Teatro bufo cubano

Música, Teatro, Cuba

Teatro bufo cubano. Importante género del teatro popular cubano de finales del siglo XIX.

El calificativo de bufo apareció en el universo operático francés e italiano del siglo XVIII para nombrar piezas de carácter humorístico. Por lo general tenían partes habladas, aunque también sus textos podían estar puestos en música en su totalidad. Durante la primera mitad del siglo XIX en París se les llamaba les bouffes a los teatros donde se presentaban obras de este corte y también a sus intérpretes.

Bouffes Parisiens llamó el compositor francés Jacques Offenbach (1819-1880) al teatro que inauguró para representar sus propias obras. En 1864 el español Francisco Arderíus abrió en Madrid el Teatro de Los Bufos para montar espectáculos similares, siguiendo el canon de Offenbach.

El modelo de aquel teatro bufo era el de una obra breve, de argumento descabellado e impredecible, con cierto tinte de exotismo, que empleaba música agradable y ligera, y se burlaba de los grandes temas, tales como los mitos históricos, la realeza, la política, etcétera. Sus espectáculos obtuvieron gran aceptación popular y, aunque el género tuvo muchos detractores entre quienes estaban a favor de respetar las pautas de la zarzuela tradicional, también encontró ilustres defensores, como el escritor español Benito Pérez Galdós, unos de los más reputados intelectuales de la época.

En Cuba, la primera representación de un espectáculo de esta índole tuvo lugar el 31 de mayo de 1868 con el debut de los Bufos Habaneros en el Teatro de Villanueva, quienes estrenaron, entre otras obras, el “juguete de costumbres y tipos del país” Los negros catedráticos, de Francisco Fernández, con el cual se inició el estilo “catedrático”. Bien pronto surgieron siete conjuntos más del mismo tipo, en un ámbito escénico dominado hasta ese instante por la ópera italiana, la zarzuela y el drama español y por el contexto de una sociedad colonial que vivía bajo el férreo control de una metrópoli totalmente ajena a sus intereses y necesidades propias de desarrollo. En muy corto tiempo se impusieron en el gusto de las audiencias.

Lo interesante es que ya el primer texto dramático cubano conocido, El príncipe jardinero y Fingido Cloridano (1730-1733), de Santiago Pita, muestra un registro similar en el comportamiento de los personajes de condición humilde. El mismo espíritu alienta en la obra de Francisco Covarrubias, Bartolomé Crespo Borbón y buena parte de las obras que se ubican en la línea de lo popular durante la primera mitad del XIX, evidentes antecedentes del teatro bufo cubano.

Por lo tanto, el bufo cubano es una expresión teatral que surge tras un extenso período de gestación histórica en el cual confluyeron los elementos que en los planos filosófico, político y cultural dieron cuenta de la conciencia de la nacionalidad junto a aquellos que conformarían su particular forma artística: determinadas células rítmicas, formas de baile, géneros dramáticos y modos de representación escénica.

Se trata de un teatro que, inscrito en la vertiente costumbrista de la cultura cubana, inundó la escena de ambientes, tipos, bailes y ritmos populares a través de piezas breves que no excedían los dos actos y cuyos argumentos se relacionaban con temas inmediatos, ajenas a toda pretensión de trascendencia. Estas obras asumieron múltiples formas genéricas con evidente desenfado a partir de las modalidades del sainete, la parodia y el apropósito, entre otras.

El bufo era un teatro satírico y paródico que atendió a la escena antes que al texto literario y solo puede valorarse a cabalidad desde aquella, ya que en buena medida su eficacia descansa en la gracia y picardía de sus intérpretes y en la relación cómplice que estos conseguían con los públicos. Constituyó una expresión contrahegemónica en tanto colocó en escena a los personajes y ambientes marginados en su contexto histórico social, al tiempo que verificaba un ejercicio crítico sobre su sociedad. Contribuyó a la construcción de la imagen propia al reafirmar, desde el espacio público de las tablas, toda una peculiar manera de sentir y manifestarse. Se mantuvo en los escenarios durante el último tercio del siglo XIX, aunque hubo de transcurrir en dos etapas: 1868-1869 y 1878-1900, determinadas por el clima político del momento.

Durante la primera, los programas de las funciones incluían los ritmos y números musicales de moda en la línea de la creación popular, lo cual contribuyó decisivamente a la difusión de aquellos, pero también comenzó desde entonces a hacerse música para este teatro, sobre todo guarachas, algunas de las cuales se independizaron más tarde por la preferencia del público.

Cuatro líneas de trabajo pueden destacarse en los repertorios del momento: la catedrática, la campesina, el sainete de costumbres y la parodia. La concurrencia de la música y el baile, del humor en la particular forma del choteo cubano, la preponderancia del intérprete y su especial relación con el público fueron los elementos que caracterizaron a esta expresión teatral.

El primer período se cerró bruscamente con la masacre que perpetraron los voluntarios españoles el 22 de enero de 1869 en el Teatro de Villanueva durante una representación bufa, expresión del ambiente insurreccional que existía en la capital a tres meses de haberse iniciado en el Oriente del país la primera de las contiendas por la independencia, la Guerra de los Diez Años.

Tras el suceso se suspendieron las garantías constitucionales, se canceló la libertad de prensa y los bufos debieron marchar con urgencia al exilio.

Al término de la guerra, en 1878, los artistas regresaron y el 21 de agosto de 1879 debutaron los Bufos de Salas, compañía conducida por el actor y autor Miguel Salas y una de las favoritas de la nueva etapa. Durante estas dos décadas el género asumió nuevas estructuras y formas, acorde con el horizonte estético del momento, y se hizo sumamente difícil el trazado de sus lindes.

Entre sus características se cuentan la mayor participación de la música en los espectáculos, la cual alcanzó ahora una mayor elaboración; la complejidad de la estructura dramática, con obras en dos actos y numerosos cuadros y la inclusión de la revista de actualidad política; el desarrollo coreográfico y de la escenografía.

Entre las numerosas figuras relevantes de este teatro pueden citarse a Francisco (Pancho) Fernández, actor, empresario y autor, creador de la vertiente catedrática de intensa impronta en la escena posterior; Manuel Mellado, Luis Cruz, Andrés García, Benjamín Valdés, Jacinto Valdés, Elvira Meirelles, Enrique Guerrero, Miguel Salas, Ignacio Sarachaga, Joaquín Robreño, Raimundo Cabrera, Manuel Mauri, entre otros.

A los bufos se les acusó en reiteradas ocasiones de inmorales y vulgares, de improvisados y superficiales, finalmente, de estar pasados de moda, pero aún en 1890 convocaban a los públicos y llenaban los teatros.

El teatro bufo cubano es una de las matrices más significativas entre las que sustentan el proceso de construcción de la nacionalidad en y desde la escena cubana.

 

Bibliografía

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