Negritud

Historia, Política, Literatura, Temas caribeños

Negritud.  Movimiento ideológico y literario caribeño de la primera mitad del siglo XX que reunió a escritores negros francófonos y que se proponían el reconocimiento de la identidad del hombre negro ante las políticas metropolitanas de asimilación cultural.

La negritud tuvo también un carácter político: su expresión tradujo ante todo el rechazo de los intelectuales antillanos o africanos al desprecio que siempre sufrieron por parte del mundo blanco, como individuos y como representantes de los pueblos colonizados.

Estos intelectuales se manifestaron contra el racismo, pero también contra los valores capitalistas, materialistas, racionalistas y cristianos, todos los cuales habían consentido la injusticia de la esclavitud y la colonización.

Se reconoce generalmente a tres intelectuales que encabezaron el movimiento : el senegalés Léopold Sédar Senghor (1906-2002), el martiniqueño Aimé Cesaire (1913-2008), el guyanés Léon Gontran Damas, (1912-1978)

Toda una serie de circunstancias están presentes y propician el nacimiento del movimiento de la negritud, y la mayor parte de ellas se ubican en el París de entreguerras.

Una de ellas es la atribución del premio Goncourt en 1921 a la novela Batouala, del martiniqueño René Maran, hecho que conduce a una polémica político-moral apasionada que saca a debate el problema colonial.

Otro factor es el interés que se despierta en la época por el arte negro en París. Los grandes pintores cubistas encuentran en esa manifestación una fuente de inspiración: Picasso en su famoso cuadro Las Señoritas de Avignon se inspirará de una máscara africana al pintar el rostro de una de las señoritas. Paris se convertirá, en los años 20 y 30, en el epicentro de lo que se ha dado en llamar el “tumulto negro”. El mundo negro en París es entonces, ante todo, una moda.

La Revista negra, luego el Baile negro tuvieron un éxito considerable y proporcionaron un público popular a los spirituals, al jazz y a los bailes negros importados de los Estados Unidos. Es así como durante una quincena de años, en el París de la post-guerra, se popularizan la música de jazz y el charleston.

La Revista Negra del teatro de los Champs–Elysées sería uno de los grandes éxitos del music-hall por estos años. Ella revela al público europeo a la futura reina del Folies Bergère y del Casino de Paris, Joséphine Baker, encarnación inimitable de la feminidad negra.

En resumen, París conoce entonces un verdadero entusiasmo popular por Africa Negra, lo que constituye un marco propicio para las reflexiones de los jóvenes estudiantes africanos y antillanos que allí se reúnen.

La Exposición colonial internacional que se hace en París en 1931, será visitada por más de ocho millones de personas.  Esta manifestación consagra el apogeo de la idea imperial en Francia y traduce la voluntad de presentar un imperio colonial triunfante, lo que resultará muy chocante para los intelectuales negros radicados por entonces en esa ciudad.  

Otro antecedente de la negritud es la obra de William Du Bois, (1869-1963) escritor negro norteamericano que asume la defensa de los negros en los Estados Unidos y que es uno de los funfadores del panafricanismo. Du Bois funda la National Association for the Advancement  of Colored People y organiza en 1919 en París la Primera Conferencia Panafricana.

Precedente importante es también la "negro-renaissance" de Harlem (1924-1930), rico y complejo movimiento social, político y cultural en el seno del cual se desarrolla una vida cultural intensa.  Intelectuales y artistas norteamericanos afirman su personalidad negra y denuncian los prejuicios racistas de la sociedad norteamericana.

París ofrece a los "estudiantes coloniales" la oportunidad única de entrar en contacto con los negros de la diáspora, sobre todo norteamericanos, que están a la vanguardia en la búsqueda de la  "African  personality" y en la creación de obras originales.

El trio de la naciente negritud –Senghor, Césaire, Damas- se encuentra además con la mayor parte de los intelectuales americanos "exilados del racismo" que prevalece por entonces en los Estados Unidos, descubren así, ávidamente, sus obras que les habían precedido en el descubrimiento de los valores negros y en la toma de conciencia por el hombre negro de su situación

"Simple reconocimiento del hecho de ser negro (y) aceptación de ese hecho", la negritud, tal y como es concebida y vivida por Césaire o Senghor, está perfectamente de acuerdo con la  "personalidad negra" que aspiran a vivir plenamente los poetas de Harlem. El manifiesto publicado por esos negros americanos en el periódico  The Nation, el 23 de junio de 1926, anticipa las tomas de posición de los estudiantes negros de París.

