Pablo Lara Rodríguez

Deporte, Cuba

Pablo Lara Rodríguez (1968). Pesista cubano. Varias veces plusmarquista mundial y titular olímpico en Atlanta 1996 en los 76 kilogramos.

Pablo Lara nació el 30 de mayo de 1968, en la barriada del Condado, en la ciudad de Santa Clara, al centro del país. Siempre tuvo actitudes para el deporte, destacándose en el béisbol y la lucha del estilo libre, los cuales practicó en sus inicios. Llegó a la halterofilia a los 12 años, influenciado por su tío Lucio Lorda, quien practicaba este deporte y era miembro de la preselección nacional juvenil. En 1983 se impuso en los Juegos Nacionales Escolares, en la provincia de Guantánamo, donde se llevó las tres medallas de oro en la división de los 60 kilogramos.

En las dos ediciones siguientes de las pequeñas olimpiadas de los escolares en Cuba, repitió sus triunfos, pero en la división de los 67,5 kilogramos, bajo la tutela de su entrenador Javier Pérez. Es cuando, debido a sus progresos y virtudes aún siendo tan joven, promovió a la preselección nacional de mayores a punto de cumplir los 18 años.

Cuba participó en las competencias olímpicas de Barcelona, España 1992. En la ciudad catalana, Lara demostró su valía y que era uno de los mejores del mundo en los 75 kilogramos. La lid resultó bien reñida entre él y Fedor Kassapu, de la Comunidad de Estados Independientes, denominación bajo la cual compitieron Rusia y otras repúblicas ex soviéticas. En citas olímpicas solo se premia la suma de los ejercicios del arranque y envión, —o sea, el total de ellos—, y, por ende, solo se otorga una medalla, y no tres como en Juegos Centroamericanos, Panamericanos y otras lides. Quizás la inexperiencia le privó de conquistar la ansiada medalla de oro. Lara y su encarnizado rival levantaron lo mismo: 155 kilogramos en el arranque y 202,5 en el envión para una suma de 357,5. Cuando ocurre un empate, se recurre al menor peso corporal de los contendientes. Este fue el aspecto que no tuvieron presente los preparadores cubanos. Kassapu pesó 74,50 kilogramos en la báscula y Pablo Lara 74,75; es decir, por solo 25 gramos, el cubano perdió increíblemente la medalla de oro.

El pesista cubano regresó a su país y aunque engrosó sus éxitos con una presea de plata olímpica, no se sintió satisfecho con aquella actuación. Tras un breve período de descanso, se dedicó de lleno a los entrenamientos, junto a su avezado guía Rolando Leyva.

A partir del mes de enero de 1993, la Federación Internacional de Halterofilia (FIH) introdujo algunos cambios significativos en los límites mínimo y máximo de las 10 divisiones y, por consiguiente, comenzó una nueva etapa en la historia de este deporte. El objetivo principal de la medida consistía en hacer más realistas las marcas en los dos ejercicios y aparejado con esto, la lucha contra el consumo de productos anabólicos.

Por tal motivo, Pablo Lara empezó a competir en un nuevo peso, los 76 kilogramos. En el mundo, esa división quedó poblada con rivales de altísima calidad. No obstante, Lara se propuso mejorar sus cotas personales al más alto nivel. A finales de 2003, exactamente el 25 de noviembre, ganó las tres medallas de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en la ciudad puertorriqueña de Ponce. Pero lo relevante es que implantó dos récords universales en el envión, su ejercicio preferido. Primero, alzó sobre sus hombros 203 kilogramos y después levantó 205 kilogramos, dejando atrás los 200 del búlgaro Yotov.

Al año siguiente el destacado pesista cubano protagonizó otro momento grande dentro de su carrera deportiva. En el tradicional torneo internacional Manuel Suárez in Memoriam, en Ciudad de La Habana, levantó 160,5 kilogramos en el arranque, lo que significó récord personal y nacional. Ya solo en competencia, solicitó 200 kilogramos para comenzar el envión y los levantó sin dificultades. Luego pidió 205,5 en la palanqueta, medio kilogramo más que su propio récord del orbe. Pablo Lara exhibió seguridad y mucha confianza. En los dos movimientos establecidos del envión y con depurada técnica y sobrada fuerza, elevó la impresionante carga sobre su cabeza, para solo bajarla después de la aprobación de los jueces. No obstante, el registro no fue homologado, pues la Federación Internacional de Halterofilia exige, en estos casos, la tradicional prueba antidoping. La oportunidad de demostrar su capacidad llegó en el mes de marzo de 1995, durante la celebración de los Juegos Deportivos Panamericanos en Mar del Plata, Argentina.

En la ciudad balneario se batió un solo récord mundial en todas las disciplinas y tal honor correspondió al pesista cubano Pablo Lara. El halterista alzó 207 kilogramos en el envión —es decir, uno y medio kilogramo más que lo alcanzado en su país unos meses antes— y dejó atrás la anterior plusmarca de 205. Esta vez sí se homologó el registro por la realización de la obligada prueba de control antidoping unas horas después y que arrojó resultados negativos.

Con la experiencia de lo ocurrido en Barcelona 1992, Pablo Lara asistió a los Juegos Olímpicos de Atlanta, Estados Unidos 1996. El subtitular olímpico y recordista mundial iba por la medalla de oro. Ocurrió un incidente no esperado en una de las presentaciones del cubano sobre la tarima. Mientras ejecutaba el segundo intento en el ejercicio de arranque, con 162,5 kilogramos en la palanqueta, Lara sufrió un peligroso roce al borde de una callosidad que tenía en la palma de su mano derecha y empezó a sangrar profusamente. El equipo médico trabajó en la pequeña herida y no hubo mayores inconvenientes, aunque no volvió a presentarse hasta el ejercicio del envión. En su primer intento, levantó la barra con 205 kilogramos, cifra imposible para sus más cercanos perseguidores, el búlgaro Yotov y el norcoreano Chol Ho, quienes no pudieron salir airosos ni siquiera con 200. El total de 367,5 kilogramos le otorgó a Pablo Lara la ansiada corona olímpica, dejando al balcánico (360) y al asiático (357,5) las medallas de plata y bronce, respectivamente.

Lara se convirtió en el segundo campeón olímpico cubano en el levantamiento de pesas, después de la histórica medalla de oro de Daniel Núñez en la lid olímpica de Moscú 1980, y en el único en poseer dos preseas.

Se retiró del deporte activo meses después y nunca más se vinculó a la halterofilia. Es considerado el mejor pesista cubano de todos los tiempos y como tal figura en la prestigiosa selección de los 100 mejores deportistas cubanos del siglo XX.

 

Bibliografía

Capetillo, Enrique, Miguel Hernández, Miguel Ángel Masjuán y Víctor Joaquín Ortega: Cuba, sus aros de gloria, Editorial Ocean Press [s.l.], 1996.

Forbes, Irene, Ana María Luján y Juan Velázquez: Famosos y desconocidos. Cubanos en Juegos Olímpicos, Editora Pueblo y Educación, La Habana, 2003.

Masjuán, Miguel Ángel y Juan de las Cuevas: Personalidades del deporte cubano, Editorial Científico-Técnica, La Habana, 2007.