Ulises Heureaux

Política, República Dominicana

Ulises Hilarión Heureaux Lebert (Lilís, 1845-1899). General restaurador hijo de padre haitiano, lugarteniente de Gregorio Luperón y presidente de la República Dominicana en varias ocasiones, durante las cuales se convirtió en dictador.

Ulises Heureaux, mejor conocido por el sobrenombre de Lilís, nació en Puerto Plata el 21 de octubre de 1845. Su padre, un haitiano capitán de navío de la marina mercante francesa, se negó a criarlo. Carente su madre, Josefa Lebert, emigrada de una de las Antillas Menores, de recursos para mantenerlo, pasó su primera infancia prácticamente en la calle, hasta que un hombre caritativo y sin hijos lo tomó a su cargo para ofrecerle los rudimentos de la educación escolar. Gracias al desvelo de su protectora, Roselia Jean Louise, mademoiselle Rose, pudo vestir con cierta pulcritud.

Adolescente aún, entró a trabajar en el establecimiento comercial de Francois Dambroise. En él laboraba cuando a finales de agosto de 1863, año y medio después de haberse consumado la anexión de la República a España, Gregorio de Lora asaltó los cuarteles españoles de Puerto Plata, ciudad que fue virtualmente sitiada por los patriotas dominicanos. Entusiasmado con la guerra, Lilís acudía de noche a los cantones donde acampaban los rebeldes a llevarles pólvora y plomo. En cierta ocasión tomó las armas y salió herido en una refriega. A partir de entonces continuó peleando hasta la conclusión de la guerra.

Su audacia y valor le ganaron el grado de coronel. Actuó al lado de Gregorio Luperón contra Buenaventura Báez, acompañándolo en el vapor El Telégrafo, y llegó a ser su lugarteniente. Una bala le inutilizó el brazo derecho. En premio a sus largos servicios militares, fue ascendido a General de Brigada. En 1874, durante el gobierno de Ignacio María González, abandonó las armas, dedicándose al comercio, pero las maneras autocráticas del mandatario lo alejaron del Partido Nacional Liberal al que pertenecían Luperón y Heureaux. Ese distanciamiento se agravó cuando el primero le reclamó a González que reconociera como deuda nacional la que había contraído en su lucha contra Báez.

Al iniciarse la revolución contra Ulises Francisco Espaillat, Heureaux, que era Comandante de Armas de Puerto Plata, se opuso a ella, concentrando sus fuerzas en esa ciudad, que defendió cuando ya Espaillat había renunciado. Lilís volvió entonces a ejercer el comercio, pero muy pronto empuñó de nuevo las armas para contribuir al derrocamiento de Báez, en 1878 y, al año siguiente al de Cesáreo Guillermo, en compañía de Luperón. Entonces, Luperón encabezó un Gobierno Provisional, designando a Heureaux ministro de Guerra y Marina. Durante su ministerio este ayudó y protegió al independentista cubano Antonio Maceo.

En el Gobierno de Fernando Arturo de Meriño, Heureaux pasó a desempeñar la cartera de Interior. Exiliado en Puerto Rico, Guillermo preparó una invasión a la República y desembarcó en las costas de Higüey. Heureaux se dirigió hacia allí y lo derrotó en la loma del Cibao. Ese triunfo le dio un fuerte ascendiente militar sobre todos los demás generales del partido liberal o azul, lo que aprovechó para su propio medro personal. Así, cuando terminó el mandato de Meriño, su protector Luperón no vaciló en solicitar a los miembros de su agrupación política que lo nominaran como candidato a la Presidencia, en las elecciones de 1882, en las que salió vencedor.

El Gobierno de Lilís fue una continuación de los de Luperón y Meriño, pero lo colocó en una posición de poder tal que, movido por los baecistas, se dispuso a ser él quien señalara al próximo presidente de la República. De ahí que cuando Luperón quiso imponer la candidatura de Pedro Francisco Bonó, la cual este rechazó, Heureaux se apresuró a expresar su apoyo a la de Francisco Gregorio Billini como presidente y Alejandro Woss y Gil como vicepresidente. A ella se le opuso otra encabezada por el general Segundo Imbert y Casimiro de Moya, quienes ganaron los comicios, pero Lilís introdujo en las urnas 15,000 votos y el Congreso, sumiso, proclamó vencedores a los primeros.

Deseando detener la creciente hegemonía de Heureaux, el ala más liberal de los azules empezó a atacar al Gobierno de Billini, quien finalmente tuvo que entregar el poder a Woss y Gil el 16 de mayo de 1885, con lo que el control político quedó en manos de Lilís, ya que Woss y Gil obedecía a sus dictados. Las tendencias absolutistas de Heureaux alarmaron al ala liberal, que se alineó con Casimiro de Moya con miras a las próximas elecciones presidenciales. Llegada la fecha, Moya presentó su candidatura y lo mismo hizo Lilís. La gran mayoría del país estaba a favor del primero, pero de nuevo Heureaux recurrió al fraude. Los moyistas iniciaron entonces una revolución en 1886 y, como las armas favorecieron en un principio a los insurrectos, Heureaux sobornó a los principales hombres del levantamiento y, al final, Monción y Moya tuvieron que abandonar el país.

