Sexteto Habanero

Música, Cuba

Sexteto Habanero. Pionero y modelo de los grupos de son de Cuba. Una de las más populares organizaciones musicales del Caribe.

Los antecedentes del Sexteto Habanero fueron el cuarteto –alternativamente trío– Oriental, que formaron entre 1916 y 1918 en La Habana, Ricardo Martínez –ejecutante del tres y director– y Gerardo Martínez, voz prima y claves. A este núcleo inicial pertenecían también, Felipe Neri Cabrera y Guillermo Castillo.

En 1918 llegó a Cuba un representante de la compañía Víctor con un grupo de técnicos de sonido. Instalaron un estudio de grabaciones en una habitación del Hotel Inglaterra y contrataron a Carlos Godínez para que organizara un “grupo típico” para grabar sus interpretaciones. Los escogidos por Godínez fueron: Manuel Corona, guitarra y voz segunda; María Teresa Vera, voz prima y clave; Alfredo Boloña, bongó; un enigmático personaje del que solo se sabe que tenía el apodo de Sinsonte, voz tercera y maracas; y Godínez, tres y director. El “Sexteto habanero Godínez con acompañamiento típico” en aquella ocasión grabó seis números que parecen ser los primeros sones tocados por un formato de sexteto.

El Sexteto Habanero se fundó en 1919 (aunque otros investigadores fijan el año 1920), en la capital cubana con el personal siguiente: Ricardo Martínez, tres; Joaquín Velazco, bongó de tres tinas; Felipe Neri Cabrera, maracas y coro; Gerardo Martínez, voz prima y claves; Antonio Bacallao, botija; y Guillermo Castillo, guitarra, voz segunda y director. Meses más tarde Ricardo Martínez y Joaquín Velazco se fueron del sexteto, y entraron por ellos Carlos Godínez en el tres y Oscar Sotolongo en el bongó, que fue posteriormente sustituido por Agustín Gutiérrez.

Al comenzar a presentarse el sexteto en salones de la burguesía habanera, hacia 1923, Gerardo Martínez dejó las claves y aprendió a tocar el contrabajo. El 16 de abril de 1925 el sexteto hizo dos grabaciones: el son La camaronera y la conga política A pie, en apoyo al Partido Liberal.

Al ser contratados en centros exclusivos de la clase alta –como el Vedado Lawn Tennis Club– comenzaron a disiparse los prejuicios que habían pesado sobre el son hasta entonces, acentuados por grupos sociales que lo consideraban “cosa de negros” y “música de gentualla”.

Las academias de baile habaneras resultaron esenciales en la temprana difusión del son. Eran locales a los que asistían los jóvenes para bailar o para aprender a bailar. Además del salón y de una orquesta o grupo musical, empleaban un número determinado de instructoras. Los clientes compraban una papeleta con derecho a bailar una pieza con ellas. A mediados de la década de 1920 el son había desplazado en la preferencia del público de esos salones a los géneros musicales que usualmente se bailaban danzón, fox trots o pasodobles.

Otros escenarios que poseía el son para expandir su popularidad, además de las fiestas particulares, eran los jardines que rodeaban a las grandes fábricas de bebidas, como las cervecerías La Tropical, La Polar y la Maltina Tívoli. Algunos de los sones tenían letras de relativamente velado doble sentido sexual, que escandalizaba a cierta parte del público (uno de los montunos más populares decía: “María yo te vi bailando, bailado con la puerta abierta…”, que seguía tras el bolero "Aquella boca", de Eusebio Delfín). Por otra parte, la coreografía del son –especialmente la que se usaba en las academias–, con movimientos de caderas y el contacto físico directo, resultaba inaceptable en lugares “respetables”.

El Sexteto Habanero propició un nuevo camino y se entronizó la costumbre de que los soneros actuaran ante el público de cuello, corbata y chaleco.

