Prensa colonial cubana

Periodismo, Cuba

Prensa colonial cubana (1790-1868). Etapa en que los periódicos y revistas que se iniciaban en la Isla se convirtieron en instrumentos de promoción de diferentes tendencias políticas.

El 24 de octubre de 1790, bajo el gobierno de don Luis de las Casas, apareció el primer número del Papel Periódico de La Havana, publicación fundacional en la historia de la prensa cubana, que estuvo hasta 1793 a cargo de Diego de la Barrera, y en ese año pasó a la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana. Entre 1782 y 1783 había circulado la Gazeta de la Havana, pero con alcance e incidencia social tan escasos, que el mérito de primer periódico cubano corresponde al Papel Periódico de La Havana.

Entre 1810 y 1868 la prensa cubana fue exponente y vocera de las corrientes encontradas que signaron las pugnas políticas hasta el inicio de la Guerra de los Diez Años (1868-1878). La invasión napoleónica a España y la posterior proclamación de la Constitución de Cádiz, en 1812, tuvieron singular trascendencia en el devenir histórico de las publicaciones en Cuba, al debilitarse temporalmente los lazos con la metrópoli; la prensa alcanzó entonces un enfoque más liberal.

En esa etapa surgieron, además, las primeras publicaciones periódicas en las ciudades de mayor desarrollo social: El Amigo de los Cubanos (1805), en Santiago de Cuba; Espejo de Puerto Príncipe (1812) y La Gaceta de Puerto Príncipe (1812), en Camagüey; Corbeta Vigilancia (1820), en Trinidad; Semanario de Matanzas (1822), en Matanzas; El Eco (1831), en Santa Clara; El Fénix (1834), en Sancti Spíritus, y La Hoja Económica (1845) en Cienfuegos.

En el período de 1810 a 1814, La Habana vivió una etapa de apogeo periodístico, caracterizada por la aparición de publicaciones de diverso tipo: políticas y literarias, científicas y técnicas, económicas y mercantiles, humorísticas y satíricas.

En enero de 1809 inició su publicación El Aviso de La Habana (Papel Periódico Literario Económico). Un año más tarde salió a la luz el Diario de La Habana -editado por la Sociedad Económica de Amigos del País de esa ciudad-, que pasó a llamarse Diario del Gobierno de La Habana entre 1812 y 1813. Otras publicaciones que surgieron en la etapa fueron el semanario Censor Universal (1811), y en 1812, Gazeta Diaria y Tertulia de La Habana. A partir del segundo semestre de ese año y durante todo el siguiente, Antonio José Valdés imprimió el diario La Cena.

El destacado impresor Pedro Nolasco Palmer tuvo a su cargo El Patriota Americano (1811-1814). Entre 1813 y 1814 sobresalió El Noticioso, dirigido por Manuel Francisco Salinero e impreso en los talleres de Palmer, con dos ediciones: Noticioso de la mañana y Noticioso de la tarde.

La reimplantación del absolutismo en España, en 1814, significó una ruptura en el desarrollo de la mayoría de estas publicaciones, por lo cual el triunfo de los liberales españoles en 1820 repercutió en La Habana. En el intervalo entre el pronunciamiento del teniente coronel Rafael de Riego el 1º de enero de 1820, en Andalucía, y la restauración absolutista por Fernando VII en 1823, se imprimieron en La Habana aproximadamente ochenta nuevos títulos, la mayor parte de los cuales se ocupó del debate político, aunque en otros los temas literarios tuvieron espacio preferente.

Tiburcio Campe dirigió El Español Libre (1822-1823), de tendencia conservadora, que tuvo entre sus principales detractores a El Americano Libre (1822-1823). Este último legó su herencia a El Revisor Político y Literario, al cual se sumaron publicaciones como El Tío Bartolo (1820-1821), de José María Aguiar; Botiquín Constitucional (1820-1821), y su sucesor El Impertérrito Constitucional (1821). Campe también publicó el bisemanario El Navío Arranchador (1820-1821) y tras el cierre de El Español Libre comenzó a editar El Práctico Constitucional.

Al mismo tiempo, la imprenta Amistad publicó Redactor General, mientras que Juan y Leandro de Castro tuvieron a su cargo La Gaceta de La Habana, en ese tiempo de frecuencia trisemanal. A finales de 1821 y durante dos años más se editó el Amigo de la Constitución, de cuyas prensas salieron además El Esquife Constitucional (1821-1822) y El Gorro Americano (1822). Por su parte, la Imprenta del Comercio realizó uno de los periódicos más duraderos de la época, el Indicador Constitucional, del cual se publicaron 1 245 números entre junio de 1820 y noviembre de 1823. Otro periódico de larga vida fue el Noticioso Mercantil de La Habana, que se publicó a partir de 1823.

