Teatro Martí

Historia, Teatro, Cuba

Teatro Martí  Importante teatro cubano, escenario del sucesos históricos y sede del treatro bufo, así como de compañias de zarzuelas y operetas. Recientemente restaurado y reinagurado.

El 8 de junio de 1884, el vasco Ricardo Irijoa inauguró una nueva instalación teatral en las calles Dragones y Zulueta, en La Habana, que llevó su apellido hasta enero de 1895, cuando pasó a llamarse Círculo Edén de Pubillones. Allí se presentaron el circo de Santiago Pubillones y algunas compañías de bufos. El diseño de su sala de butacas permitió desarrollar al mismo tiempo bailes públicos. También se estrenaron títulos significativos para la historia del teatro cubano: La mulata María, una de las primeras obras de Federico Villoch (calificado luego como el Lope de Vega cubano, por su ingente creación), con música de Raimundo Valenzuela, y Mefistófeles, de Ignacio Sarachaga, con partitura de Rafael Palau.

En 1899, el empresario Enrique Pastoriza compró el teatro a los herederos de Irijoa y le llamó “Edén Garden”, a tono con la presencia norteamericana en la Isla. En 1901 sirvió de sede a la Asamblea Constituyente encargada de redactar la primera Carta Magna para la República de Cuba, que se pondría en vigor el 20 de mayo de 1902. Tomó entonces el nombre de Teatro Martí, en homenaje al patriota cubano José Martí, figura principal de la última guerra por la independencia de Cuba.

En las primeras décadas del siglo xx su escenario acogió compañías de bufos cubanos y poco después zarzuelas españolas y operetas. En 1919, Ernesto Lecuona presentó en él sus primeras obras.

A mediados de los años veinte se produjo un movimiento reanimador de la zarzuela española. Al mismo tiempo, en otras instalaciones se organizaron conciertos de música lírica cubana que despertaron vivo entusiasmo en el público.  

Entre finales de la década e inicios de la siguiente aparecieron también varias agrupaciones de teatro cuya labor alcanzó alguna relevancia. En ese panorama la empresa Suárez-Rodríguez (del comerciante Manuel Suárez Pastoriza y el teatrista Agustín Rodríguez) llevó a cabo en el Teatro Martí, entre el 7 de agosto de 1931 y el 2 de noviembre de 1936, una experiencia de particular repercusión, que contó con la participación de los maestros, directores y concertadores Gonzalo Roig y Rodrigo Prats; se afirma que su desarrollo estuvo marcado por el declive del Teatro Alhambra, de donde ya emigraban algunos artistas de primera línea. Además, el Alcalde de La Habana acababa de imponer al maestro Roig, en marzo de ese año, la cesantía en su función de director de la Banda Municipal de Música de La Habana.  Ante esas circunstancias, Roig y Rodríguez, a quienes unía una amistad forjada en los avatares de la creación artística, decidieron crear una nueva compañía teatral, la Compañía Cubana de Zarzuelas, cuyo elenco integraron figuras de la talla de Consuelo Novoa, Arnaldo Sevilla, Miguel de Grandy, Alberto Garrido, Candita Quintana, Leopoldo Fernández y el bailarín y coreógrafo Eduardo Muñoz, El Sevillanito.  Más adelante se incorporaron a ella  Luz Gil, Rita Montaner y Regino López, entre otros.

Como escenógrafos figuraban Nono Noriega y Manolo Roig, mientras entre los autores dramáticos se destacaron Gustavo Sánchez Galarraga, Aurelio G. Riancho y José Sánchez Arcilla. En el plano de la creación musical, a las obras de sus dos directores, Gonzalo Roig y Rodrigo Prats, se sumaron las de Ernesto Lecuona, Eliseo Grenet, Moisés Simons y Jorge Anckermann.

Inicialmente, la empresa mantuvo en el elenco una estructura semejante a las del Teatro Alhambra y el resto de las troupes vernaculares: actores, tiples y vicetiples. En los primeros momentos también su repertorio siguió el estilo del Alhambra (sainetes, sainetes-revistas, sainetes cómico-líricos), pero en su variante "blanqueada", para ser disfrutado por toda clase de público. Paulatinamente, nuevas voces llegaban a las filas del conjunto, que se fue nutriendo con algunos tenores.

En 1932 tuvo lugar en su escenario un suceso teatral de incalculable trascendencia: el estreno de la zarzuela Cecilia Valdés (Gonzalo Roig/ Agustín Rodríguez y José Sánchez Arcilla), a la que habían antecedido  Soledad (Rodrigo Prats/ Miguel A. Macau);  Rosa la China (Ernesto Lecuona/Gustavo Sánchez Galarraga) y Amalia Batista (R. Prats/ A. Rodríguez).