Tan pronto como Lilís asumió el poder por segunda vez, instó a sus partidarios a pedir que el Congreso se convirtiera en Convención Nacional a fin de modificar la Constitución para extender a cuatro años el período presidencial de dos y lograr que las elecciones se celebraran de acuerdo con la vieja forma indirecta de los colegios electorales, en vez de la del sufragio universal y el voto libre y directo. El Congreso no solo lo complació, sino que además le otorgó el título de Pacificador de la Patria. Dueño absoluto de la situación, Heureaux llenó las cárceles de presos políticos, amordazó a la prensa y controló el Congreso. Ante todos esos hechos, los liberales azules solicitaron a Luperón, fuera de la República, que regresara para evitar que Lilís se reeligiera en los comicios de octubre de 1888. Luperón accedió y Heureaux le escribió para ofrecerle apoyo a su candidatura.

Pronto, Luperón descubrió que Lilís solo esperaba la aprobación de un préstamo de 770,000 libras esterlinas, que Eugenio de Marchena, un agente financiero, gestionaba en Europa, para lanzar por tercera vez su propia candidatura. Como el préstamo fue aprobado por la casa holandesa Westendorp y Compañía, Luperón se retiró de la contienda cívica. Afianzado en el poder, Heureaux reinició las persecuciones, encarcelamientos y asesinatos, por lo que los exiliados políticos se reunieron en Haití bajo el liderazgo de Moya para sacarlo de la presidencia. El plan contaba con la colaboración del presidente Hippolyte, molesto por la ayuda que su homólogo dominicano prestaba a los contrarios a su gobierno. Pero Lilís firmó un pacto con él y la proyectada invasión abortó.

Necesitado de una mayor seguridad, Heureaux ofreció al Gobierno de Estados Unidos el arrendamiento de la bahía y península de Samaná a cambio de dinero y protección militar, pero la impopularidad de esa decisión fue tan grande que se vio obligado a dejarla sin efecto. Dado que las dificultades económicas del Gobierno aumentaban, recurrió a otro empréstito de 900,000 libras con la misma firma, pero esta no pudo facilitárselo y, para evitar la quiebra, vendió sus intereses en la República a un grupo de capitalistas norteamericanos, quienes fundaron la San Domingo Improvement Company. Cuando se convocó a nuevas elecciones a finales de 1892, Lilís expresó que no pensaba repostularse por encontrarse muy cansado, pero en realidad lo que deseaba era saber quiénes serían los aspirantes a la presidencia.

Eugenio de Marchena, funcionario del Banco Nacional de Santo Domingo, presentó su candidatura y lo mismo hizo Lilís, derrotándolo abrumadoramente gracias a su acostumbrado método. En venganza por el fraude, Marchena le cerró el crédito que tenía en el banco, y Lilís lo apresó y ordenó su fusilamiento en diciembre de 1893. Ignacio María González, ministro de Asuntos Exteriores, que estaba en la conspiración de Marchena, se asustó y huyó a Puerto Rico, de donde pasó a Haití a juntarse con Luperón y Moya para preparar otra expedición contra Heureaux. En esta ocasión Hippolyte los apoyó con armas y municiones, pero Lilís le hizo saber que favorecería a sus enemigos si no detenía la invasión y el presidente haitiano obligó a los expedicionarios a salir de su país en el plazo de 72 horas.

En 1897, el Gobierno de Lilís se hallaba en total bancarrota e incapacitado de poder cubrir las acreencias de nacionales y extranjeros, por lo que tuvo que conseguir un nuevo préstamo de 600,000 dólares en Europa, que destinó a pagar las deudas que había contraído con comerciantes e industriales de las ciudades de Santo Domingo y San Pedro de Macorís, dejando a los cibaeños sin recibir nada. El disgusto por esa discriminación se sintió rápidamente, concretándose en la invasión marítima que desde Montecristi lanzó el negociante Juan Isidro Jimenes. La invasión fracasó y Jimenes se exilió en París, donde entró en contacto con un grupo de jóvenes dominicanos que se disponía a regresar a su país. Ya en él, uno de ellos, llamado Jacobito de Lara, se unió al comerciante y agricultor Horacio Vásquez, quien con su primo Ramón Cáceres urdía el derrocamiento de Heureaux.

El 26 de julio de 1899, Lilís, que se encontraba en Moca, fue asesinado en una de las calles de esa ciudad. Fue uno de los políticos dominicanos más singulares. Dotado de una gran sagacidad política, unió a su falta de escrúpulos un talento natural que lo convirtió en la figura más controversial de su época. De la misma manera que no vacilaba en matar a sus enemigos, así también era generoso con ellos en ocasiones. Surgido de las entrañas del pueblo llano, su lenguaje pintoresco, no exento de cierta gracia y picardía, así como muchas de sus actividades, originaron un curioso anecdotario que fue recogido en varios libros.

 

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