El 29 de octubre de 1925 con Abelardo Barroso (voz prima y claves) el Habanero hizo su primer registro eléctrico: "Maldita timidez", de Carlos Valdés Brito. El 2 de noviembre grabó, en versión sonera, "Adiós mi chaparrita", canción del mexicano Tata Nacho por entonces muy famosa en Cuba y el son, de autor desconocido, "No me desprecies mujer" que, al final, lleva un montuno que dice:

"Hélo aquí Sexteto Habanero,

Hélo aquí, melodioso aquí está".

En la misma sesión el Habanero  grabó "A la loma de Belén", atribuido a Juana González de Cabrera, que constituyó el primer gran éxito grabado por el grupo.

En 1926 viajaron a Nueva York y realizaron nuevas grabaciones para la Victor. La voz prima y claves estuvieron a cargo de Rafael, El piche Hernández. Por aquella fecha Barroso aparecía con el Sexteto Boloña, también en Estados Unidos, para otra marca disquera. El 2 de septiembre el Habanero grabó el son "Cabo de la guardia siento un tiro", que contenía en su primera parte el bolero "Aurora", de Manuel Corona, y también, en aire de son, una canción de Ernesto Lecuona, "Se fue", que interpretaban a menudo cantantes líricos, y a la que en esta ocasión se le adicionaba un montuno sonero.

La práctica de unir canciones sentimentales con un montuno sonero fue divisa del Habanero durante su etapa considerada “de oro”. En el mismo año 26, por ejemplo, grabaron el bolero "Y tú qué has hecho", de Eusebio Delfín con el estribillo “mamá, dile al florero que yo no quiero comprarle flores más”, y otra composición de Lecuona: "Andar, andar".

De esos momentos data la primera grabación de "Tres lindas cubanas", número premiado en el Primer Concurso Nacional de Son de 1925. En una de las “inspiraciones” decía el solista Rafael  el piche Hernández:

"Carlos, Guillermo y Gerardo;

Rafael, Neri, Agustín,

cantando no tienen fin

en este sexteto bardo".

La composición de Guillermo Castillo alcanzó una popularidad sin precedente al distribuirse el disco al siguiente año. El maestro Antonio María Romeu, basado en esta pieza, compuso un danzón igualmente exitoso, el primero con un solo de piano.

"Caballeros, silencio hasta Belén" y "Galán, galán" –ambos de Castillo­– y "Un meneíto suave", "Yo no tumbo caña", de autor desconocido, fueron grandes triunfos del Habanero en esos años.

En 1927 Barroso regresó fugazmente a la formación para hacer nuevas grabaciones, esta vez en La Habana. En este año se incluyó por primera vez una trompeta en un sexteto de sones: la tocaba Enrique Hernández. El 21 de marzo apareció la trompeta de Hernández en "La chambelona", conga de Rolando Leyva. Este trompetista permaneció en el grupo hasta enero de 1928, año en que ingresó Félix Chappottín. Por Barroso entró en el grupo el cantante José Cheo Jiménez.

Entre las grabaciones que realizó el Habanero en esta etapa resultan de especial interés los sones: "Como está Miguel" (de Neri Cabrera, grabado por el Sexteto Nacional con el título "Bururún Bararán", luego conocido como "Bururú Barará"); "Rosa qué linda eres", "Elena la cumbanchera" y "El florero", de Gerardo Martínez; "Eres mi lira armoniosa" y "Errante por el mundo voy", de Guillermo Castillo, que fue de los primeros sones grabados por el Habanero que incluyó parte de su letra en dialecto africano. En octubre de 1927, el Habanero grabó "Nieve de mi vida", de Felipe Neri Cabrera, que concluye en un canto de alabanza a la deidad afrocubana Yemayá.

De Ignacio Piñeiro, quien fundó su Sexteto Nacional en 1926, el Habanero grabó los sones "Esas no son cubanas" y "Las cuatro palomas"; y de los compositores de canciones y boleros Eusebio Delfín y Oscar Hernández, "El pobre Adán" y "La rosa roja". Sin autor constaba en el catálogo de la compañía discográfica el sabroso son "Divina Silvia" en un disco de 1927, que cincuenta años más tarde tocaría una popular orquesta de baile, el grupo Karachi, de Santiago de Cuba.