La compañía estrenó un grupo de zarzuelas que constituyen la zona más valiosa del patrimonio escénico lírico cubano, entretanto presentaba de nuevo ante el público obras de Anckermann, Grenet y lo más alto hasta entonces de la creación de Ernesto Lecuona.

Reestrenó títulos significativos de otras compañías vernáculas: Napoleón (J. Anckermann/ Federico y Gustavo Robreño); María La O (Lecuona/ Sánchez Galarraga) y Niña Rita (Lecuona y Grenet/ Riancho y Castells).

El repertorio también contó con títulos relacionados directamente con la contemporaneidad; así, a la firma de Prats y Robreño se debió un significativo número de piezas de aguda sátira social y política.

Desde el punto de vista interpretativo, en su elenco alcanzaron el esplendor futuros paradigmas de la escena cubana: Alberto Garrido (un actor de extrema versatilidad, que estrenó todos los papeles de "negrito" del repertorio); Federico Piñero, Lolita Berrio –que desplegó también su talento como coreógrafa- y Candita Quintana, encargada de los papeles de "mulata", tipo al que, de acuerdo con los críticos y estudiosos del género, la actriz aportó nuevos matices.

Luego de una intensa disputa iniciada en 1935, las últimas funciones de la compañía tuvieron lugar entre el 30 de octubre y el 2 de noviembre de 1936. El Ministerio de Educación cedió entonces el teatro a la empresa circense Santos y Artigas. Desde el 7 de agosto de 1931 hasta la última fecha se habían realizado tres mil seiscientas veintidós funciones de trescientos setenta y nueve títulos, donde asomaban los géneros más diversos: revistas, apropósitos, comedias, sainetes, zarzuelas, juguetes, operetas, farsas, parodias, diálogos, monólogos y entremeses.

Posteriormente se continuó presentando teatro cubano en la instalación. Diversas compañías encabezadas por figuras de renombre, como Carlos Pous, José Sanabria, Alberto Garrido, Enrique Arredondo y Carlos Robreño desfilaron por ella. Volvieron los libretos de Agustín Rodríguez y Carlos Robreño, la música de Rodrigo Prats y las brillantes actuaciones de Rita Montaner, Candita Quintana y Alicia Rico, entre otros reconocidos intérpretes.

Tras el triunfo de la Revolución, el 1ro de enero de 1959, la compañía de Carlos Pous y José Sanabria realizó una intensa temporada que culminó en 1965. En ese entonces, el Consejo Nacional de Cultura (CNC), organismo estatal encargado de la gestión cultural, definió el perfil de la institución como entidad destinada a la presentación y el desarrollo del teatro cubano. Con tales propósitos propició la creación del Grupo Teatral Jorge Anckermann, cuyo repertorio asumiría desde el sainete lírico hasta la revista musical de actualidad, así como las obras más significativas del teatro bufo cubano del siglo XIX y del Teatro Alhambra. Mediante la actualización de las mejores tradiciones de la escena popular, el nuevo colectivo realizó espectáculos que constituyeron significativos éxitos de público.

En 1972 el grupo Jorge Anckermann quedó disuelto. En 1974 el teatro se vio obligado a cerrar por varios meses por una situación de riesgo en sus instalaciones eléctricas. A partir de ese momento tendría una vida irregular hasta su cierre definitivo, por severos problemas del inmueble. Tras varios intentos de reparación, se puso finalmente en práctica un proyecto para su reconstrucción total, se rescató la carpintería francesa mediante fotos históricas, y se erigió una doble en la fachada para evitar que interfieran los ruidos externos, respetándose al máximo el diseño original se hicieron nuevos los entrepisos y las escaleras de madera, las columnas de hierro fundido con capiteles y los elementos ornamentales ubicados en la sala, se ampliaron los camerinos, la cafetería y las áreas exteriores, introduciéndose solo los cambios imprescindibles y la climatización de la instalación.

El emblemático teatro reabrió sus puertas  -tras 40 años-, el 24 de febrero del 2014. Bajo el título de Volver al Martí, los espectadores escucharon de nuevo, en la legendaria sala del llamado teatro de las cien puertas, fragmentos de las zarzuelas “Cecilia Valdés”,”María la O”, “Amalia Batista”, “Damisela encantadora”, de Ernesto Lecuona, y disfrutaron de una estampa costumbrista. En la función inaugural de esta nueva etapa estuvieron presentes las más altas autoridades políticas  del país y distinguidas personalidades de la cultura cubana.

Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana y artífice del rescate de esta joya arquitectónica, calificó la apertura como un tributo pequeño y modesto a la obra de la nación cubana.

El Teatro Martí es una institución inscrita en el alma nacional, porque durante la mayor parte de su existencia, que ya rebasa los cien años, ha sido escenario privilegiado del teatro popular cubano.

 

Bibliografía.

Río Prado, Enrique: La Venus de bronce. Hacia una historia de la zarzuela cubana. Society of Spanish and Spanish-American Studies, University of Colorado, Colorado, 2002.