Mauricio Báez

Historia, República Dominicana

Mauricio Báez de los Santos (1910-1950). Máximo prototipo del sindicalismo dominicano. Desarrolló sus actividades en San Pedro de Macorís durante las décadas de 1930 y 1940. Periodista especializado en temas laborales. Dirigente del Partido Socialista Popular en 1946-1947.

Nació en Palenque el 23 de septiembre de 1910 en el seno de una familia de campesinos y jornaleros. Marchó muy joven a la zona azucarera del Este, como parte de flujos migratorios que se producían en la época. A partir de un momento dado, entró como bodeguero en bateyes de colonias cercanas a San Pedro de Macorís. Se preocupó desde entonces por la superación personal a través del estudio, por lo cual se trasladó a esa ciudad, donde encontró trabajo como marino, como se llamaba a una parte de los estibadores del puerto que cargaban los buques lejos del muelle.

Al tiempo que iniciaba estudios formales, a mediados de los años treinta comenzó a escribir artículos en diversos periódicos, entre ellos Combate, propiedad de su primo Antonio Báez. En ellos denunciaba las condiciones de trabajo imperantes en la región oriental. Lo hacía con todo el cuidado por lo peligroso que resultaba cuestionar la explotación social. Manifestaba de palabra adhesión al régimen como medio de protección, proclamaba a Rafael Leonidas Trujillo Molina como defensor de los trabajadores y procuraba mantener buenas relaciones con funcionarios provinciales, mientras iba dando forma a su sensibilidad ante los problemas de la clase trabajadora por medio de este ejercicio del periodismo. Se vinculó a intelectuales jóvenes de orientación marxista, algunos de los cuales lo ayudaron en su educación, como Víctor Ortiz.

En 1939 el régimen dio luz verde a la organización de gremios obreros, término que se utilizaba para denotar un tipo de entidad centrada en la ayuda mutua y la defensa de intereses del oficio. Junto a algunos activistas, hizo del Gremio de Marinos una base para la promoción de la organización obrera en Macorís. En los años siguientes, Báez propició la fundación de gremios en los principales oficios y centros de trabajo. La culminación de esta labor fue la organización de los trabajadores del campo, ya con una visión sindical más definida.

En 1943 se fundaron las federaciones provinciales del trabajo, destinadas a agrupar a los gremios de cada demarcación provincial. Báez fue electo presidente de la federación macorisana. Consolidó un núcleo de dirigentes compuesto por Nicolás Mercedes, Justino José del Orbe, Teódulo Guerrero Montás, Víctor Conde, Providencia viuda Lugo y otros.

Hacia 1945 se incrementó la agitación obrera a causa de la inflación. Mauricio Báez estuvo vinculado a varias huelgas que se produjeron en el área urbana y en el sector azucarero. Preparó así las condiciones para la huelga general azucarera, en enero de 1946, en coordinación con la Federación Provincial de La Romana, de reciente creación. De manera sorpresiva, el día 7 de ese mes, todos los ingenios de la zona fueron parados por una demostración contundente de sus trabajadores. Algunos dirigentes vincularon esta huelga con informaciones provenientes de los exilados de que se produciría una expedición armada. El régimen, consciente de que era preciso desmontar este peligroso foco de disidencia, optó por negociar y aceptó los reclamos. En muchos casos los salarios se duplicaron.

A pesar de la moderación que mostró, Trujillo dispuso su asesinato, por lo cual se vio forzado a marchar al exilio en Cuba. El régimen había intentado sobornarlo para ponerlo a su servicio. Báez vivía en la pobreza como cualquier obrero, pero rechazó todo posible beneficio económico personal. En la isla hermana se vinculó con prominentes líderes obreros. Por la radio denunció el régimen de Trujillo y se identificó como miembro del Partido Democrático Revolucionario Dominicano (PDRD), la denominación del Partido Comunista creado en la clandestinidad casi tres años antes.

Tras la huelga azucarera, preocupado por un posible aislamiento internacional, el régimen buscó un acuerdo con el Partido Socialista Popular de Cuba (comunista) para aparentar una apertura democrática consistente en la libre organización obrera y la tolerancia de entidades políticas de oposición. Se convino la creación de una confederación obrera en la que coexistirían trujillistas y comunistas. Como resultado del acuerdo logrado, regresaron al país varios exiliados del PDRD, entre ellos Báez. Aunque él tenía reservas sobre la pertinencia de ese acuerdo, lo acató por disciplina partidaria. A los pocos días de llegar los exilados, ya integrados con militantes que acababan de salir de la prisión, en agosto de 1946, se cambió el nombre al PDRD y se le denominó Partido Socialista Popular, al tiempo que se definió la organización como marxista-leninista y estalinista.

Como parte de la convocatoria de un congreso obrero para crear la Confederación de Trabajadores Dominicanos (CTD), una comisión realizó un recorrido por todo el país. Báez se distinguió por los discursos que pronunció en las manifestaciones de trabajadores. Su liderazgo alcanzó una dimensión nacional y en el Congreso Obrero, celebrado a mediados de septiembre, fue reconocido por los delegados como el líder indiscutible. Fue Báez quien orientó la tónica de las resoluciones principales, todas a favor de importantes reivindicaciones.

Sin embargo, en virtud de los acuerdos entre los comunistas y el régimen, no fue electo secretario general de la CTD, sino secretario de Organización, la segunda posición. Parece que este arreglo le generó malestar y optó por refugiarse en San Pedro de Macorís, dentro del ámbito de su base social. Allí fue hostigado por los servicios de seguridad estatal. Tenía el convencimiento de que resultaba imposible sostener la lucha legal, por lo que entró en conflicto con la orientación reinante entre los dirigentes del PSP.

Cuando se le estrechó el cerco, después que se lograron nuevas conquistas reivindicativas a fines de 1946, consideró que su vida peligraba. Tiempo atrás, había sido objeto de una golpiza a manera de advertencia. Optó por abandonar el país, en marzo de 1947, lo que valió la expulsión, en compañía de Dato Pagán, de las filas del PSP.

En su segundo exilio en Cuba, se vinculó de nuevo a los exiliados, pero esta vez en función de los preparativos expedicionarios que desembocaron en la formación del contingente de Cayo Confite, siendo parte de la tropa, compuesta por alrededor de mil cubanos, trescientos dominicanos y otros cientos nacionales de otros países.

Tras el fracaso del intento expedicionario, por presiones de Estados Unidos, Báez volvió a su labor de denuncia del régimen. No está claro cómo evolucionó ideológicamente. En realidad, nunca había sido un marxista en el sentido teórico. Pero sus compañeros de exilio afirman que siguió siendo un hombre de izquierdas, partidario del socialismo y fiel a su misión de campeón de la causa reivindicativa.

En sus alocuciones radiales se dedicó a detractar al tirano, lo que este no toleraba. Pudo ser esta una de las razones por la que ordenó su asesinato, ejecutado por gángsteres cubanos dirigidos por diplomáticos dominicanos. El 10 de diciembre de 1950 fue secuestrado por tres sujetos, aparentemente conocidos por él, quienes se presentaron en su casa de La Habana y nunca más se supo de él.

 

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