Saint Domingue

Historia, República Dominicana

Saint Domingue. Colonia francesa situada en el oeste de la isla de Santo Domingo.

De todo el inmenso territorio que España poseyó en América, el único que no pobló ni explotó fue el del archipiélago de las Antillas Menores, compuesto por numerosas islas de tamaño reducido que calificó de “inútiles” por carecer de metales preciosos, aunque siempre lo reivindicó como suyo. Abandonadas e indefensas, parecía que esas islas habían sido olvidadas hasta que, a finales del siglo XVI, las principales potencias europeas enemigas de la corona española se interesaron en ellas.

En 1622, el inglés Thomas Warner llegó a la isla de San Cristóbal. Como esta tenía abúndate agua, un suelo fértil y varias salinas, volvió a ella en 1624 con 13 hombres, y se dedicó al cultivo de tabaco. Los indígenas lo hubieran matado de no ser porque, poco después, los franceses Urbain Du Rossey y Pierre D' Esnambuc arribaron por azar a la isla. Luego de varias conversaciones, Warner y los franceses decidieron compartir el lugar amigablemente.

Aun cuando España no quiso colonizar las Antillas Menores, nunca consintió que otros países se apoderasen de ellas. De modo que en 1629 el almirante Fradique de Toledo, tras recibir la orden de recuperar San Cristóbal, logró expulsar a los intrusos, que llegaron a la costa occidental de Santo Domingo, que se hallaba deshabitada y llena de reses y puercos cimarrones, y resolvieron quedarse en ella. Dicha costa había estado poblada hasta 1606, cuando el rey de España dispuso que sus vecinos fuesen trasladados al interior de la colonia con objeto de cortar de raíz el contrabando que realizaban con extranjeros.

Temiendo otro ataque español, los refugiados de San Cristóbal buscaron otra isla más pequeña en la que pudieran defenderse y la encontraron en la Tortuga, situada al noroeste. Una vez que se sintieron seguros, se dividieron el trabajo. Los que se quedaron en la costa occidental de la Española se dedicaron a la caza de cerdos y vacas para aprovisionarse de tasajo. La historia los conoce con el nombre de bucaneros, voz derivada de la indígena bucan, que designa el sitio donde se ahumaba la carne. Otros se aplicaron a asaltar navíos mercantes y se les denominó filibusteros o corsarios. El resto eligió el cultivo de la tierra y se conocieron como habitantes.

Mientras la Tortuga se convirtió en centro y asilo de la piratería, en la costa occidental de la Española fue aumentando el número de residentes franceses, que hicieron de ella una colonia. España envió tropas contra ellos en varias ocasiones, pero cada vez que los expulsaban volvían a ocupar el territorio. Hacia finales del siglo XVII, Saint Domingue llevaba una existencia ajena a la ley y el orden. Los tribunales de justicia y las instituciones civiles y religiosas brillaban por su ausencia. Deseando poner fin a esa anarquía, Luis XIV envió a la colonia a los señores Begon y Saint Laurent, pero estos encontraron muchas dificultades.

El régimen colonial francés en Saint Domingue quedó claramente definido en 1660. La metrópoli no solo se reservó el monopolio del comercio con esa posesión, sino también la venta de artículos destinados a ella. Ese sistema, llamado de la “exclusiva” o pacto colonial, instituido por Colbert, será la clave de la política colonial francesa en América. Gracias a él, Saint Domingue experimentará en poco tiempo un crecimiento extraordinario y vertiginoso. En vísperas de la Revolución Francesa, la colonia se basaba en una economía de plantación en la que trabajaban miles de esclavos negros. Los casi 800 ingenios azucareros y las 3,000 haciendas de café, tabaco, cacao, algodón, añil e índigo proporcionaban una inagotable fuente de riqueza tanto a sus propietarios como a la burguesía mercantil metropolitana. Saint Domingue proveía el cinco por ciento de la producción mundial de azúcar.

En lo atinente a su composición social, la colonia se dividía en cuatro clases bien diferenciadas entre sí. Ocupaban la cúspide de la pirámide los grands blancs, quienes eran los dueños de las mayores unidades productivas, comerciantes importadores y exportadores, gerentes, administradores civiles, altos funcionarios, jefes militares y representantes de las principales casas comerciales francesas. Seguían después los petits blancs, integrados por pequeños plantadores, propietarios de tiendas, empleados, dependientes, profesionales y artesanos. A continuación estaban los affranchis, mulatos libres en su casi totalidad, que habían acaparado una buena parte de la riqueza colonial, pero les estaba prohibido desempeñar cargos públicos y carecían de los derechos de los blancos. Finalmente, se hallaba la masa de los esclavos, privados de libertad. Esas cuatro clases sociales se mantenían en un estado de permanentes contradicciones entre ellas y con la política colonial francesa.

La convocatoria de los Estados Generales en Francia en 1789 y la subsiguiente revolución tuvieron sus consecuencias en Saint Domingue. Los grandes terratenientes quisieron apoderarse de la Administración, mientras las otras clases sociales se lanzaron a la lucha para conseguir sus derechos y determinados privilegios. La situación se agravó con la rebelión de los esclavos, ocurrida en agosto de 1791. Dos comisiones civiles fueron enviadas para sofocar el dramático estado de cosas sin lograrlo. Mientras tanto, en Francia, la Asamblea Legislativa se disolvió y, en su lugar, la Convención asumió el gobierno, aboliendo la monarquía y proclamando la República. La ejecución de Luis XVI el 21 de enero de 1793 provocó el estallido de la guerra entre Francia y las otras potencias europeas.

Los colonos realistas de Saint Domingue llamaron en su auxilio a Inglaterra, que invadió la colonia con ánimo de conquistarla. España, que también entró en la contienda, se ganó el apoyo de los jefes de los negros sublevados: Jean Francois, Biassou y Toussaint Louverture. Pero en mayo de 1794 Louverture se pasó al bando republicano y en poco tiempo se hizo amo y señor de la colonia francesa. En Europa, la suerte de las armas le fue adversa a España y en octubre de 1795 se vio obligada a firmar el Tratado de Basilea, que puso fin a la guerra y por el cual la parte oriental de Santo Domingo pasaba a Francia.

La prolongada demora en el traspaso de la colonia española y la persistencia del comercio de esclavos en ella a pesar de que el gobierno revolucionario francés había decretado la abolición de la esclavitud obligaron a Toussaint Louverture a invadir Santo Domingo en enero de 1801. Napoleón Bonaparte se dispuso a recuperar la colonia occidental y envió a la isla una formidable expedición mandada por su cuñado Leclerc, quien arribó a la bahía de Samaná en el mismo mes de 1802. Louverture regresó a Saint-Domingue para combatirlo. Leclerc ideó una encerrona y arrestó al líder negro, remitiéndolo a la metrópoli.

La política violenta de Leclerc motivó que los negros reanudaran la lucha comandados por Henri Christophe y Dessalines. Consumido por la fiebre amarilla, el cuñado de Napoleón murió en la noche del 1 al 2 de noviembre de 1802. Lo sustituyó el general Rochambeau. Las sucesivas victorias de los insurrectos culminaron en diciembre del año siguiente con la rendición de los franceses. El 1 de enero de 1804 se proclamó la fundación de la República de Haití.

Bibliografía

Dorsainvil, Jean Crisostome: Manual de historia de Haití, Santo Domingo, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1979.

Peña Batlle, Manuel Arturo: La isla de la Tortuga, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 195l.