Ramón Roa Traviesa

Historia, Cuba

Ramón Roa Traviesa (1844-1912). Uno de los más destacados intelectuales cubanos de las revoluciones independentistas cubanas del siglo XIX. Autor de valiosos textos que forman parte de la literatura de campaña 1868-1898 de aquellas gestas.

Nació Roa en Cifuentes, pequeño poblado de la provincia de Las Villas, el 22 de noviembre de 1844. En algunos trabajos aparece erróneamente Garí como su segundo apellido, aunque se sabe que este se utilizó como un seudónimo para referirse a su madre. Como Máximo Gómez, Roa Traviesa participó en la Guerra de Restauración de la República Dominicana entre 1861 y 1865.

Al estallar la Guerra de los Diez Años en Cuba, el diez de octubre de 1868, Roa se encontraba en esos momentos en Argentina, fungiendo como secretario personal del presidente de la republica Domingo Faustino Sarmiento. Pero al tener noticias de los inicios de la insurrección liberadora cubana, tomó un buque y se trasladó hacia la ciudad norteamericana de Nueva York.

A los pocos días de su llegada se enroló en la frustrada expedición de la goleta Liliam, cuyo jefe fue Domingo Goicuría. Al fracasar este intento, se involucró entonces en el segundo viaje expedicionario de la goleta Salvador. Finalmente, arribó a las costas cubanas el 17 de septiembre de 1870 por el poblado de Casilda, situado en la costa sur del centro de la Isla. Al desembarcar halló condiciones muy difíciles dentro de la región y entre los combatientes para llevar a cabo la guerra por aquella zona; esto le hizo continuar camino hacia el este, llegando al territorio de Holguín después de recorrer decenas de kilómetros a pie por unos cuantos días.

Tras varios meses de fogueo y participación en la contienda, a inicios de 1872 ya ostentaba los grados militares de capitán y con ellos pasó a combatir al Camagüey. Una vez aceptado en aquel mando, el general Francisco Villamil le confió la tarea de dirigir un batallón. No obstante, a los pocos días fue transferido al Estado Mayor de Ignacio Agramonte. Inmediatamente, este último, también conocido como El Mayor, lo nombró su secretario y ayudante personal. Junto a él participó en varias acciones combativas como las de El Salado, Jacinto y el famoso combate de Jimaguayú, donde Agramonte perdió la vida el 11 de mayo de 1873. En julio de ese año asumió el mando del Camagüey el mayor general Máximo Gómez. Roa se convirtió en su nuevo secretario personal y miembro de su Estado Mayor. Bajo el mando directo de Gómez estuvo presente en disímiles acciones bélicas, sobresaliendo entre muchas: Las Yeguas, Santa Cruz del Sur, La Sacra, Palo Seco, Naranjo-Mojacasabe y la batalla de Las Guásimas, ocurridas entre los meses de noviembre de 1873 y marzo de 1874.

El 25 de mayo de 1874 fue ascendido al grado de comandante. En enero de 1875 partió junto con Gómez hacia el occidente de la Isla para desarrollar el segundo intento de invasión de la Revolución del 68. El 24 de julio fue promovido al grado de teniente coronel. Al llegar el mes de octubre lo asignaron al Estado Mayor del mayor general Julio Sanguily, quien lo nombró secretario-ayudante.

Su presencia en la contienda mambisa alcanzó nuevos quilates, cuando el 29 de marzo de 1876, el presidente de la República de Cuba en Armas, Tomás Estrada Palma, lo señaló para el cargo de secretario de Relaciones Exteriores del gobierno revolucionario, y además de esta importante encomienda, durante su estancia en el gobierno mambí alternó esa responsabilidad de modo interino con el cargo de secretario de Hacienda.

Después de varios meses de laboreo gubernamental, Roa Traviesa solicitó su renuncia a tan altos cargos el 21 de enero de 1876. Al ser aceptada, se incorporó de inmediato al Regimiento Jacinto, perteneciente a la jefatura de la región camagüeyana. Desde ese puesto se opuso firmemente a la sedición de Santa Rita, acaecida en el mes de abril de 1877.

En los momentos finales de la guerra insurrecta se integró a la dirección del Comité Revolucionario del Centro, entidad política que concertó con los representantes del gobierno español el Pacto del Zanjón el 10 de febrero de 1878, al cual se opuso Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá. A través del convenio, varias fuerzas revolucionarias aceptaron terminar la guerra, sin haber alcanzado la independencia de España ni la soberanía nacional. Tampoco se eliminaba a escala nacional el odioso régimen de la esclavitud.

