Ramón Emeterio Betances

Historia, Política, Puerto Rico

Ramón Emeterio Betances y Alacán (1827-1898). Prócer independentista puertorriqueño, de vocación antillanista, principal artífice de la insurrección armada conocida como Grito de Lares. Médico, diplomático, periodista y escritor. Por su quehacer revolucionario es conocido como el Padre de la Patria puertorriqueña.

Ramón Emeterio Betances nació el 8 de abril de 1827 en Cabo Rojo, Puerto Rico, en una familia de hacendados que poseía numerosos latifundios y esclavos.  Realizó estudios primarios con la supervisión de tutores. En 1827, cuando contaba diez años, fue enviado a continuar su formación en Toulouse, Francia, donde recibió en 1846 el diploma de bachiller. Regresó a Puerto Rico y luego de un tiempo volvió a Francia, con el propósito de matricular en la Facultad de Medicina de la Universidad de París, aunque también asistió durante el verano de 1852 a la de Montpellier. El clima político y social que se respiraba en la nación europea ejerció influencia en su percepción de las problemáticas de su tierra. Así, comenzó a rechazar las ideas autonomistas entonces en boga y se hizo partidario de la independencia total de Puerto Rico y de la eliminación de la esclavitud. Durante su época de estudiante en Francia también incursionó en las letras y mostró su interés por la patria en narraciones como Les deux indiens. En 1855 se graduó finalmente con los títulos de Doctor en Medicina y Cirugía.

De regreso en Puerto Rico, al año siguiente empleó sus conocimientos en la lucha contra una epidemia de cólera que asolaba a la zona de Mayagüez. Allí, junto al Dr. José Francisco Basora, llevó a cabo un profundo trabajo de higienización y sanidad y se desempeñó de manera altruista como director del hospital local,  prestando atención médica a los ciudadanos sin miramientos de raza ni posición social.

Miembro de una familia que figuraba en los registros entre las caracterizadas por la mezcla racial -lo que la había hecho víctima de discriminaciones-, se mostró siempre orgulloso de su condición y ascendientes africanos. Su afiliación a la masonería desde edad muy temprana matizó su ideario antiesclavista. En 1856 fundó una organización cívica que, al igual que otras de su clase que los historiadores denominan Sociedades Abolicionistas Secretas, se encargó de la liberación de niños esclavos, ya fuese comprándolos ante la pila bautismal o enviándolos de manera clandestina a otros países. Este desempeño le valió amenazas de expatriación por parte de las autoridades españolas, de ahí que se retirara por un tiempo a París.

La pérdida de su prometida María del Carmen Hénri, fallecida en Francia en abril de 1859, lo dejó devastado. Más adelante expresaría su pérdida en la historia corta La Virgen de Boriquen, inspirada en su breve noviazgo, que muestra ecos de la narrativa de Edgar Allan Poe.

Después de su retorno a Puerto Rico en 1859, su prestigio como médico y cirujano oftalmológico se acrecentó. En esa nueva etapa en su patria, Betances introdujo adelantos en la medicina y el control epidemiológico, con nuevos procedimientos asépticos y quirúrgicos. Así, realizó la primera operación bajo cloroformo en el país. Se dedicó además a obras de beneficencia que lo hicieron merecedor del calificativo de médico de los pobres. A propuesta suya se fundó el Hospital San Antonio, que es hoy una clínica de pediatría y obstetricia.

A partir de nuevas amenazas de destierro en el año 1861, Betances peregrinó por el Caribe, Estados Unidos y Francia hasta 1875, pues su presencia en cualquier lugar resultaba inquietante para las autoridades españolas. En República Dominicana trabó relaciones con los independentistas Gregorio Luperón y Fernando Arturo de Meriño. Aprovechando la efervescencia revolucionaria en suelo dominicano, desplegó un plan con fines abolicionistas que le valió recibir nuevas intimidaciones, por lo que se vio obligado a viajar a Estados Unidos.

En Nueva York fue recibido por la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico, creada en 1865 para lograr la libertad de ambas islas. Ese organismo rector de la insurrección había dado a conocer en el mismo año su programa de acción, en un manifiesto en el que llamaba a la unidad de los pueblos de Cuba y Puerto Rico para el logro de la independencia; a la lucha por la preservación de la soberanía en Haití y República Dominicana; a la justicia social y a la preparación de una Confederación de las Antillas libres, llamada a unir a las pequeñas naciones del Caribe para defender su emancipación. En noviembre del mismo año, en Saint Thomas (Islas Vírgenes), Betances dio a la luz pública la proclama Los diez mandamientos de los hombres libres, que contenía los lineamientos del movimiento revolucionario en ciernes. En ella se exigía una serie de condiciones que España con seguridad no estaría dispuesta a cumplir, por lo que señalaba, una vez más, que la independencia era la única vía posible para el alcance de demandas como la abolición de la esclavitud y la libertad de expresión.

El 21 de agosto de 1867 Betances fundó el Comité Revolucionario de Puerto Rico, con el propósito de obtener la independencia y la abolición de la esclavitud. Organizó desde el exilio una insurrección armada cuyo inicio se programó para el 29 de septiembre de 1868, pero que, tras haber sido descubierta, tuvo que ser adelantada para el día 23 de septiembre. El líder no pudo lograr que el suministro de armas llegase a los insurrectos para la fecha concertada, y la rebelión, que históricamente se conoce como Grito de Lares, fue cruelmente reprimida. Ramón Emeterio Betances fue el primer presidente independiente del gobierno provisional surgido de dicho levantamiento.

