al poder, por la acción de Victor  Schœlcher  y por los disturbios que tenían lugar por parte de los esclavos en las colonias, Francia procedió a la abolición de la esclavitud en sus territorios el 27  de abril de  1848. 

La demora en la llegada de esta ley a la colonia provocó un levantamiento de los esclavos el 22 de mayo de 1848, lo que obligó al gobernador a decretar la abolición al día siguiente, 23 de mayo. 

74  447  esclavos fueron liberados. Muchos abandonaron las plantaciones pero sin encontrar en muchos casos otra fuente de trabajo.

La falta de mano de obra barata o gratuita obligó a los plantadores a buscar otras soluciones.  De  1855  a  1884,  25  000  hindúes fueron traídos a Martinica como mano de obra “contratada” para remplazar el trabajo esclavo. Vinieron también chinos e indochinos, además de africanos contratados.  En  1852,  los  propietarios solicitan incrementar la mano de obra blanca europea. Este proceso explica la composición de la población de Martinica: los descendientes de esas migraciones forzosas constituyen la actual población de la isla, cuyas culturas se han fundido en lo que hoy se conoce como la cultura creole.

Una nueva lengua, el creole, manifestaciones populares como el carnaval, la música caribeña o el baile son elementos que vienen en gran medida de las tradiciones que no eran solamente africanas.  El  laggia  y el baile eran las únicas distracciones permitidas a las dotaciones de esclavos.

Si  el XVIII fue un siglo próspero para Martinica, gracias a la economía de plantación, esta etapa vio nacer también un nuevo grupo social, que va haciéndose económicamente importante: el de los mulatos, hijos de los propietarios y plantadores y de sus esclavas. La importancia que fue adquiriendo este grupo social en el sector comercial y profesional atemorizaría a los grupos de poder blancos.  L’affaire  Bissette (el asunto Bissette), a inicios del siglo XIX, es un claro ejemplo de cómo la justicia era manipulada por los plantadores blancos, quienes pretextaron una conspiración contra los Blancos de la isla –sostenida por la ocupación de panfletos y documentos que habían circulado libremente en Francia y en la vecina colonia de Guadalupe. Este incidente mostró la negativa de los plantadores de hacer concesiones a los mulatos, grupo social que era su rival y que tenía el estigma del color. El Affaire  Bissette  tuvo lugar en 1824.

Otro episodio que mostró la rivalidad entre blancos y mulatos fue el   Affaire  Lubin, en  1870,  al igual que la insurrección del Sur que ocurrió más tarde. Fueron estos momentos de mucha tensión entre los distintos estratos sociales de la colonia.

La  prensa local se permitía entretanto publicar toda una serie de diatribas contra los mulatos que pretendían colocarse al mismo nivel que los blancos. Podría decirse que esa división en la población martiniqueña se mantiene aún en nuestra época, con la ausencia de relaciones privadas, interpersonales o familiares entre los grupos de descendientes de Blancos, llamados Békés-la mayoría de los cuales se mantienen encerrados en su grupo social-, y el resto de los miembros de la sociedad, cualquiera que sea su origen.    

A  partir  de  la  posibilidad para los mulatos libres de adquirir plenamente los derechos civiles se desarrollaría una corriente que tomará el nombre de «ideología  schoelcherista »(por el apellido de Victor Schoelcher, francés que promovió la ley de abolición de 1848).  Esta ideología postulaba la igualdad universal de derechos y constituía, para la pequeña burguesía martiniqueña, un referente ideológico e histórico necesario para el surgimiento de la doctrina de la asimilación. 

Los diversos movimientos políticos, la evolución de los acontecimientos en la metrópoli y el crecimiento de un poder mulato en Martinica determinan como única salida para los grupos más avanzados, proponer a Francia la asimilación. Era la época en que el mundo se debatía entre « civilización y barbarie ». 

El inicio del siglo XX estuvo marcado por un grave acontecimiento: la erupción de la Montagne Pelée. En 1902, la erupción del volcán destruyó completamente la ciudad de Saint Pierre, que fungía entonces como “capital” de la isla.

El 8 de mayo de 1902 se vio luz en la cima del volcán y luego una densa nube de humo negro, seguida por otra en forma de hongo visible a 100 km de distancia. Un flujo de lava bajó por las laderas del volcán a una velocidad considerable, llegando a la ciudad en un minuto, e incendiándola. Por último se produjo la precipitación con torrentes de barro, que la destruyeron por completo.

El 20 de mayo el Mont Pelée volvería a estallar aún más violentamente pero sin dejar víctimas porque ya no había ningún ser viviente en el sector.

Las consecuencias sociales, políticas y económicas para Martinica fueron considerables. La erupción causó cerca de 26.000 muertes y destruyó por completo la ciudad y su puerto. Se determinó entonces que la ciudad de Fort-de-France, más al centro de la isla, sustituiría a Saint Pierre como capital. Muchos niños quedaron huérfanos, lo que motivó la creación del orfanato de la Esperanza en Fort-de-France. Una parte de la población afectada fue reubicada en otras ciudades de Martinica, en el Atlántico norte y el sur de la isla. Otros emigraron a Guadalupe, Santa Lucía, la Guayana francesa, Panamá y Venezuela.

Pasarían al menos cuatro días para que llegara ayuda desde Fort-de-France por vía marítima, y solamente pudieron ser rescatadas cuatro supervivientes, dos de los cuales morirían poco después.

Tras las dos guerras mundiales, en las cuales los martiniqueños tomaron parte junto a los metropolitanos, a mediados del siglo XX, el 19 de marzo de 1946, tiene lugar la departamentalización, en virtud de la ley  N° 46-451. Martinica se convierte en departamento francés de Ultramar. Por la departamentalización, las islas se integran a Francia y los martiniqueños adquieren el status de ciudadanos franceses. Esta  transformación  acarrea, además de la subordinación económica, (ya realizada desde finales del siglo XVII), la asimilación completa desde el punto de vista político, administrativo, territorial y presupuestario.

El 1ro de diciembre de 1999 se firma la « Declaración de Basse-Terre ». Los presidentes de Región de los Departamentos franceses de América  (D.F.A.) proponen al presidente de la República y al gobierno una modificación legislativa, véase constitucional, que pretende crear un nuevo status para las Regiones de Ultramar, dotado de un régimen fiscal especial para Guadalupe, la Guayana y Martinica, en el marco de la República francesa, por una parte, y de la Unión europea, por otra parte. (artículo 299-2 del Tratado de Amsterdam).

El acercamiento a los estándares sociales metropolitanos, que no fue  inmediato a la departamentalización, sería percibido como un progreso que la metrópoli debía llevar a buen término para expresar así la solidaridad de los elementos de la República francesa, una e indivisible. 

Hoy los martiniqueños se benefician teóricamente del mismo sistema político de Francia metropolitana. Comparada a la de los territorios vecinos, la pobreza tiene características muy diferentes, dado que existe una protección social y el estado ofrece ayuda a los más desfavorecidos.

Sin embargo, la gran deuda de la metrópoli de la etapa colonial no ha sido hasta el presente completamente saldada. La isla sufre de un retraso estructural importante a nivel de las infraestructuras. Un plan de urgencia ha sido reclamado al Estado francés por parte de las autoridades de la región desde 1997.