Como parte de esas actividades políticas, Roa fue el portador, junto con el coronel Emilio Luaces, de la carta dirigida al general español Arsenio Martínez Campos, mediante la cual aquellos hombres expusieron sus causas para acceder a las propuestas españolas de concluir la lucha sin independencia para los cubanos. Aunque debe destacarse que en el documento se plantaron determinadas modificaciones a las proposiciones originales hechas por España.

Al concluir la Guerra del 68 aceptó un puesto de trabajo ofrecido por el gobierno español de la Isla. Además, durante los años 80 y 90 -los cuales se llamaron por José Martí como años de una Tregua Fecunda o Reposo Turbulento- en tanto los patriotas cubanos continuaron conspirando y organizándose por una nueva contienda independentista, Ramón Roa (como hicieron otros combatientes) se dedicó a reunir y escribir sus memorias de la Guerra del 68, para no dejar escapar sus recuerdos y a un mismo tiempo legar a las futuras generaciones las experiencias de la década gloriosa de la revolución.

Sin embargo, las narraciones, descripciones y juicios sobre sus vivencias y participación, portaron una descarnada crudeza de aquellos difíciles años. Sin demeritar los ideales y entrega revolucionarios de los cientos de mambises cubanos participantes, el texto inicial de Roa contenía vívidos pasajes de las no pocas dificultades materiales y físicas de la vida en la manigua que por momentos tendían al desaliento.

En 1890 se publicó su primera obra titulada A pie y descalzo. Pero en esos mismos años, José Martí se encontraba enfrascado en una ardua organización revolucionaria con vista a reunir todos los elementos necesarios que le permitiesen reiniciar la lucha. Para el Apóstol de la independencia de Cuba resultaba vital el apoyo de los viejos y nuevos combatientes. La unidad de ellos en torno a la causa cubana dependía, en buena medida, del apoyo político y psicológico de los veteranos luchadores, donde la gesta del 68 constituía una importantísima fuente de motivación. De esa esencial necesidad, para Martí el libro de Roa se presentó como un elemento que podía retrotraer sus aspiraciones, pues el enfoque del libro se inclinaba hacia una franca consternación moral.

Martí, sin negar en absoluto las verdades que contenía el libro, expresó públicamente sus desacuerdos con la obra, teniendo en cuenta el contexto organizativo y conspirativo en que se hallaba la nueva revolución. Estimó poco adecuada su publicación en ese momento histórico. La polémica no se hizo esperar. Roa respondió a Martí, explicando que el texto era el fruto de sus críticas vivencias personales y no por ello dejaban de contener deseos independentistas.

Por varias semanas se extendió el debate público en los periódicos de la emigración revolucionaria cubana, ubicada básicamente en la cuidad de Nueva York. Otro destacado combatiente del 68, Enrique Collazo (autor de Desde Yara hasta el Zanjón, 1890), intervino en la polémica en apoyo de Ramón Roa. De allí el hecho de que esta famosa disputa se conozca en la historia de Cuba como "a polémica Roa-Collazo-Martí". Es sabido que Manuel Sanguily también apoyó a Roa. Y poco es conocido que Máximo Gómez participó también en la disputa intelectual para defender los criterios martianos, al expresar algunas opiniones desde el periódico dominicano El Porvenir.

Por suerte, las diversas opiniones sobre el libro se zanjaron entre todos, al reconocer de forma unnime que la independencia de Cuba era la tarea más importante y decisiva de ese instante. Entre 1890 y 1898, Roa publicó la segunda parte de sus memorias bajo el rótulo de Montado y calzado. En la década del 60 del siglo XX, ambos textos se publicaron en Cuba bajo el título Pluma y machete.

Roa Traviesa no participó en la Guerra de Independencia de 1895. Se trasladó con su familia a las Islas Canarias, donde radicó hasta el final de la lucha en 1898. Ese mismo año regresó a Cuba, al concluir la contienda.

En la república se desempeñó en diferentes cargos públicos como el de oficial de la Secretaría de Hacienda, clasificador de documentos en el Archivo Nacional de Cuba, llegando a ser su subdirector. Además, fue miembro de la Academia de la Historia de Cuba. Ramón Roa Traviesa murió el 12 de enero de 1912.  

 

Bibliografía activa

Pluma y Machete, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1969.

Bibliografía pasiva

Colectivo de autores: Diccionario enciclopédico de Historia Militar de Cuba, t. I, Editorial Verde Olivo, La Habana, 2001.

Instituto de Historia de Cuba: Historia de Cuba. Las luchas por la independencia nacional y las trasformaciones estructurales. 1868-1898, Editora Política, La Habana, 1996.

Loyola, Oscar y Diana Abad: Historia de Cuba II. La Guerra de los Diez Años, t. I, Editorial Félix Varela, La Habana, 2002.

Tremols y Amat, Abdon: Los patriotas de la Galería del Ayuntamiento de La Habana, Imprenta La Prueba, La Habana, 1917.