Palacio de los Capitanes Generales

Historia, Cuba

Palacio de los Capitanes Generales (1792). Terminado a finales del siglo XVIII, fue hasta 1898 sede del gobierno colonial en Cuba, y posteriormente de la presidencia de la República y del Ayuntamiento de La Habana. En él se encuentra el Museo de la Ciudad de La Habana.

En 1768, un huracán al que se dio el nombre de Santa Teresa derribó la casa de la Plaza de San Francisco que servía de sede a las sesiones del Cabildo de La Habana. Se gestionó entonces, y se obtuvo con rapidez del Rey, autorización para edificar una nueva, acompañada de una cárcel pública. El plano, que según Real Cédula de 7 de diciembre de 1769 ya existía, había sido elaborado por el ingeniero Silvestre Abarca, artífice de la renovación del sistema defensivo de La Habana, tras la recuperación de la ciudad en 1763 de manos de los ingleses.

La obra debía levantarse, como la anterior, en la plaza de San Francisco, y fue sacada a pregón en busca de contratistas, pero no se consiguió ningún postor. El Cabildo acordó acometerla por su cuenta, pero en 1772 la construcción aún no había comenzado. Por entonces llegó a la ciudad una autorización para trasladar la Parroquial Mayor -en estado casi ruinoso desde la explosión en la rada habanera del navío El Invencible, en 1748- al edificio del templo que había pertenecido a la Compañía de Jesús hasta que fuera expulsada en 1767. Esto ofrecía la posibilidad de demoler la vieja Parroquial y reutilizar su espacio en el centro del núcleo urbano, por lo que el capitán general Felipe Fondesviela y Ondeano, marqués de la Torre, propuso al Cabildo "reconstruir la Plaza de Armas y tomar parte del terreno de la vieja Parroquial Mayor para ampliar la Plaza y en la otra parte situar la Casa Capitular y la Cárcel, con agregación de vivienda para los Gobernadores, a imitación de la Real Casa de Correos, que se está construyendo magnífica en el lado norte".

Las obras se iniciaron en 1776, pero avanzaron muy poco durante el gobierno de su promotor y no terminaron hasta 1792, durante el gobierno de Luis de las Casas y Aragorri. Algunos detalles constructivos demoraron algunos años más. En el edificio se emplearon madera, cal y piedra del país, pero otros materiales fueron importados. De Málaga vinieron 100 000 ladrillos cortados y raspados; de Bilbao, las rejas, unas forjadas y otras fundidas; los mármoles, de Carrara y de España, y también se importó la ferretería.

La distribución de funciones instituida ese mismo año de 1792 estableció la residencia del capitán general y gobernador en las habitaciones altas del edificio, con vistas a la Plaza de Armas y a la calle O´Reilly. En el costado de la calle Obispo se ubicaron las oficinas y salas del Cabildo, mientras el frente de la calle Mercaderes era ocupado por la cárcel pública. Entresuelos, pisos bajos y los frentes de la Plaza de Armas y de la calle O´Reilly se subdividieron y fueron alquilados por escribanías y oficinas de contratistas.

En la segunda mitad del siglo XIX, el edificio fue descrito como un cuadrilátero de 80 varas por cada lado, todo de zócalos graníticos y en su mayor parte de sólida mampostería. En 1834 el gobernador de la Isla, general Miguel Tacón y Rosique, decidió trasladar a los reclusos a la fortaleza de La Cabaña, mientras se construía una cárcel nueva. De ese modo se liberó una parte significativa de la edificación y se emprendió la ampliación de la vivienda del gobernador y de los locales del Cabildo. En las décadas de los 50 y 60 del siglo se llevaron a cabo otras transformaciones, principalmente en los interiores.

Al advenimiento de la república el edificio se convirtió en Palacio Presidencial, hasta que hacia 1920 se culminó una nueva sede para el gobierno en la Avenida de las Misiones (hoy Museo de la Revolución). En la década del 30 se emprendieron nuevas mejoras y reformas en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales, bajo la dirección de Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, que construyeron en el fondo la galería de la parte alta, con lo cual el patio adquirió un admirable aspecto.

El edificio, al igual que el Palacio del Segundo Cabo, había sido construido con piedra caliza conchífera del país, áspera y con muchas oquedades. Sus muros estaban revocados, pero en la restauración de 1930 se les quitó el revoque, con lo que quedó al descubierto la excelente sillería de ambos edificios.

En la actualidad, el Palacio es sede del Museo de la Ciudad de La Habana, y sus colecciones atesoran valiosos fondos de la historia y la cultura habanera, y cubana en general.

 

Bibliografía

Cuevas Toraya, Juan de las: Quinientos años de construcciones en Cuba, D. V. Chavín, Servicios Gráficos y Editoriales S.L., La Habana, 2001.

Roig de Leuchsenring, Emilio: La Habana. Apuntes históricos, 3 t., Ed. del Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1964,

Romero Alfau, Fermín: La noble Habana, Ed. Pablo de la Torriente, La Habana, 1992.

Weiss Sánchez, Joaquín: La arquitectura colonial cubana: siglos XVI al XIX,  Instituto Cubano del Libro, Junta de Andalucía, La Habana-Sevilla, 1996.