Entre 1928 y 1931 –año en que concluyó la obra discográfica más importante del núcleo fundamental del grupo, y con ella su etapa de brillantez– el Habanero, ya convertido en septeto con la participación estable de la trompeta, grabó más de cincuenta números, en su mayoría sones, aunque también incluyó rumbas; boleros-sones; tangos congos, como "Mamá Inés", de Eliseo Grenet; y sones guajiros, como el famoso "Tribilín cantores", de Godínez y "Alma guajira", de Piñeiro.

Entre los números singulares de ese repertorio figura "Criolla carabalí", de Neri Cabrera con letra en “ñáñigo”, dialecto utilizado por los miembros de la secta abacuá. La música de esta pieza también reproduce sonoridades musicales propias de los ritos de esta sociedad secreta.

En 1931 entraron al grupo José Interián, que asumió el rol de trompetista, hasta entonces desempeñado por Félix Chappottín; el bongosero Andrés Sotolongo, por Agustín Gutiérrez; y el cantante Miguelito García, por Cheo Jiménez.

Los integrantes principales del Sexteto Habanero fueron: 

Felipe Neri Cabrera Urrutia: (1876-1936). Nació en Marianao, era tabaquero como su padre, se vinculó como maraquero a varios grupos. Entró en el Cuarteto Oriental y después en el Sexteto Habanero.  Estaba casado con Juana González, que al parecer compuso varios sones importantes (En Guantánamo, entre ellos).

Carlos Godínez Facenda: (1882-1953). Nació en Casa Blanca, pero al organizarse el Ejército Permanente, en 1909, se alistó y fue enviado a Santiago de Cuba hasta licenciarse en 1913. De regreso en La Habana, se unió al grupo Los Apaches de Carlos Valdés (donde ya estaba Felipe Neri Cabrera) y allí aprendió a tocar el tres. En 1918 sustituyó como tresero a Ricardo Martínez en el Cuarteto Oriental, y fue uno de los fundadores del Sexteto en 1920. En 1935, al escasear el trabajo para el grupo, se enlistó nuevamente en el ejército.

Guillermo Castillo García: (188_-1951) Nació en La Habana y era pintor de oficio. Tocaba  botija y cantaba en el grupo Los Apaches, y como los antes mencionados, pasó al Cuarteto Oriental, y de ahí al Habanero hasta que se separó del grupo en 1934.

Gerardo Martínez Rivero: (1900-1958) Habanero de nacimiento, aprendió el oficio de albañil de su padre y siguió la misma ruta: Apaches, Cuarteto Oriental, Habanero. Al parecer, fue el autor de la idea de formar el sexteto, que dirigió hasta 1933. En 1935 Martínez organizó otro grupo, el Conjunto Típico Habanero. El Típico hizo un solo disco para la Víctor en 1937 y cesó en 1940, aunque se presentaba con intermitencia en escenarios informales. El Típico Habanero resurgió en 1952, y llegó a grabar años después un disco para la firma Panart con dos trompetas y Manolo Furé como voz principal. A inicios de la década de 1970 apareció un LD producido por Luis Carbonell con grabaciones del “Típico”, otra vez con una sola trompeta. Con ese formato ha continuado hasta hoy el Septeto Habanero –dirigido muchos años por Furé, luego por Pedro Ibáñez–, ahora con nuevos integrantes que combinan el repertorio de los años “clásicos” con composiciones recientes, escritas especialmente, en su mayoría, para el estilo de la agrupación.

 

Bibliografía

Blanco, Jesús: 80 años del son y soneros en el Caribe, Editorial Tropykos, Caracas, 1992.

Moore, Robin: Música y mestizaje. Revolución artística y cambio social en La Habana. 1920-1940, Editorial Colibrí, Madrid, 1994.