Sin embargo, este duro revés no significó el fin de la revolución para el pertinaz luchador. En Saint Thomas se reunió una vez más con el dominicano Gregorio Luperón y le dio su apoyo para la lucha contra el dictador Buenaventura Báez, que planeaba la anexión de la República Dominicana a Estados Unidos, pues Betances consideraba que la independencia de esa nación vecina era absolutamente necesaria para lograr la de Puerto Rico.

Otra vez expulsado, se retiró a Estados Unidos, donde continuó su quehacer a favor de la libertad de los pueblos caribeños. Observando las aspiraciones anexionistas que permeaban las distintas asociaciones, las combatió abiertamente, bajo el seudónimo de El Antillano, en el periódico El Federalista y La Opinión Nacional. A través del periodismo, vinculó el proceso libertario de la mayor de las Antillas con el de su nación; denunció los atropellos y persecuciones llevados a cabo por las autoridades españolas luego del Grito de Lares y repudió el régimen dictatorial y anexionista de Báez en la nación dominicana.

En 1869 tradujo el texto Toussaint Louverture, del norteamericano Wendell Phillips, abogado estadounidense que defendió la causa del abolicionismo y a los indígenas norteamericanos. Al año siguiente publicó el ensayo Washington haitiano, acerca de la figura de Alejandro Petion, en el cual recalcó la necesidad de relaciones de hermandad entre los pueblos de Haití, República Dominicana, Puerto Rico y Cuba. En este texto, Betances también combatió las pretensiones expansionistas estadounidenses, las viejas rencillas entre haitianos y dominicanos sustentadas en cuestiones raciales, y exaltó la independencia haitiana que otorgo la libertad a los negros y los convirtió en los líderes y dueños de sus propios destinos. Con estos trabajos aspiraba a exaltar la Revolución Haitiana como ejemplo para el resto de las naciones antillanas.

Su aguda visión apreció los nuevos derroteros de las relaciones entre los pueblos de América y Estados Unidos. Alarmado por el inmenso peligro que representaba este país para la emancipación antillana, pronunció en 1872, en La Gran Logia Soberana de Haití, uno de sus más conocidos discursos, que ha pasado a la historia con el nombre de Las Antillas para los antillanos, por la frase que lanzó en esa ocasión. En él planteaba nuevamente la imperiosa necesidad de la unión antillana para lograr y preservar la libertad.

En ese mismo año trasladó su residencia permanente a París, donde vivió hasta su deceso. En 1875 visitó durante breve tiempo las Antillas con la finalidad de estimular el estallido de un nuevo movimiento independentista, pero su intento fracasó. Desilusionado, volvió a la urbe parisina, donde se dedicó al ejercicio de la medicina, combinando sus tareas de índole política con la investigación científica y la publicación de artículos especializados. No obstante, siguió interesándose por los acontecimientos que tenían lugar en Cuba, República Dominicana y Haití. En 1880 fue designado Primer Secretario de la Legación de la República Dominicana en Francia. Luego de la fundación del Partido Revolucionario Cubano, en 1892, recibió por correspondencia una petición de José Martí para que desempeñara la labor de Delegado General de la Sección de Puerto Rico en esa organización. Desde aquel momento recaudó fondos y compró armamento para la causa cubana, y fue un incansable difusor, ante la opinión pública, de la situación de la mayor de las Antillas. En este mismo período, se opuso enérgicamente a la conversión de Haití en un protectorado francés o norteamericano, debido a las consecuencias que ello tendría para la integridad territorial del Caribe.

Ramón Emeterio Betances murió en París el 16 de septiembre de 1898. Veinte años después, sus restos fueron trasladados a Cabo Rojo, su lugar natal.

 

Bibliografía activa

Toussaint L’ouverture, los dos indios (1852)

Las cortesanas en París (1853)

Un premio de Luis XIV (1853)

La Vièrge de Borinquén (1859)

La botijuela (1863)

Washington Haitiano (1871)

Los viajes de Scaldado (1890)

Bibliografía pasiva

De Armas, R: "La idea de unión antillana en algunos revolucionarios cubanos del siglo XIX". En Anales del Caribe, nº 4-5, Centro de Estudios del Caribe, Casa de las Américas, La Habana, 1985, p. 140-173.

Delgado García, G: Betances, médico y revolucionario, Ed. Patria, La Habana, 1975.  

Dilla, Haroldo y Emilio Godínez: Ramón Emeterio Betances, Ed. Casa de las Américas, col. Pensamiento Nuestra América, La Habana, 1983.

Godínez Sosa, Emilio: “Betances y la prensa revolucionaria cubana”,  Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, 37-60, La Habana, enero-abril de 1987.

Maldonado-Denis, Manuel: "Significación histórica de Betances: revolucionario antillano". En Betances, revolucionario antillano y otros ensayos, Editorial Antillana, Río Piedras, 1978, p. 13-52.

Ojeda Reyes, Félix: El Desterrado de París: Biografía del Dr. Ramón Emeterio Betances (1827–1898), Ed. Puerto, San Juan, Puerto Rico, 2001.

Rama, Carlos: Prólogo a Las Antillas para los antillanos, San Juan, Puerto Rico, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1975.

Ramos Mattei, Andrés: Betances en el ciclo revolucionario antillano: 1867 - 1875, Instituto de Cultura Puertorriqueña, San Juan de Puerto Rico, 1987.   

Suárez, Ada: Obras del doctor Ramón Emeterio Betances. Epistolario, Ediciones Huracán, La Habana, 1978.