Hay que reconocer a Aimé Césaire la paternidad de ese neologismo al que su nombre quedó para siempre unido. El mismo Senghor diría: "Hay que reconocer a Césaire lo que es de Césaire, ya que fue él quien inventó el término en los años 1932-1934".

Césaire había ya propuesto una definición del término: "la Negritud es el simple reconocimiento del hecho de ser negro y la aceptación de ese hecho, de nuestro destino de negro, de nuestra historia, de nuestra cultura".

Senghor por su parte define la Negritud como una manera específica de  "asumir los valores de civilización del Mundo negro, actualizarlos y fecundarlos, si fuera necesario con los aportes extranjeros".

Los defensores de la negritud proclaman una revolución cultural basada en la reivindicación de su singularidad étnica. Es un racismo negro opuesto al racismo del blanco colonizador. Es la cultura negra contra la cultura dominante del colonizador, lo que constituye una afirmación de la personalidad del negro, de su historia, de su cultura y de sus costumbres frente al papel dominante de la cultura occidental.

El movimiento se desarrolla en una primera etapa entre 1935 y 1939.

La Negritud contribuye ciertamente a una toma de conciencia anticolonialista pero limitada por una toma de conciencia racial.

Después de 1947, el movimiento tomará un contenido ideológico reaccionario, bajo la influencia de Senghor, ya que será utilizado para ocultar el proceso de diferenciación clasista que tiene lugar en Africa. La poesia de la Negritud se desarrolla particularmente entre 1935 y  1960. A través de la poesía, el hombre negro se atrevió a proclamar su derecho a una existencia autónoma.

Esta poesía tuvo como temas favoritos el orgullo de pertenecer a la civilización africana y la denuncia de todo lo que venía a oponerse a esta comunión: la esclavitud y la opresión colonial. Sin embargo, no dejó de encerrar algunas paradojas: nacida en París, se realiza, se consuma buscando sus raíces, su estilo original donde predominan, según  Senghor, la emoción, el ritmo y la imagen. Al tiempo que se presenta como  "porosa a todos los alientos del mundo", ella exalta un humanismo de la diferencia alabado por Jean-Paul Sartre en su "Orfeo negro", prefacio a la Antología de la nueva poesía negra y malgache, publicada por  Senghor en 1948.

Las críticas a la Negritud han sido numerosas, generalmente apasionadas, en ocasiones violentas.

Por ejemplo el martiniqueño Édouard Glissant consideró que la Negritud es una noción demasiado amplia y demasiado racial como para ser considerada pertinente. Prefirió oponerle el concepto de Antillanidad, surgido en los años 60. Abre así el camino a otros intelectuales antillanos que, después de él, proclamarían su Creolidad (concepto en el cual Césaire no veía más que un “departamento” de la Negritud).

Los africanos anglófonos, por su parte, que no fueron víctimas de una colonización con carácter de asimilación, han expresado generalmente en un tono sarcástico su incomprensión de las reflexiones de los partidarios de la Negritud. Es el caso de Wole Soyinka, que lanza en 1964 su famosa pregunta:  "¿Acaso proclama el tigre su tigritud ?" o, dicho de otra manera por el mismo escritor: "Un tigre no proclama su tigritud, un tigre salta".

El novelista keniano Ngugi Wa Thiong’o, por su parte, ve en la Negritud la expresión de un concepto de inferioridad. Los intelectuales sudafricanos encaran la Negritud como una noción retrógrada además, como una forma de racismo, cercano en fin de cuentas al apartheid, ese "desarrollo separado" que pretende confinar a los negros en sus particularismos.

Algunos pensadores marxistas han acusado a Senghor de dar a ese concepto un contenido restrictivo, y de ocultar con su Negritud la lucha de clases.

René Depestre considera la Negritud como un movimiento reaccionario.

Si es hoy de buen tono el vilipendiar a la Negritud, hay sin embargo que reconocer que este movimiento ejerció durante varias décadas un verdadero monopolio literario y jugó un papel incontestable como locomotora cultural para una buena parte del continente africano.

 

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