En esos años comenzó a circular El Argos, editado por José Fernández Madrid. En 1820 se publicaron La Mosca y El Mosquito, redactados por Ignacio Valdés Machuca y José Antonio Miralla, y La Lira de Apolo, totalmente en verso. En 1821 apareció La Muger Constitucional, que se considera precursor del feminismo.

A partir de 1823, con la reimplantación del absolutismo en España, la prensa habanera cayó en decadencia. Solo persistieron la Gaceta de La Habana, el Diario de La Habana y El Noticioso (antes Noticioso Constitucional, ahora Noticioso Mercantil). Entre los intelectuales que debieron escapar de la reacción colonial se contaba Félix Varela, quien desde su exilio en Filadelfia publicó El Habanero, del cual se imprimieron solamente siete números, que se enviaron a Cuba de forma clandestina. El Habanero tuvo gran influencia en el desarrollo de las ideas independentistas.

En 1827 empezó a circular Anales de Ciencias, Agricultura, Comercio y Artes, que se mantuvo hasta 1830.

Por ese entonces La Habana -una de las ciudades más grandes de Iberoamérica- contaba con 140 000 habitantes, y se necesitaban publicaciones para esa sociedad cada vez más cosmopolita. Entre ellas, se ofrecieron al público La Moda o Recreo Semanal del Bello Sexo (1829-1831) y El Nuevo Regañón (en 1830; con posterioridad El Regañón, Semanario de La Habana). En 1831 aparecieron tres títulos aparecieron tres títulos relevantes. En primer lugar, la Revista Bimestre Cubana, creada por José Antonio Saco, que incluía traducciones de obras teatrales y de poesía, así como comentarios literarios y de temas de actualidad. El segundo fue Lucero de La Habana, que más tarde se fusionó con el Noticioso Mercantil. Por último, salió al público Anales de Agricultura e Industria Rural, editado por Ramón de la Sagra.

A finales de 1833 al morir Fernando VII y establecerse la regencia de María Cristina, y nombrarse al frente del Consejo de Gobierno a Francisco Martínez de la Rosa en 1934, se convocaron las Cortes y se inició un nuevo período liberal moderado. En esos momentos la prensa cubana comenzó a restablecerse, después de una década marcada por la censura. Sin embargo, no se recuperaron los niveles de discusión alcanzados en el trienio 1820-1823, circunstancia que no volvería a producirse hasta 1869. El Noticioso y Lucero, la primera empresa periodística cubana -resultante de la fusión del Noticioso Mercantil y del Lucero de La Habana- se mantuvo hasta 1844. El 1o de abril de ese año se transformó en Diario de la Marina, que perduró más de un siglo, hasta 1959. En esa época surgieron revistas literarias de orientación romántica, cuyo auge hizo de La Habana la ciudad de América con mayor cantidad de esa clase de publicaciones.

A mediados del siglo XIX ganó auge el movimiento a favor de la anexión de Cuba a Estados Unidos. Muchas publicaciones, la mayor parte de ellas impresas fuera de la Isla, se hicieron eco de esa corriente política. Así, Gaspar Betancourt Cisneros editó desde Nueva York el periódico La Verdad, que difundía en inglés y español los criterios de los cubanos anexionistas.

En las décadas de los años 40 y 50 del siglo XIX surgió un importante conjunto de revistas, la mayoría de muy corta duración. Las más destacadas fueron El Almendares (1852-1853), fundada por Idelfonso Estrada, y la Revista de La Habana (1853-1856), a cargo de Rafael María de Mendive. Hasta el año 1868, que por el inicio de la Guerra de los Diez Años transformó el panorama periodístico cubano, siguieron apareciendo revistas literarias y satíricas de alto vuelo, a las que se sumaron publicaciones especializadas.

En 1865, el obrero tabacalero Saturnino Martínez publicó el semanario La Aurora, primero dedicado a servir los intereses de los trabajadores. Para él escribieron destacados intelectuales de la época como Joaquín Lorenzo Luaces, José Fornaris y Felipe Poey. En octubre de 1868, al estallar la Guerra de los Diez Años, La Aurora cerró, bajo la presión de las autoridades coloniales, pues las tensiones en torno al futuro político de la Isla tenían su expresión en la prensa. En 1861, José Quintín Suzarte fundó El Siglo, vocero del reformismo. Por su parte, Eduardo Facciolo Alba, primer mártir del periodismo cubano, editó en 1852 el diario clandestino La Voz del Pueblo, de orientación independentista.

 

Bibliografía

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